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Un monumento al servilismo
FRANCISCO TORRES SE ARRODILLÓ ANTE LAS FIGURAS DEL PASADO
- La firma de su naturaleza traidora llegó en mayo de 2023, cuando juró ante los medios que jamás cambiaría de «camiseta». Meses después, negoció a espaldas de su militancia y corrió a buscar el cobijo de Morena
José González /Sol Yucatán
La política local suele ser generosa con los personajes de piel gruesa y convicciones ligeras, pero el caso de Francisco “Panchito” Torres Rivas raya en el descaro.
Hoy, instalado convenientemente en la ubre de la llamada «cuarta transformación» como director de la JAPAY, Torres Rivas encarna la radiografía perfecta del oportunismo político: una carrera impulsada no por el talento o el beneficio social, sino por el servilismo absoluto, una alarmante mediocridad de resultados y la traición a quienes lo encumbraron.
Para entender el presente de este personaje, es obligatorio revisar un pasado colmado de grises y sombras que hoy pretenden limpiarse burdamente con el manto guinda.
El origen: Un monumento al servilismo y la obra gris
El ascenso de «Panchito» no se debió a un liderazgo orgánico o una mente brillante en la administración pública; su mérito inicial fue la sumisión ante los grupos dominantes de su anterior partido, consolidándose bajo la sombra del ivonnismo. Como secretario de Obras Públicas, su gestión quedó marcada por la lógica del relumbrón mediático y proyectos severamente cuestionados:
El fiasco del Centro Histórico: Intervenciones deficientes, falta de planeación integral y parches urbanos que estrangularon al comercio y cuya dudosa calidad sigue pagando la ciudadanía.
Político del sistema: En lugar de dejar un legado de infraestructura sólida, Torres Rivas operó como el brazo ejecutor de una etapa caracterizada por el sobrecosto y la opacidad.
Su paso por el Congreso del Estado y la Cámara de Diputados federal no fue diferente. Integrado siempre a la masa obediente, no se le recuerda una sola iniciativa de vanguardia o la defensa de una causa ciudadana. Su única tarea en San Lázaro —disfrazado convenientemente bajo las siglas del Partido Verde— fue levantar la mano para aprobar los caprichos del Ejecutivo en turno. Cero identidad legislativa, cero producción parlamentaria sobresaliente. El servilismo hecho diputado.
La traición como método: De las anomalías al cinismo
Cuando le tocó dirigir el rumbo de su partido, la lealtad que tanto predicaba se convirtió en su mercancía de cambio. En 2018, como líder municipal en Mérida, entregó cuentas desastrosas y una derrota estrepitosa, aderezada con fuertes señalamientos en el manejo de los recursos de campaña.
Lejos de asumir la responsabilidad, en 2019 asaltó la dirigencia estatal mediante una elección interna que pasará a la historia de la ignominia local:
La prensa documentó con crudeza el nivel de la trampa en aquel proceso: en el padrón que le debió dar el triunfo a Torres Rivas, votaron hasta los muertos.
Bajo su presidencia, el partido terminó de hundirse en la irrelevancia. Bloqueó el relevo generacional, secuestró las candidaturas para acuerdos cupulares y se arrodilló ante las figuras del pasado. Pero lo peor estaba por venir.
La firma de su naturaleza traidora llegó en mayo de 2023, cuando juró ante los medios que jamás cambiaría de «camiseta». Meses después, tras ser expulsado por alta traición y negociar a espaldas de su militancia, corrió a buscar el cobijo de Joaquín Díaz Mena. Su posterior afiliación formal a Morena confirmó lo que todos sabían: utilizó a las siglas que le dieron todo mientras le fue útil, para luego apuñalar por la espalda a su propia estructura con tal de garantizar su supervivencia personal.
JAPAY: La incompetencia no se oculta con discursos
Hoy, al frente de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (JAPAY), la realidad ha alcanzado al operador de café. Las excusas de la “herencia recibida” y los rezagos del pasado ya no tienen validez. Mérida padece una crisis intolerable bajo su mando:
- Desabasto crónico en decenas de colonias y fraccionamientos.
- Baja presión generalizada y miles de fugas sin atender.
- Deficiencias brutales en el mantenimiento básico de las plantas.
La ineptitud en el servicio es de tal magnitud que los reclamos ya no provienen sólo de los usuarios, sino de los propios legisladores oficialistas que exigen que el titular dé la cara. Y es que el problema de fondo es muy simple y la calle lo sabe perfectamente: detrás de la sonrisa ensayada de campaña, en el mundillo político yucateco es un secreto a voces que Francisco Torres Rivas conoce más cantinas que colonias.
Balance de una trayectoria gris
En la Secretaría de Obras Públicas en lugar de crear Infraestructura y desarrollo entregó Obras deficientes en el Centro Histórico y servilismo al poder.
En la Dirigencia Estatal del PRI, ofreció Renovación y democracia interna y entregó Imposición, «votos de muertos” y mediocridad
En el Salto a Morena juró “Lealtad y convicción al PRI pero entregó Traición abierta: Negó su cambio de partido y meses después se afilió.
En la Gestión en la JAPAY, debería dar Servicio de calidad y transformación y lo que realmente existe son Fugas, desabasto crónico y parálisis administrativa.
Francisco “Panchito” Torres es el vivo ejemplo del político oportunista que no tiene más patria que su propia nómina. Su trayectoria no se mide en beneficios para Yucatán, sino en su capacidad para agachar la cabeza ante el jefe en turno y traicionar sus propios juramentos cuando el agua le llega al cuello.
La JAPAY está sedienta, pero mientras las llaves de los ciudadanos siguen secas, las del privilegio de este traidor de la política siguen abiertas de par en par.
