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Ciencia

LOS NACIMIENTOS EN YUCATÁN

Es herencia franciscana de la Navidad los pesebres, y esos adornos verdes que reflejan la alegría por el feliz nacimiento del Redentor, que se unieron a las luces de cirios que iluminaban los templos. Es evidente que la liturgia se ajustó a los recursos naturales de la región, las crónicas escritas por Fray Diego López de Cogolludo lo señalan: “Tienen los de ordinario llenos de flores, porque casi todo el discurso de el año las hay diversas en esta tierra… Una cosa digna de atención, y es, que no hay pueblo en Yucatán por pequeño que sea, donde los oficios divinos no se solemnicen…”

Con los elementos que la naturaleza ofrecía y con las piezas de arte sacro obtenidos comenzaron a tener presencia los pesebres en las iglesias de Yucatán. La gran flora que señalan los cronistas como López de Cogolludo, mucho abonaron para ornato en las celebraciones religiosas, entre flores, palmas, hojas de gran variedad iniciaron los pesebres su presencia con privilegiadas características.

Los pedazos de retablos virreinales que tuvieron en veneración en la catedral de Mérida reflejan temas navideños como la adoración de los pastores y de los magos de oriente al Niño Jesús. Poco ha quedado de toda esa gran riqueza de arte sacro que seguramente poseyeron los conventos franciscanos, y las iglesias en la entidad. Algunos inventarios parroquiales dejan entre ver alguna la lista de valiosas piezas de arte que seguramente servían para armar estas representaciones.

Y así las familias españolas, criollas y mestizas que tenían alguna imagen navideña, como la del Niño Dios, lo de José María de peregrinos, o bien de los reyes, comenzaron a poner sus pesebres en sus casas. El poder adquisitivo de alguna imagen sacra para veneración domestica es un punto importante, pero no el único, debemos destacar también los escasos talleres de labradores de madera en la entidad, de lo que poco sabemos por falta de estudios sobre el tema.

Seguramente con la proliferación de buenas imprentas en el siglo XVIII, tanto en España como en la ciudad de México, quizá favorecieron para la propagación de estampas navideñas de representación del nacimiento de Cristo. Que comenzaron, como toda imagen de un santo en su día de fiesta, a ser adornado con flores, iluminado con velas, y demás adornos necesarios.

Herencia de esos siglos fue que nuestros abuelos continuaron una tradición forjada de poner sus pesebres, con las imágenes de devoción familiar. Lo mismo podía servir una estampa religiosa con marcos y gradas de madera, que son pequeños retablos domésticos, adornados profusamente con flores, hojas y palmas.

Los pesebres y altares navideños de las casas se hacían con los santos que se tenían, aunque estos no sean propiamente unos peregrinos, bastaba con poner a María y al Niño, o bien solamente al Niño Dios. Piedras blancas pintadas de cal, ceniza blanca de los fogones, zacate seco, ramas de limonaria, palmas de “Xiat” como es conocida en lengua maya la palma de hoja delgada, macetas de helechos, cintas de papel picado, florecitas silvestres, casitas de madera y techos de guano o zacateca, y por heno el “sosquil chac” o la viruta de las carpinterías, todos los recursos necesarios que la naturaleza brinda fueron utilizados. A todo esto, también se usaba las piedras pintadas de blanco con cal, ceniza de los fogones, todo material podía servir. Se terminaba de aderezar el conjunto con animales de barro y de madera, banderitas y cintas de papel de varios colores, que dotaban el conjunto de color y armonía.

Con el devenir del tiempo y los modernos cambios se sumaron cambios y se agregaron nuevos puntos, las series de foquitos llegaron para adornar las ramas de limonarias y xiat, las casitas de paja del nacimiento.
Los nacimientos son altares devocionales que sirven para venerar a los Santos Peregrinos, al Niño Dios, y a los Tres Reyes, devociones profusamente arraigadas en la devoción popular, y aun en las más pequeñas comisarías y ranchitos se pueden encontrar los misterios arropados de adornos naturales y de toda índole según los recursos de cada familia y comunidad.

Los ropones, los hipiles y pañales bordados son parte del ajuar que viste al Niño Dios en los pesebres yucatecos, en cunas aderezadas con sonajas y juguetes, y los villancicos se entonaban por las tardes en las iglesias y los hogares, resonando aquel coro que dice: “Viva, viva Jesús mi amor, viva, viva mi Salvador…”
Herencia franciscana de los pesebres que esta Navidad cumple ya ochos siglos de tradición, tomó particular expresión en este suelo o laja peninsular, las fiestas litúrgicas se dotaron de celebraciones de particular expresión, del que se han ido sumando la cena de nochebuena, los regalos, y otras cosas que parecen superfluas, pero que conviven entre las palmas de Xiat y el tuch del Niño Dios.*

*Tomado de Navidad en Yucatán de José Iván Borges Castillo publicado en el suplemento cultural Unicornio del periódico Por Esto! 24 de diciembre del 2023.

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