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Liborio Vidal, candidato del gobierno paralelo
José González /Sol Yucatán
La simulación política en Yucatán ha cruzado la línea del insulto directo a las bases de la Cuarta Transformación. El salto de Liborio Vidal Aguilar a las filas de Morena para buscar la alcaldía de Mérida no es un accidente del destino, sino el resultado de una maniobra de cúpula operada a espaldas del pueblo.
Atrás quedaron los discursos de congruencia y respeto a la militancia; hoy, el pragmatismo más obsceno abre las puertas de par en par a uno de los símbolos más claros del viejo régimen.
Los hermanos López Martínez, los titiriteros del chapulineo
No nos engañemos sobre el origen de esta infamia. La llegada de Liborio a los círculos de negociación guinda lleva la firma y el sello de Dafne López Martínez y, sobre todo, de su hermano Víctor López Martínez.
Víctor, quien fuera colaborador cercano de Vidal durante su paso por la Secretaría de Educación (SEGEY), se convirtió en el arquitecto de esta operación.
Aprovechando los vacíos de poder y tejiendo acuerdos en lo oscurito, fueron ellos quienes metieron con calzador al exfuncionario panista y priista al centro del proyecto, organizando cumbres nocturnas como la realizada en las instalaciones de Bomsa, donde Víctor comandó la reunión y Dafne hizo acto de presencia solo para dejar constancia del patrocinio del clan antes de retirarse. Su objetivo, asegurar cuotas, proteger negocios e imponer al mejor postor por encima de cualquier proyecto ideológico.
¿Dónde queda la militancia? El escarnio para el «Rulo», Óscar Brito y las bases
Lo más grave de este enroque no es la ambición desmedida de Liborio Vidal —de sobra conocida tras pasar por el PRI, el PRD, el PVEM y el PAN—, sino la bofetada con guante blanco que representa para los fundadores y cuadros auténticos de Morena en Mérida.
Mientras durante años militantes de cepa, cuadros legislativos y operadores sociales como el “Rulo», Óscar Brito y cientos de simpatizantes de base caminaron casa por casa bajo la bandera de la izquierda, soportando los embates de los gobiernos conservadores, hoy la dirigencia cede espacios nodales ante la llegada de un advenedizo millonario.
¿Con qué cara le van a explicar a la militancia de base que el esfuerzo de toda una vida se desecha para alfombrarle el camino a un personaje repudiado por las bases guindas? Relegar al «Rulo», a Óscar Brito y a la militancia histórica para premiar a un tránsfuga reciclado demuestra un desprecio absoluto por el esfuerzo colectivo, convirtiendo a Morena en una simple agencia de colocación de políticos oportunistas.
Y en medio de este cochinero de ambiciones y acuerdos familiares, el daño colateral exhibe la catadura moral de los involucrados. Esta jugada estructurada por los hermanos López Martínez y asumida por Liborio Vidal no es más que una traición calculada y una puñalada por la espalda al PAN.
Aprovecharse de los espacios institucionales y de los acuerdos previos —donde incluso se habían delegado direcciones generales para incrustar al equipo de Vidal— para luego dinamitarlos y venderle el flanco al mejor postor, confirma que para este grupo la palabra no vale nada. Entregar la capital a un «caballo de Troya» dispuesto a traicionar hoy a sus aliados de ayer solo demuestra que el apetito de poder de los mercenarios de la política no conoce límites ni lealtades.
¿Estará dispuesta la militancia fundadora de Morena a permitir que un clan de operadores tradicionales secuestre el movimiento y les arrebate el espacio que con tanto esfuerzo construyeron desde las bases?
Cabe mencionar que el gobierno paralelo, encabezado por los hermanos Víctor y Dafne López y Mario Millet han acumulado más poder y siguen imponiendo candidatos, como el caso de Liborio
A ellos no les importa el repudio de la base morenista, pues ellos no son morenistas, sino empresarios que buscan acumular más riqueza con el dinero del presupuesto.
El gobierno paralelo pone candidatos y el gobernador Joaquín Díaz Mena solo los presenta.
