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Se revela el misterio
¿Dónde quedó la revisión del INE?
El hijo menor del gobernador y las sombras de impunidad en la costa yucateca.
Redacción/Sol Yucatán
El silencio guardado durante días finalmente se rompe para dar paso a la claridad que la opinión pública exigía. Tras la ola de rumores, trascendidos y especulaciones sobre los vergonzosos acontecimientos ocurridos en el conocido antro “Clásico”, de Progreso, se revela el misterio sobre la identidad del involucrado. Los señalamientos apuntan directamente a Julián D. M., el hijo menor de edad del gobernador, quien cuenta con 17 años.
Lejos de tratarse de un simple pleito juvenil o de una anécdota nocturna, la revelación de su identidad transforma el caso en un tema de profundo escrutinio político. De confirmarse los hechos denunciados por testigos en la costa, la premisa fundamental es clara y demoledora: ¿Qué hacía supuestamente un menor de 17 años consumiendo y protagonizando altercados en un establecimiento exclusivo para adultos?
Las preguntas incómodas sobre el control y el servilismo
La sola presencia del menor en el lugar expondría graves irregularidades que la autoridad estatal no puede simplemente ignorar bajo el manto de la cerrazón.
1. ¿Dónde quedó la revisión del INE? Para el ciudadano común, el filtro de la credencial de elector es obligatorio e infranqueable.
¿Acaso los cadeneros omitieron la ley al percatarse de quién se trataba, o existió una presión directa para obligar al dueño del local a tolerar el ingreso del menor?
2. ¿Causal de clausura? La legislación en Yucatán es tajante: la presencia y consumo de alcohol por parte de un menor de edad en un bar implica la clausura inmediata del establecimiento.
¿Por qué las autoridades de inspección no han colocado los sellos correspondientes? ¿Existe una ley especial para los amigos y familiares del poder?
3. El presunto uso de escoltas. Los señalamientos que indican que personal de seguridad oficial habría intervenido para encubrir o proteger al joven tras el altercado físico añaden una capa de extrema gravedad sobre el uso indebido de los recursos públicos.
La irresponsabilidad del silencio y el desacierto mediático
El verdadero fondo del problema trasciende la conducta del menor y retrata la fragilidad del Ejecutivo estatal. Resulta una muestra de profunda irresponsabilidad que el titular del gobierno no dé la cara de manera franca y directa ante la sociedad para aclarar o desmentir lo ocurrido.
Esta conducta evasiva responde a la torpeza de su propio estratega de medios, quien, en su afán por contener el daño, le ha aconsejado refugiarse en el silencio. Así se estrena. Esta estrategia del avestruz ha resultado ser el peor de los remedios: en lugar de apagar el fuego, ha generado mayor incertidumbre, alimentado el descontento ciudadano y dejado la sensación de que desde Palacio de Gobierno se solapa la impunidad.
