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Silencio que huele a culpa

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  • La muerte de Daniela sigue rodeada de interrogantes. Las seis personas que estuvieron con ella la noche del 25 de julio fueron llamadas a declarar para reconstruir sus últimos momentos, pero se negaron a relatar lo ocurrido. Ese silencio, lejos de cerrar el caso, abrió nuevas dudas para la familia.

Redacción/Sol Yucatán

El sábado 25 de julio, comenzó como un día de diversión en la temporada vacacional de verano a bordo del barco “Negrillo”, pero terminó en tragedia con la caída al mar de Daniela, quien posteriormente perdió la vida.

A tres semanas de los hechos, aún no se sabe qué es lo que ocurrió aquel sábado por la noche en el puerto de abrigo de Progreso.

Las seis personas que acompañaban a Daniela, con quien horas antes estuvieron bailando, nadando y divirtiéndose, fueron llamadas por la Fiscalía con un objetivo elemental: que contaran lo que vieron, escucharon y vivieron durante aquella jornada.

No llegaron como indiciados, sino como testigos con la finalidad de reconstruir los últimos momentos de la joven y establecer cómo ocurrió la caída de la embarcación.

Pero decidieron guardar silencio, y ese silencio se ha convertido en una nueva fuente de interrogantes que huele a culpa o encubrimiento.

¿Qué ocurrió realmente a bordo del “Negrillo”?

¿Cómo cayó Daniela?

¿Quién estaba con ella en los momentos previos?

¿Hubo una discusión, un accidente o alguna circunstancia que todavía no ha sido revelada?

¿Por qué quienes estuvieron presentes no quieren contar lo que saben?

La familia de Daniela exige precisamente eso, conocer la verdad, saber cómo fueron los últimos minutos de su hija y qué sucedió antes de que terminara en el agua.

La negativa de los acompañantes no constituye, por sí misma, una prueba de responsabilidad. Sin embargo, sí alimenta las dudas y deja un vacío que solamente una investigación exhaustiva puede llenar.

Más cuando, al menos, tres de los involucrados provendrían de familias con importantes relaciones económicas y políticas.

Ese contexto hace todavía más delicada la exigencia de que la investigación sea transparente, imparcial y sin privilegios.

La familia no está pidiendo condenar, sino que está pidiendo respuestas y la Fiscalía tiene la responsabilidad de obtenerlas.

Daniela ya no puede contar qué ocurrió, pero la Fiscalía tiene la obligación de esclarecer lo ocurrido aquella noche del 25 de julio.

Daniela, de 35 años de edad, ya descansa, sin embargo, este prolongado silencio y el tibio actuar de la Fiscalía se han convertido en un verdadero infierno, que le ha robado la tranquilidad a su familia, que no solo llora por la pérdida, sino que también sufre al no conocer la verdad histórica que hay tras la lamentable tragedia.

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