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Se quitan la máscara
- La mezquindad de Morena y la traición definitiva a su militancia
- La coartada moral de la autodenominada Cuarta Transformación ha expirado por completo.
- Ya nadie habla de «primero los pobres», de honestidad valiente ni de congruencia ideológica
•Lo más repugnante de esta jugada es el escupitajo diario a la cara de la militancia histórica.
Redacción/Sol Yucatán
La reciente y descarada incorporación de figuras tan cuestionadas y oportunistas como Liborio Vidal, Conchita Ruiz y Joel Achach —personajes que hasta ayer mismo despotricaban contra el movimiento y hoy se alinean por el puro ansia de poder— no es solo un acto de pragmatismo electoral; es la prueba más rotunda de la mezquindad de un partido que ha decidido pisotear a su propia militancia.
Las puertas abiertas de par en par para recibir al cascajo político del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano desnudan la verdadera cara de la cúpula dirigente. Se quitaron la máscara. Ya nadie habla de «primero los pobres», de honestidad valiente ni de congruencia ideológica; el discurso quedó reducido a una cínica agencia de colocación donde los fundadores, los cuadros de base y los ciudadanos que caminaron casa por casa durante años son tratados como ciudadanos de quinta.
La traición a los fundadores, el desprecio a la base.
Lo más repugnante de esta jugada es el escupitajo diario a la cara de la militancia histórica.
Mientras los verdaderos simpatizantes de izquierda se fajan en las calles defendiendo un proyecto de nación sin recibir más que promesas, la dirigencia nacional y local opta por alfombrarle el camino a los mercenarios de siempre.
¿Con qué cara le miran los dirigentes a los militantes de base cuando premian con candidaturas y posiciones de privilegio a tránsfugas profesionales con expedientes de corrupción y un historial de desprecio hacia las causas populares?
Es una bofetada con guante blanco que confirma lo peor: para los dueños del partido, la lealtad de la base no vale nada frente a la chequera, las estructuras simuladas y los acuerdos en lo oscurito de los expolíticos del viejo régimen.
Morena se traga sus propios principios
Al reciclar a los personajes más repudiados por la ciudadanía —aquellos que durante décadas saquearon al estado y hoy huyen despavoridos de sus partidos de origen porque el pueblo ya les dio la espalda—, Morena demuestra que ha renunciado a su razón de ser.
Ya no son la alternativa ética ni el cambio verdadero; se convirtieron exactamente en lo que tanto prometieron combatir.
Han institucionalizado la mezquindad política, demostrando que para la cúpula gobernante los principios no son convicciones, sino moneda de cambio. Y cuando un movimiento traiciona a sus bases y se llena con lo peor de la clase política tradicional, lo único que está firmando es su propia sentencia de descomposición.
