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La maroma del Junior
COLUMNA: EL OBSERVA… TODO
- Una coartada de película para cubrir el escándalo en el antro
Por Pedro García
Vaya espectáculo de cinismo y control de daños nos acaba de recetar Joaquín Díaz Méndez, el «Junior» el hijo del gobernador Joaquín «Huacho» Díaz Mena. Tras los señalamientos que lo colocan como el protagonista de una bronca en una discoteca de la costa yucateca —donde sus escoltas pagados con el erario habrían agredido a un joven—, el vástago del mandatario estatal salió a aventarse una maroma digna de Óscar, al puro estilo de los hijos de López Obrador y la élite de la «4T».
Para defender lo indefendible y lavarse las manos, el «Junior» publicó una foto posando muy sonriente frente a la Cineteca Nacional en la Ciudad de México con un texto tajante: *“Vivo, trabajo y estudio en la CDMX… no he viajado a Yucatán… la información es completamente falsa”.
El ‘pueblo sabio’ desenmascara la farsa en redes sociales
Pretender que una selfie sin marca de tiempo tomada a plena luz del día en la capital sea una prueba irrefutable para desacreditar los hechos ocurridos en la madrugada en un antro de Yucatán es insultar la inteligencia de los yucatecos.
¿Acaso nos creen tan ingenuos?
En la era de la aviación comercial (donde un vuelo Mérida–CDMX toma menos de dos horas) y de las «benditas redes sociales», esta coartada exprés cayó por su propio peso.
Esta maniobra es una copia exacta del manual de impunidad de la 4T
- Negar rotundamente los hechos.
- Victimizarse pidiendo «responsabilidad» a los medios.
- Armar un escenario exprés lejos del lugar de los hechos para confundir a la opinión pública.
Pero al «Junior» se le olvida un pequeño detalle: el pueblo sabio y bueno ya no se traga estas historias. En las redes sociales los usuarios no tardaron en desenmascarar el montaje, exigiendo explicaciones reales sobre la actuación de sus escoltas y cuestionando el evidente derroche de privilegios.
Un escándalo con tufo a prepotencia gubernamental
No importa cuántos comunicados publique ni cuántas fotos se tome en recintos culturales de la capital: el escándalo está consumado.
Mientras el gobierno del «Renacimiento Maya» pregona un discurso de austeridad, cercanía y sensibilidad, el hijo del gobernador presume impunidad y utiliza la distancia como pretexto.
La Cineteca Nacional le quedó corta para el guion de ficción que intentó venderle a Yucatán. La ciudadanía no olvida y exige cuentas claras ante la prepotencia de la nueva familia real de la entidad.
