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Opinión

De Washington a la península

Por: J. Jesús Esquivel

Washington. – El levantamiento de la población de Texcaltitlán, Estado de México, para tomar las armas y defenderse con sus propias manos ante el crimen organizado que los extorsionaba indiscriminadamente prendió la alerta en regiones donde el cobro de piso es una norma cotidiana y una muestra de la ausencia de las autoridades federales.

Desde hace por lo menos un par de años en los intercambios de información de inteligencia entre los gobiernos de Estados Unidos y México, la advertencia de la probabilidad de formación de autodefensas para enfrentar al crimen organizado y al narcotráfico, que cobra piso a todo tipo de negocio, ha sido una sirena de alerta no atendida por parte del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En varios de esos reportes formulados por las agencias de inteligencia estadounidenses en poder de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Seguridad Pública y Protección Ciudadana, se ha destacado como un foco rojo a lo que en este sentido ocurre en toda la Península de Yucatán.

La pasividad con la que la Guardia Nacional (no) atiende las quejas ciudadanas de las extorsiones y cobro de piso a pequeños y medianos comerciantes tiene a la región de Quintana Roo y Yucatán aprisionada y a merced de la delincuencia organizada y los narcotraficantes.

Tal y como se demostró con el incidente en Texcaltitlán, en donde los campesinos con sus armas eliminaron a 11 integrantes de la Familia Michoacana que los exprimía, las autoridades municipales no hacen nada para proteger a su gente de las extorsiones y la alternativa que tienen para defender el patrimonio y vida de sus familias es defenderse con lo que tengan y como puedan.

Las estructuras municipales y estatales en la península están corroídas por la corrupción que ejerce el crimen organizado. Esto no es nuevo; se han reportado constantemente ante ministerios públicos y con eco en medios de comunicación nacionales y de la región.

El agravio y elemento que empeora la crisis es el empecinamiento del gobierno de AMLO en creer que, porque la población no se queja como debería, la política de “abrazos, no balazos” está dando los resultados que el presidente añora y clama constantemente.

¡Ojo!, a las agencias de inteligencia de Estados Unidos les importa un comino el tema de las extorsiones y cobro de piso.

Esos delitos son de carácter regional. Las advertencias que hace Washington a Palacio Nacional tienen que ver con la realidad de que el dinero que les roban los narcos y otros criminales a la población de a pie los empodera y les constituye otro escalón ascendente en su pirámide de corrupción de los gobiernos; el municipal y estatal.

A ningún ciudadano y residente de la península le suena a noticia fresca el tema del cobro de piso. Ha habido muchos muertos por este flagelo.

La lupa sobre Quintana Roo y Yucatán es una bomba de tiempo.

Habrá poblaciones que, ante la indefensión y desfile por las calles de elementos de la Guardia Nacional –que ni investiga denuncias ni arresta a criminales–, decidan emular a la población de Texcaltitlán.

No lo duden, habrá réplica del incidente mexiquense.

La anarquía que se percibe en muchos municipios de la península, los que además son ruta y mercado predilecto del narcotráfico, podría ser sinónimo de masacres si el gobierno de López Obrador no toma cartas en el asunto, ya que probado está que los delincuentes al dar o recibir abrazos se roban la cartera de los civiles. Y los balazos, los balazos también ablandan a los malos y obligan a las autoridades estatales a dar la apariencia de que quieren su trabajo, pregúntenle a Delfina Gómez.

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