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Opinión

EL bailongo en la Mérida que se nos fue

Por: Sergio Grosjean
Un tema que en alguna ocasión hemos tratado y que ni por error puede faltar en nuestro nuevo libro “La Mérida que se nos fue”, nos obliga a viajar nuevamente por el tiempo y recordar cuando en la ciudad no había una sola discoteca, y aclaro que no hacemos referencia al siglo XIX o primera mitad del XX cuando hubieron grandes orquestas en elegantes salones u otros no tan suntuosos pero bonitos como el salón Montejo ubicado en la calle 60 con 47, que levantaban de su silla hasta el más fastidiado, pues nos transportaremos a los años 70s del siglo pasado y “resquicios” de los 60s hasta inicios del nuevo milenio, cuando la juventud en búsqueda de un escaparate a sus impulsos dancísticos, solo tenía como opción algunas casas donde se armaba el “luz y sonido”, los centros nocturnos, algunos restaurantes bar y finalmente las discotecas ya entrados los ochentas.
Abriremos este capítulo de los recuerdos con sitios nacientes en la ciudad en la que se podía bailar como “Barba azul”, ubicado en prolongación Paseo de Montejo, que surgió un poco antes que “Barajas”, el cual abrió sus puertas en épocas cercanas a la inauguración de Dracmas, posicionada en la entonces glorieta de “San Fernando”; lugar que también se caracterizaba por ser punto de reunión de jóvenes descendientes de libaneses llamados en la ciudad “paisanos” o “turcos”.
Un sitio que también marcó historia fue “Zacná”, que antes fue “Bob and Mary” atrás del cine colón en la av. Reforma donde estuvo discotower; “Pigily Willis” fue otra disco que tuvo su sazón, de la misma manera que “Chepes” -ubicada en jardines de Mérida donde se asentó el súper “blanco”, que luego se convirtió San francisco de Asís, afamada por los formidables tarros de cerveza que danzaban sin discreción. De este recuento no podemos omitir a “Le disco”, situada en el entonces lujoso hotel “Holiday inn” o “cocoom” en el hotel panamericana en la calle 59 centro.
“Garesta” fue otra disco que tuvo su oportunidad, y esta se ubicaba a un tiro de piedra de plaza fiesta. Por la zona más o menos estaba “Poconos”, en la bellísima construcción llamada “La cúpula” atrás del paseo de Montejo que fue la ex caballeriza del palacio cantón. Algo simpático que sucedía por aquellos ayeres, es que a la par de esas discotecas, como citamos en un principio, habían personas que organizaban fiestas de “luz y sonido” en locales rentados ex profeso, o en casa de alguien que tuviera un buen patio o jardín que acogiera a las almas que buscaban refugio en el baile como lo fue en la casa de la familia Gaber en circuito colonias, y siendo la euforia, personas como los hermanos Ricardo y Pedro Torre crearon una compañía a mediados de los 70s para la renta de luz y sonido para este tipo de eventos entre otros, quienes por cierto, ya en los 80s se convierten destacados empresarios en el ramo de las discotecas en Mérida.
Un sitio que marcó época en esta “línea” fue “Hamek, ubicada a unos cuantos metros de prolongación paseo de montejo. Las fiestas de luz y sonido que se organizaban bajo el cobijo de su enorme palapa los fines de semana muchas veces eran muy peculiares, ya que de repente, se organizaba una fiesta de “tenis y rayas” o una “hawaianada”, y eso significaba que tenías que ir vestido tal y como su nombre lo indicaba, y en clubes como el campestre se puso de moda en algún tiempo.
Años más adelante se crearon otras discotecas grandes y lujosas como “Bim Bom Bao” (1986), “Kalia Rock House” (1989) fraccionamiento Montereal, “Excess” en la prolongación Paseo de Montejo o “Vatzya”, esta última en el hotel fiesta americana.
Un sitio que funcionó por muchos años e imposible no hacer referencia a esa Mérida, fue “amarantus” ubicada frente al club campestre, a la que vox populi se le apodaba “mamarantus”, que era un sitio ubicado en una segunda planta muy agradable en el que la gente bailaba entre las mesas si lo deseaba, siendo que poco más adelante se ubicó abajo la discoteca “Tequila”, las cuales convivieron por muchos años.
Hoy, parece que regresamos al tiempo inicial, pues curiosamente en Mérida no existe la euforia de las discotecas como tal en los 80s y 90s, ya que hoy transfigurados, la gente baila como lo fue en su momento “El Aloha” del hotel hotel Montejo Palace en los años setentas o el que funcionó por un tiempo en la azotea del hotel Mérida Misión. Las discotecas que abrían durante las temporadas de semana santa o julio y agosto en la costa durante las vacaciones son otra historia, pues fueron muchas y hay tela de donde cortar como lo fue Deltons o Barba Azul en Progreso.
Finalmente, estoy seguro que varios de estos sitios los estoy omitiendo, y si te acuerdas de alguno de estos que forma parte de nuestra Mérida la que se nos fue, sería fabuloso que nos lo recordaras. Sergio Grosjean Abimerhi 21/02/2023
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