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Amnistía o masacre

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Columna Política

  • Miles de jóvenes fueron reclutados con técnicas de engaño, secuestro, amenazas, adoctrinamiento inhumano y bautizos de fuego, por los cárteles del crimen organizado.
  • El crimen organizado es el quinto creador de empleo e inversiones en el país, pero como se sabe, los empleos que crea son generadores de violencia.

Por Roberto López Méndez

Son miles los jóvenes que en diversos estados del país fueron reclutados, en su mayoría a la mala, es decir, con técnicas de leva: engaño, secuestro, amenazas, adoctrinamiento inhumano y bautizos de fuego, por los cárteles del crimen organizado.

Se les atraía a través de anuncios de empleos supuestamente bien pagados, y se les convocaba a diversos lugares, como terminales de camiones, plazas u oficinas privadas, e incluso a otros estados, de donde se los llevaban a sus centros de entrenamiento para, de acuerdo a sus aptitudes, utilizarlos o asesinarlos.

Curiosamente, durante muchos años las “autoridades” estatales y federales recibieron cientos de denuncias sobre esas tácticas de reclutamiento engañoso y forzado, pero no las investigaban por estar en colusión con las organizaciones criminales que así se allegaban más carne de cañón.

Se ha dicho que el crimen organizado es el quinto creador de empleo e inversiones en el país, pero, como todos saben, los empleos que crea son generadores de violencia, y el propósito de sus inversiones es lavar el dinero sucio.

Lo malo para quienes adoptaron ese modo de vida es no haber tenido en cuenta lo que ahora les está demostrando el presidente Trump: que dinero llorado es dinero salado.

Y como Trump no está dispuesto a esperar hasta que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum decida acabar con los cárteles y sus principales beneficiarios y solapadores, los narcopolíticos de todos los partidos, ahora lo que se vislumbra es una guerra real, no simulada, tanto contra las huestes de las organizaciones criminales declaradas ya por el gobierno norteamericano como terroristas, como contra quienes las protegen.

Pero más allá de esas realidades, o precisamente por ellas, es necesario tener en cuenta el drama humano, porque en medio de esa guerra hay muchos miles de jóvenes que fueron forzados a servir en los cárteles, e incluso muchos padres de familia que, al no contar con la oportunidad de un empleo digno y pacífico para sostenerse, optaron por la única opción disponible: alquilarse como mercenarios.

Y por eso mismo, para evitar que más vidas sean inútilmente sacrificadas, el gobierno de México debe reconocer que ya no es posible continuar el juego del solapamiento realizado en los pasados sexenios y continuado hasta el actual, pues la intervención militar de la primera potencia del mundo va a masacrar a todos los integrantes de los cárteles declarados como terroristas, tanto a los voluntarios como a los que se les unieron forzadamente, a menos que, por justicia y humanismo, se reconozca que México está en medio de una guerra, y con base en las regulaciones internacionales para este tipo de casos, se establezca una amnistía amplia y verdadera, legalmente regulada, no para los líderes criminales, sino para quienes fueron reclutados bajo engaños y amenazas, a fin de que, si decidieran bajarse de esas organizaciones criminales, tengan la oportunidad de hacerlo entregando sus armas y quedando bajo la custodia, supervisión y control de las fuerzas militares de nuestro país.

De tal modo, quienes se acojan a esa amnistía no serían masacrados por el fuego de la intervención norteamericana contra el terrorismo, intervención que el gobierno de México no podrá impedir con el único recurso que ha estado empleando: los discursos incendiarios sobre nacionalismo y soberanía.

Así, quienes depongan sus armas y se entreguen pacíficamente en los cuarteles militares o los de la Guardia Nacional, tendrían bajo ciertas condiciones la oportunidad de regresar con sus familias y reconstruir sus vidas, y México tendría la oportunidad de empezar a vivir, por fin, una era de paz con justicia.

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