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La escuela del cinismo
VULGARIDAD y HOMOFOBIA DEL DIRECTOR DEL INDERM
- Las recientes declaraciones homofóbicas y procaces de Roger Aguilar Arroyo, director del INDERM, revelan el verdadero rostro de un régimen que cambió la ética pública por la arrogancia, la sorna y el matonismo político al puro estilo Noroña.
Por la Redacción Editorial/ Sol Yucatán
La política yucateca se caracterizó históricamente por la templanza, el respeto a las formas institucionales y la dignidad en el trato con la ciudadanía. Sin embargo, con el afianzamiento del régimen de Morena en nuestro estado, las instituciones públicas han caído en un abismo de vulgaridad y desvergüenza que erosiona profundamente la convivencia democrática y el decoro republicano.
El más reciente y vergonzoso episodio lo protagoniza Roger Aguilar Arroyo, director del Instituto del Desarrolo Municipal y Regional de Yucatán bajo la administración estatal de Joaquín «Huacho» Díaz Mena. A través de un video difundido en su propia cuenta de Facebook, el funcionario arremetió con lenguaje vulgar, sorna y abiertamente comentarios homofóbicos, haciendo gala de una soberbia intolerable desde la altivez de su puesto gubernamental.
No estamos ante un tropiezo menor ni ante una broma desafortunada: es el uso impune de la investidura pública para denigrar e insultar. La homofobia y la chabacanería expuestas por Aguilar Arroyo no solo revelan una alarmante pequeñez intelectual y moral, sino también la enorme distancia entre la propaganda oficialista de Morena —que se abandera de forma hipócrita como defensora de la inclusión y la diversidad— y la conducta real de sus funcionarios de primer nivel.
“Cuando el argumento escasea, la vulgaridad florece. La arrogancia y la grosería se han convertido en la carta de presentación de la nueva clase gobernante.»
Resulta francamente detestable observar cómo un servidor público utiliza las plataformas digitales para conducirse con la conducta de un bravucón de esquina. Estamos presenciando en Yucatán la réplica exacta del modelo nacional encarnado por figuras como Gerardo Fernández Noroña: personajes que convirtieron la provocación corriente, el lenguaje soez y la soberbia en su principal herramienta de figuración política.
Este “estilo Noroña» -arrogante, grosero, intolerante y desprovisto del más mínimo sentido de la dignidad gubernamental— encuentra en Roger Aguilar Arroyo a uno de sus más lamentables exponentes locales. Creen equivocadamente que la firmeza en el poder se mide en decibelios, majaderías y mofas discriminatorias.
Lo más grave de este hecho no es solo el exabrupto de un funcionario desenfocado, sino la postura de la cabeza del Ejecutivo estatal. El silencio cómplice del gobierno de Díaz Mena ante las conductas homofóbicas y vulgares de su director del INDERM vuelve a la administración estatal copartícipe del agravio a la sociedad yucateca.
¿Es este el tipo de «transformación» que le prometieron al pueblo de Yucatán? ¿Convertir las dependencias estatales en feudos dirigidos por personajes que se mofan de la gente con lenguaje de barriada y prejuicios de antaño?
El pueblo de Yucatán es educado, trabajador y respetuoso, pero no es sumiso ni ciego. Sabe distinguir perfectamente entre la vocación de servicio público y el vivo retrato de la prepotencia morenista. Un cargo público no otorga impunidad para el insulto ni patente de corso para la discriminación; exige, por el contrario, ejemplaridad moral y respeto absoluto.
Desde las páginas de Sol Yucatán condenamos categóricamente la conducta del director del INDERM y exigimos una postura clara de deslinde y sanción por parte del Gobierno del Estado. Yucatán no merece funcionarios ordinarios, intolerantes y soberbios. Si el régimen de Morena en la península apuesta por normalizar la vulgaridad y el cinismo, la propia sociedad se encargará de pasarle la factura a un proyecto que perdió el rumbo y la vergüenza.
