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Opinión

30 AÑOS DESPUÉS DEL ASESINATO DE COLOSIO

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Desde La Fuente

Por Francisco Trubu/Sol Yucatán

Esta Semana Santa es diferente a todas como no ocurría desde hace muchos años.

Las campañas políticas en el país entran a su segundo mes y se generalizan el 31 de marzo casi en todos los estados donde se elige gobernador, alcaldes y diputados locales.

Un proceso electoral muy marcado por asesinatos de candidatos, de políticos y de funcionarios de diferentes partidos, no solo de uno. Ya es normal que haya muertos en todas las elecciones de México desde 1994 cuando mataron a Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas, una colonia del cinturón de miseria de Tijuana en 1994, sin embargo, los muertos de esta temporada 2024 están superando con creces a la cuota de los procesos anteriores, lo mismo que las ejecuciones, desapariciones y homicidios en México, principalmente por causa del crimen organizado y la “narco-política”, ya no solo podemos decir del “narco”, porque ahora los criminales son narcos, pero también extorsionadores, secuestradores, regenteadores de prostitutas o diríamos con propiedad, de mujeres que se roban para explotarlas sexualmente, venden piratería y cualquier otro delito que les deje dinero ante la impunidad gubernamental que prefiere abrazos y no balazos, pero que tiene como nunca al país militarizado, con soldados, marinos y guardia nacional, además de policías.

El México con hambre y sed de justicia que Colosio veía desde 1994 en su histórico discurso, que muchos atribuyen que fue el rompimiento del sistema de dónde venía y la razón de su asesinato, persiste y en lugar de alimentarse sigue hambriento, famélico me atrevería a decir, principalmente por el tema de justicia e impunidad. 

En 1994 se empezaba a ver una luz con el llamado programa salinista de Solidaridad que buscaba llevar cierta igualdad a los sectores sociales más pobres, aunque casi todos esos sectores eran urbanos, y es que a pesar de que el campo vive en agonía desde hace muchas décadas, la pobreza urbana también ya es lacerante.

La gran incógnita de ¿Quién mató a Colosio? Y ¿Por qué lo mataron? No va a desaparecer nunca, es como el asesinato de Kennedy en Estados Unidos, cualquier teoría de complot y conspiración se puede aplicar y a cualquiera vinculado con el poder se le puede acusar.

El villano favorito, Carlos Salinas es el principal sospechoso o gente allegada a él, pero el mismo Agustín Basave, íntimo de Colosio lo descarta, porque dice que el expresidente perdió con su muerte, también se enterró su proyecto político; claro que Carlos Salinas es un hombre multimillonario con grandes negocios desde el petróleo hasta las telecomunicaciones, pero el poder político que tenía ya no lo volvió a tener y todo lo que alguna vez fraguó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ya no se concretó.

El tratado si bien le sirvió a México y muchos empresarios, se quedó corto, muy corto de lo que se pretendía que era homologar un poquito a las tres naciones en estándares de bienestar, eso no ocurrió y perdimos la ventaja que teníamos en esa época.

Casi 30 años después de la muerte de Colosio, el primer secretario de Desarrollo Social que tuvo México como tal, vino un nuevo acuerdo, y el compromiso de hacer esa homologación, y una de las pruebas que se mantiene es la paridad del dólar que en lugar de subir va a la baja, no es porque el gobierno así lo quiera, es porque el mercado de norte América lo regula, es la única forma de intentar cierta equidad en algunos salarios y costo, tanto para que suba el estándar con los mexicanos, pero también para que se ajuste con canadienses y estadounidenses; por eso el salario mínimo ha subido tanto en los últimos tres a cuatro años, es el compromiso regional, y López Obrador no tiene nada que ver con eso, así como nunca pudo regular el precio de la gasolina que prometió, así es a la inversa el salario mínimo y el dólar, porque es un referente para los costos.

¿Colosio hubiera colmado esa hambre y sed de justicia para pueblos indígenas y los pobres de México?

¿El crimen organizado nunca hubiera cruzado la línea entre el poder, la avaricia y el dinero? ¿Los narcos no se hubieran convertido en políticos? ¿Los políticos no se hubieran convertido en narcos?

¿No habría tan poquitititos hombres y familias con insultante riqueza que no se terminarán nunca, aunque la tierra colapse? ¿Habría mayor justicia social?

La duda de a quién le interesaba la muerte de Colosio no revela los motivos de su asesinato. Fue un político que el mismo sistema preparó para ser presidente, no fue al azar ni un capricho de un hombre para ser un caudillo mesiánico, Luis Donaldo si era un estadista, se preparó para eso, recorrió el país y sabía de pobreza y cómo el gobierno gastaba el dinero, y todavía no llegaban Fox, Calderón, Peña Nieto o AMLO, magos para vaciar las arcas públicas.

Y claro que fue premeditado su asesinato por gente que a eso se dedica, a matar, porque fueron dos tiradores distintos, uno en la cabeza y otro en el estómago, cualquiera de las dos balas lo habría matado irremediablemente, sin oportunidad de nada.

Las elecciones de junio de 2024 quizá marquen un parteaguas en México, primero porque será una mujer la presidenta y segundo porque ya no se puede vivir con 30 años de desarrollo perdidos ni que el crimen siga siendo el referente nacional.

El bloque de América del Norte, Canadá, Estados Unidos y México tiene que fortalecerse y ser el eje frente al asiático de China-India-Rusia y la Unión Europea.

La amenaza de una tercera guerra mundial es latente, aunque ninguno de los que pueden iniciarla están locos para hacerlo y saben que todos pierden.

A México le puede ir bien, pero a 30 años de la muerte de Colosio cuando cambió el rostro y las entrañas del país, todavía tenemos sed y hambre de justicia en todos los niveles, en todos los sentidos y para todos los mexicanos.

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