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El Cereso de Mérida, un polvorín
- Debido a la llegada de delincuentes de alta peligrosidad y cuyas instalaciones y personal no está preparado para albergar a ese tipo de criminales.
Redacción/Sol Yucatán
En unos cuantos años el Cereso ha cambiado de rostro lo que durante años fue una prisión de baja peligrosidad donde predominaban internos relacionados con robos, fraudes, delitos sexuales y otros delitos comunes, hoy enfrenta el ingreso de perfiles criminales de mucho mayor peligrosidad.
Narcotraficantes, extorsionadores, miembros de la delincuencia organizada y hasta secuestradores forman parte del nuevo mapa penitenciario.
Uno de los casos que encendió las alarmas es el de “El Kado”, detenido en Valladolid y señalado por las autoridades como presunto operador relacionado con el Cártel de los Arellano Félix, quien ayer fue vinculado a proceso judicial.

Su llegada al Cereso representa mucho más que el ingreso de un nuevo interno.
Representa la presencia dentro de una prisión yucateca de un perfil presuntamente vinculado con una estructura criminal de alcance nacional.
Además, en la misma prisión se encuentra gente ligada al cártel de Sinaloa, Epitacio, Caborca, entre otros.
El problema es que el sistema penitenciario de Yucatán, no está adecuado para albergar a delincuentes de tal peligrosidad, es decir, criminales de alto perfil conviven con malechores que ingresaron por delitos menores.
Custodios del Cereso, indicaron que tiene temor, debido a que no es lo mismo custodiar a una persona acusada de robo que mantener bajo vigilancia a individuos señalados por su presunta participación en redes de narcotráfico, extorsión o delincuencia organizada.
El Cereso, puede convertirse en un lugar para establecer contactos, reclutar personas, ejercer presión sobre otros internos o mantener comunicación con integrantes de organizaciones criminales en el exterior.
