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Políticos renegados
- Viejos operadores, exfuncionarios señalados y grupos derrotados continúan moviendo piezas para mantenerse vigentes en la política yucateca, evidenciando que la ambición por el poder sigue pesando más que la renovación que exige la ciudadanía.
Redacción/Sol Yucatán
Mérida, Yucatán.- Aunque los ciudadanos ya emitieron su veredicto, algunos personajes de la vieja clase política yucateca parecen negarse a aceptar que su tiempo terminó. Derrotados electoralmente, desplazados de los principales espacios de decisión o marcados por escándalos del pasado, hoy continúan operando desde las sombras en un intento por mantenerse vigentes, influir en el rumbo político del estado y preservar cuotas de poder.
Uno de los nombres que vuelve a aparecer en medio de esta trama es el de Roger Marín, actual funcionario del gobierno estatal, señalado por diversos actores políticos de mantener presuntos vínculos con personajes identificados con el antiguo grupo de poder panista que dominó la política local durante años.
Las versiones que circulan en círculos políticos sostienen que antes de incorporarse a la actual administración, Roger Marín habría colaborado estrechamente con Jorge Puga Rubio y con el exalcalde de Mérida, Renán Barrera Concha, dos de los principales operadores del proyecto político que sufrió una contundente derrota en la elección de 2024.
Sin embargo, los cuestionamientos no se limitan a su pasado. Diversas fuentes afirman que actualmente mantendría cercanía política con Alejandro Menéndez Bojórquez, exfuncionario estatal cuya trayectoria ha estado rodeada de polémicas, señalamientos y acusaciones que siguen pesando sobre su figura pública.
La situación ha despertado suspicacias debido a que Roger Marín ocupa actualmente un cargo dentro de una administración emanada de Morena, mientras que sus presuntas relaciones políticas continúan apuntando hacia personajes vinculados a grupos que durante años representaron precisamente el modelo político que hoy dice combatirse desde el poder.
La presencia recurrente de los mismos nombres ha reavivado una vieja percepción entre sectores de la sociedad: los políticos no se retiran, simplemente cambian de camiseta.
Las especulaciones cobran mayor fuerza al analizar el intento de construcción del partido político «Mexicana», proyecto impulsado por Alejandro Menéndez y que, según diversas versiones, habría contado con respaldo financiero y operativo de personajes cercanos al grupo de Renán Barrera.
De acuerdo con información que circula en el ámbito político, el proyecto surgió tras la derrota electoral de 2024 y tenía como uno de sus objetivos construir una nueva plataforma para mantener presencia rumbo a las elecciones de 2027.
No obstante, el intento terminó envuelto en señalamientos de fracaso, desorganización y presunto mal manejo de recursos. Diversas fuentes aseguran que se habrían destinado alrededor de cinco millones de pesos para impulsar las asambleas necesarias para obtener el registro como partido político local, pero únicamente se concretaron ocho de las catorce requeridas por la ley.
El resultado fue otro revés para un grupo político que, pese a los tropiezos, continúa buscando espacios para permanecer vigente.
Entre los personajes que aparecen alrededor de este proyecto figuran nuevamente Jorge Puga Rubio y operadores históricos del renanismo, así como otros actores que durante años ocuparon posiciones de influencia en gobiernos anteriores.
Mientras tanto, la confrontación interna dentro del PAN tampoco parece haber terminado. La disputa entre grupos políticos ha escalado hasta el terreno jurídico.
Información difundida recientemente señala que colaboradores cercanos a Renán Barrera habrían preparado acciones legales contra Roger González Herrera, en un conflicto que exhibe las fracturas internas que permanecen abiertas tras la derrota electoral.
Las acusaciones incluirían presuntos actos de difamación, violencia digital y persecución política, reflejando una guerra que parece librarse más entre antiguos aliados que entre adversarios ideológicos.
Para muchos observadores, el fenómeno revela una realidad incómoda: mientras Yucatán enfrenta problemas urgentes en materia de seguridad, movilidad, salud y desarrollo económico, parte de la clase política continúa atrapada en disputas personales, proyectos fallidos y estrategias para recuperar parcelas de poder.
Algunos actores parecen empeñados en seguir jugando una partida que terminó hace tiempo.
Los nombres cambian de partido, los discursos se adaptan a las circunstancias y las alianzas se reconfiguran, pero los protagonistas siguen siendo los mismos.
Políticos renegados que se resisten a desaparecer del escenario público y que continúan moviendo piezas con la esperanza de volver a ocupar el centro del tablero político yucateco.
