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El peor traidor de campesinos

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  • Feliciano Moo y Can, además de traidor, es un expriista chapulín y reciclado que nunca sirvió ni servirá a los mayas y mucho menos a su cultura, solo sirve a sus propios intereses.

Por Susana Gamboa Salazar

El que no conoce la historia está condenado a repetirla, no hay refrán perdido y en este caso aplica exactamente, ya que en días pasados el gobernador con el peor gabinete en la historia de Yucatán, Joaquín Díaz Mena, nombró, vergonzosamente, al varias veces traidor, exdiputado, expriista, hoy neomoreno Feliciano Moo y Can como nuevo director del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya en Yucatán (INDEMAYA).

El Huacho, por no conocer la historia de nuestro Estado, vuelve a repetir sus errores una y otra vez, incansablemente, nombrando a personajes impresentables que el pueblo no aprueba y que es la razón por la cual es tan criticado y que su popularidad sigue descendiendo en franca picada. Si estuviese a la altura de la historia, sabría que en el verano del año 1992, siendo gobernadora interina Dulce María Sauri Riancho, impuesta en aquel entonces por su mentor, el expresidente Carlos Salinas de Gortari, después de obligar a dimitir del cargo de gobernador constitucional a Víctor Manzanilla Schaffer, ésta llegó a dirigir el Estado, pero tenía la encomienda que le había dado Salinas en el sentido de desaparecer la empresa estatal CORDEMEX, ocasionando la desaparición de la industria henequenera en el estado, la cual por décadas fue objeto de vil rapiña por parte de malos funcionarios impuestos desde el centro de la República.

El entonces gobierno salinista decidió deshacerse de CORDEMEX, vender los bienes que esta industria poseía (a sus cuates) y liquidar con un solo pago por todos sus años de servicio a unos 40 mil henequeneros aproximadamente, a quienes dejó sin seguridad social. Así, el gobierno del PRI se ahorraría el enorme presupuesto que año tras año hacía un tremendo hueco en las finanzas públicas. Esta acción tenía como pretexto el brutal descenso de la actividad henequenera, que empezó a sustituirse con las fibras de plástico o sintéticas; sin embargo, el lado malo de la ecuación fue dejar en la calle a miles de campesinos henequeneros, quienes de un momento a otro vieron desaparecer su sustento y su atención médica, siendo la mayoría de edad avanzada, que es cuando más atención y medicinas se requieren.

A Dulce María y a Salinas, provenientes del régimen totalitario y de muchos años del PRI, no les importó dejarlos en la calle cuando lo que debieron de haber hecho era pensionarlos y darles una vida digna y segura con atención y cuidados gubernamentales; sin embargo, en Yucatán las cosas nunca pueden darse por sentadas y, entonces, surgió un popular líder social de nombre Severino Salazar Castellanos, quien enarboló el movimiento campesino y sus múltiples y nutridas manifestaciones de protesta en contra de CORDEMEX. Muchos lo recuerdan encadenado en la escalera de Palacio de Gobierno, exigiendo una audiencia con la gobernadora Sauri y una liquidación digna y decorosa para el campesinado.

En ese verano de 1992, don Severino Salazar se instaló precisamente enfrente del Palacio de Gobierno, con su auto compacto dotado de sendas bocinas, y encabezó una protesta permanente, lo que atrajo a miles de henequeneros que exigían un trato justo por parte del gobierno. Doña Dulce María, que ya no buscaba cómo acallarlo, pues siendo un líder muy humano no pudieron corromperlo, convocó a una junta en las que fueron oficinas de CORDEMEX, y ahí se fraguó la traición que llegó de la mano de Feliciano Moo y Can, quien en aquel entonces era el líder de la Confederación Nacional Campesina, la otrora poderosa CNC, y además era amigo de Severino, lo que dolió más, pues en lugar de sumarse a las manifestaciones de los campesinos a los cuales “representaba”, estuvo de acuerdo con la gobernadora interina, seguramente “previo acuerdo en lo oscurito”, para reprimirlos.

Así, la mañana del 25 de junio de 1992, el traidor Feliciano Moo y Can acarreó a decenas de cenecistas, afines a él; se dice que los engañó y que escogió a los más bravos, brutales y pendencieros para formar contingentes que salieron de todos los puntos del estado. A esos cenecistas los hizo perseguir, golpear y encarcelar a sus hermanos mayas, campesinos que se manifestaban pacíficamente, comandados por su líder Severino Salazar Castellanos, para obtener una liquidación justa después de toda una vida de trabajo.

Esos mismos esbirros desvalijaron y vandalizaron el coche de Severino, rompiendo las bocinas y trompetas que utilizaba en las marchas, y persiguieron a campesinos, incluso a los muy mayores, por las calles del centro histórico. La brutalidad de los porros cenecistas fue terrible: lastimaron e hirieron con dureza; sin embargo, los líderes de la manifestación pacífica, incluyendo a Severino Salazar, fueron encarcelados injustamente y acusados penalmente de ser los violentos provocadores, por supuesto todo esto con la anuencia del régimen priista.

Así acabaron con Cordemex y dejaron desamparados a miles de campesinos. Muchos de ellos han fallecido, pero sus familiares, hijos y nietos, y los que sobreviven, nunca han olvidado el verano de 1992 ni a los tres traidores: Salinas, Dulce María y Feliciano Moo y Can.

Hoy, el miope gobernador ha nombrado a un traidor del campesinado yucateco como director del INDEMAYA, nada más vergonzoso y desacertado, como han sido todos los nombramientos que ha hecho. Feliciano Moo y Can, además de traidor, es un expriista chapulín y reciclado que nunca sirvió ni servirá a los mayas y mucho menos a su cultura; solo sirve a sus propios intereses. ¿En qué estaba pensando el Huacho?

En cambio, Severino Salazar Castellanos siempre seguirá siendo un líder para los campesinos, de aquellas generaciones y para las actuales. Vive en la memoria de muchos y seguirá cosechando el cariño de los yucatecos. ¡Hay mucha diferencia entre ambos! ¡Uno no merece nada, el otro lo merece todo! ¡Larga vida a Severino!

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