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Opinión

Quitarle poder a la milicia

Por Noé Zavaleta

Faltan pocos días para elegir a la presidenta de la República. Sí de aquí al dos de junio no hay ninguna sorpresa, será Claudia Sheinbaum la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas; si la hubiera, entonces sería Xóchitl Gálvez. Cualquiera que sea de las dos, quienes tomen las riendas del país para el periodo 2024-2030, espero que tengan claro, que por el bien de la nación, por la sanidad de sus gobiernos, por el futuro democrático de las instituciones y de una fortaleza de las finanzas públicas, que es menester, urgencia y política prioritaria, restarle poder- gradualmente o de tajo- al Ejercito Mexicano.

Hoy, quienes tienen las riendas de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) hace obra pública con contratos sin licitar, pocos transparentes, con inflada de precios sobre costos originales; los militares también administran aeropuertos -los más pequeños del país ya están bajo su control-, concesionan la revivida y poco rentable Mexicana de Aviación.

Pero aún hay más, el Ejército Mexicano además de encabezar la lucha contra el crimen organizado, también tuvo tiempo de construir y supervisar los trabajos del Tren Maya -siendo permisivos con la asignación de contratos a Amilcar Olan, uno de los mejores amigos de los hijos del Presidente-, pero además, también están cargo del Proyecto Jaguar, que de concretarse, llevará a cabo la administración de los hoteles y centros ecoturísticos, edificados en los alrededores del Tren Maya.

Y por sí eso pareciera poco, también tuvieron injerencia en las obras de remodelación del proyecto transístmico y de otras obras menores en los distintos estados del país.   

A la SEDENA y a sus máximos mandos únicamente les faltó en este sexenio lópezobradorista que está por fenecer concursar por un cargo de elección popular.

Cómo consuelo, en la mayoría de las Secretarías de Seguridad Pública de los estados y en cientos de municipios de los más violentos, más boyantes económicamente hablando o en los más turísticos, los máximos comandantes y directrices de las Policías Estatales o Municipales, son militares retirados del Ejército Mexicanos, que jubilados, volvieron al servicio público, gracias al poder político que en este sexenio tiene la milicia.

Por ello, quien gane la Presidencia de la República el año entrante, quien tome protesta ante la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el próximo primero de agosto del 2024, tendrá como tarea prioritaria e indispensable, quitarle facultades, atribuciones, responsabilidad y sobre todo poder político a los máximos directivos de las Fuerzas Castrenses de México.

De no ocurrir este desapego hacía la SEDENA, la próxima Presidenta de México, corre el riesgo de cargar durante el próximo sexenio un poder alterno como sombra, en donde todas y cada una de las decisiones vitales del país tendrán que decidirse en Palacio Nacional, no sin antes consultarse primero en la máxima oficina de Campo Marte.

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