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Opinión

La mujer y la lucha social

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Por Aleida Ramírez Huerta

Con motivo de la conmemoración del #DíaInternacionalDeLaMujer, inicio mi modesta colaboración, partiendo la idea de que la mujer no siempre ha sido oprimida en todas sociedades humanas, sino que el origen de esta opresión está estrechamente ligado al desarrollo de la sociedad, a la aparición de las clases sociales y la propiedad privada; en las sociedades prehistóricas, en los estados inferior, medio y, en parte, hasta superior de la barbarie, la mujer no sólo es libre, sino que está muy considerada (Federico Engels).

Así que, presentar la opresión de la mujer como algo que históricamente ha sido así desde los albores de la humanidad, obedece a objetivos muy claros y definidos por el sistema económico en turno, para mantener a la mujer entre las cuatro paredes del hogar, domesticarla y despojarla de todo carácter revolucionario que le permita rebelarse contra el sometimiento que sufre desde hace siglos.

Sin embargo, ya en marzo de 1857, en el marco de la Revolución Industrial, las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York salieron a la calle a protestar en masa por las duras condiciones de trabajo. Si bien es cierto que en ese momento las condiciones laborales de todos los trabajadores eran durísimas, la precariedad se cebaba especialmente con la parte femenina del sector, cuyos salarios podían llegar a ser menos de la mitad que los de los hombres sólo por el hecho de ser mujeres. Las protestas terminaron con la intervención violenta de la policía contra las manifestantes y la detención de éstas, pero aquella manifestación sentó un primer precedente gracias a su gran repercusión. 51 años después, el 8 de marzo de 1908, 15 mil mujeres volvieron a tomar las calles de Nueva York para exigir un aumento de sueldo, menos horas de trabajo, derecho al voto y prohibir el trabajo infantil.

Desde entonces hasta ahora, la lucha de las mujeres ha dado frutos importantes. El propio Día Internacional de la Mujer que hoy se celebra, fue fruto de la iniciativa de la destacada luchadora socialista Klara Zetkin, cuya bandera fundamental era el voto para la mujer, convencida de que con ello aumentarían seriamente las posibilidades de que los trabajadores se hicieran con el poder del Estado por la vía democrática del sufragio.

Hoy el voto femenino es una realidad en todo el mundo; gracias a él, la situación social de la mujer es mejor, pero no ha sido ésta la solución definitiva, una larga lista de pendientes lo comprueban.


Hoy el movimiento feminista actual encabeza una lucha contra la violencia de género, para que las desapariciones forzadas de mujeres y los feminicidios terminen, pero no son las únicas formas de violencia que sufren; la mujer también padece de falta de empleo, bajos salarios, pésimos servicios de salud, educación mala y cara para sus hijos, falta de vivienda, carestía de los productos de la canasta básica, gas, agua, electricidad, por mencionar algunos; por tanto, la lucha de las mujeres en contra del sistema económico que las oprime, puede dar mejores y valiosos frutos si se concibe como parte integrante de la lucha de todos los explotados, incluidos los hombres, pues esta lucha no es de sexos, sino de oprimidos y opresores en todos los aspectos de la vida.
La unidad de los oprimidos, mujeres y hombres es indispensable, ya que bajo el imperio de la injusticia social en que se pudre la humanidad, la existencia de la mujer es más complicada y dolorosa, y el gobierno, que debiera garantizar el bienestar de todos sus gobernados, no se inmuta ante la explotación, la muerte y la falta de oportunidades para millones de mujeres.
En nuestro país, la violencia en contra de este importante sector que constituye la mitad de los mexicanos alcanza cifras escalofriantes, tan sólo de enero a diciembre de 2022, se contabilizaron que 122 mil 11 mujeres fueron víctimas de algún delito; en promedio 334 víctimas por día y 14 por hora, se trató de 12.5 por ciento, mayor a la registrada en 2021, en que hubo 108 mil 411 víctimas; en el terreno laboral, las mujeres, siguen percibiendo salarios menores a los de los hombres a pesar de que en ocasiones sus jornadas de trabajo son más largas, ganan 87 pesos por cada 100 que gana un hombre; así podemos encontrar situaciones igual de graves.
Este 8 de marzo, como ya es costumbre, miles de mujeres marcharon en la capital del país y en las distintas capitales de los estados para exigir al gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador, alto a la violencia, discriminación y explotación que viven todos los días; pero siempre hará falta, que esta lucha se conciba como una lucha de todos los oprimidos del país para resolver los demás padecimientos que sufren, hecho que no ocurrirá sin modificar el modelo de organización social que se engendra tanta pobreza y desigualdad.
Las mujeres que militamos en las filas del Movimiento Antorchista, nos solidarizamos con las nobles causas que encabezan las feministas y además, luchamos día a día por conquistar mejores condiciones materiales de vida para hombres y mujeres que componen amplios sectores de trabajadores de este país que viven en las grandes ciudades y en el campo y que requieren de una vida verdaderamente humana.
La libertad plena de la mujer, únicamente llegará con la libertad de todos los desposeídos, librando una sola batalla y empujando en la misma dirección, es decir, cambiando los cimientos y organización social del modelo económico existente, en esa dirección trabajamos los antorchistas.

 

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