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Mérida

VILA, AGENTE INMOBILIARIO

Sergio Grosjean Abimerhi / Sol Yucatán

Á grosso modo el sentido de pertenencia es amar el lugar donde vivimos e incluso donde trabajamos o nos desempeñamos, siendo que para ello debe existir un lazo emocional que une a las personas con un grupo, y este sentido, se forja en la familia por representar al primer grupo al que pertenecemos.

Aclarado este punto, si analizamos la situación específica de “La Mérida que se nos fue” , este gobierno ha sido el principal promotor para que este sentido de pertenencia se pierda y, puedo entenderlo, porque para el actual gobernador que no es yucateco de cuna y menos aún posee sangre y costumbres yucatecas, esta pérdida de identidad cultural le beneficia a su proyecto personal y, para el caso, aplicable esta sabia frase del filósofo francés Edmond Thiaudière: La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular.

Es evidente que los últimos gobernantes han enfilado sus baterías hacia objetivos personales, pero este último parece, más que gobernador, un agente inmobiliario.

No omito señalar que es vox populi los negocios millonarios de los anteriores gobernantes, sin embargo, éste se concentró no solo a los negocios, sino a promover Mérida y al estado como un mercado de tierras como nunca en la historia, algo sin duda delicado que lo llevará marcado en la frente y así será recordado.

Pero lo terrible no es solo eso, sino que todo parece indicar que uno de sus principales objetivos es que los yucatecos perdamos nuestro sentido de pertenencia e identidad cultural, porque parece no le interesa ese rubro, y ejemplo de ello es que ha sostenido durante todo su período a una Secretaria de turismo que no solo desconoce a plenitud nuestra cultura y tradiciones, sino incluso ha demostrado desprecio por lo nuestro.

En el presente, no tengo ni la más remota duda que en la ciudad somos casi la misma cantidad de meridanos que foráneos si no es que ya somos menos, y el que no me crea que vaya a una plaza comercial y dígame si conoce a alguien o bien, escuche el acento de la gente. Muchos dirán orgullosos que somos ya una ciudad cosmopolita. Y eso no es malo, para nada.

El problema grave es que antes nos entendíamos, hablábamos el mismo lenguaje en sana convivencia, siendo que hoy parece no ser así, y pongo un simple ejemplo de lo que está atravesando una familia meridana que vive en el corazón del centro histórico por generaciones, específicamente en la calle 61 con 40 y 42.

Resulta que meses atrás, extranjeros compraron la casa a su lado, la destruyeron -misma que debería estar protegida por el INAH por el tipo de construcción y ubicación-, hicieron perforaciones que pasaron al inmueble de su vecina y construyen sobre ellas, aparte les

invadieron su patio, y además se dieron el lujo de amenazar, incluso de muerte, a la hija de la propietaria, quien tiene 77 años, a pesar de que la policía acudió al llamado.

El problema no es el crecimiento, es la velocidad y el desorden como bien nos percatamos. Tristemente el ayuntamiento de Mérida e INAH por alguna razón están estáticos, petrificados.

Que terrible que como originario de nuestra Mérida seas atropellado por alguien que no nos respeta y que ni siquiera vive en el país y menos es siquiera mexicano, que tu gobierno los proteja y peor aún, cuando en toda tu existencia has vivido en el sitio y te cambien la vida de un plumazo. Las imágenes hablan por sí mismas. Un atento llamado a las autoridades y en especial al Alcalde.

Por otro lado, necesitamos ver más allá de nuestras narices, pues a cualquiera nos puede suceder, y más grave aún, como citaba en líneas anteriores, es que nuestro sentido de pertenencia ya casi se perdió y con ello nuestro escudo de seguridad se debilita pues ya no conocemos ni quién vive al lado, y al igual que otras partes donde se ha presentado este fenómeno, se incrementarán los robos y violencia, aunado a que nuestra identidad cultural está a un paso de perderse para siempre.

Todos son bienvenidos, solo que respeten nuestra forma de ser, nuestra cultura, nuestros valores, nuestros principios, y no traten que nos adaptemos a su forma de vida.

Finalmente, concluyo invitándote a reflexionar: ¿En qué te beneficia que el gobierno continúe invitando a todo el mundo a venir a vivir a Mérida? ¿Te benefician todos los edificios que están construyendo? ¿Te beneficia el tráfico? ¿En qué te beneficia que (el valor de) las propiedades se haya incrementado en los últimos años de manera irracional? ¿Te beneficia la baja en la presión del agua o los cortes constantes de energía eléctrica? ¿Te beneficia que la casa de a tu lado la destruyan y construyan torres departamentales? ¿Te beneficia que no haya montes y ahora en su lugar concreto y más concreto? ¿Te beneficia que el tiempo de trasladarte de tu casa a tu trabajo se haya triplicado o duplicado en el mejor de los casos? Muchos podrán responder que hay más plazas comerciales, más restaurantes, más cines etc. Pero creo que antes cuando éramos menos nos alcanzaban los cines, los restaurantes y las plazas comerciales en la que por cierto siempre te topabas con mucha gente conocida a la que saludabas alegremente a diferencia del presente que no conoces a alguien. ¿Qué hay más variedad? Sin duda alguna, pero te pregunto, ¿Esa variedad justifica la pérdida de nuestra calidad de vida? ¿La conoces o puedes pagarla o es solo para turistas o gente adinerada y mucha de ella recién llegada? Muchos decían que sí hace dos años, pero creo gran parte de esos ya dicen que no.

Hasta los foráneos que llegaron hace 5 años y los recibimos con los brazos abiertos tal y como lo que nos caracteriza a los yucatecos, no quieren más gente porque el encanto que los atrajo se perdió. Ojalá y los candidatos reflexionen y lo pongan en su agenda en caso de ganar en las elecciones. Y tú, ¿qué opinas?

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