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La incansable labor de las colectivas
Buscan a sus hijos desde bacalar hasta el puerto de progreso
*Las brigadas de búsqueda se internan en comunidades controladas por el narcotráfico y recorren centros de adicciones tras recibir reportes sobre jóvenes obligados a trabajar o recluidos en situación de calle.
Por Claudia V. Arriaga Durán
Colectivas de búsqueda de personas desaparecidas de Yucatán y Quintana Roo recorren la Península, al sur de México, con la esperanza de hallar a sus familiares. En un país cuyas ausencias rebasan las 133 mil sillas vacías, tres días de brigadas encendieron la posibilidad de localizar a Cristian Alexis Cartujano Salazar, desaparecido desde 2023 en Bacalar, Quintana Roo. Testigos aseguraron haberlo visto en centros de rehabilitación, conocidos como anexos contra drogas.
Las agrupaciones “Familias Buscadoras de Yucatán”, “Madres Buscadoras en Isla Mujeres, buscando a Fernanda Cayetana” y “Buscando por Amor, Juan de Dios Huerta” se unen para recorrer Mérida y el puerto de Progreso.
“Hace un mes, el grupo Verdad, Memoria y Justicia vino a Mérida. Un integrante me pidió la ficha de búsqueda de mi hijo con sus tatuajes; se la envié, pero ya habían salido del anexo donde buscaban. Me comentó que una persona de ahí refirió haber visto a mi hijo en Progreso”, relató Miroslava Aracely Salazar Solís, madre de Cristian Alexis.
Las familias portaron fichas de búsqueda propias y ajenas para tapizar postes y paredes, extendiendo su rastro a cientos de kilómetros de sus hogares. Dialogaron con transeúntes y explicaron su labor, aunque en esta jornada la prioridad fue Cristian, debido a los avistamientos recientes.
“Mi hijo se fue a trabajar a Bacalar, donde vivió más o menos un año. Desapareció en Casa Árabe, no terminó su jornada laboral. Me comentan que salió hablando por teléfono o enviando un mensaje y, tras cruzar la puerta, no se supo si se fue por su cuenta o si alguien se lo llevó”, explicó su madre.
Cristian tenía 27 años cuando desapareció el 5 de mayo de 2023. Se había mudado de la Ciudad de México al Caribe mexicano para rehacer su vida, tras establecerse y conseguir empleo, su esposa y sus dos hijas se reunieron con él.
Para el año de su desaparición, Cristian ya se había separado. Su madre, la señora Aracely, como prefiere que la llamen, relató que la expareja de su hijo buscaba rehacer su vida y presentó una denuncia por agresión contra él. Dicho evento constituye una de las líneas de investigación en el caso.
“Estaba muy apegado a sus hijas, las llevaba a la escuela, las recogía en sus descansos y las llevaba a nadar. Un día, mi hijo fue a verlas temprano y vio llegar a su expareja con otro hombre. A mi hijo le dio coraje, no sé si hubo un golpe físico, pero el otro hombre no respondió. A los dos o tres días de eso, le pasó esto a mi hijo”, apuntó.
A Aracely le devolvió el aliento saber que en Progreso hubo personas que afirmaron ver a Cristian. La búsqueda no se limitó a calles y muelles, incluyó visitas a anexos que acogen a personas en situación de calle. En el refugio El Buen Samaritano, en Mérida, una persona aseguró reconocerlo.
Durante su estancia en Yucatán, la brigada recorrió el Hospital Agustín O’Horán y diversos centros de rehabilitación en Mérida y Progreso, entre ellos: La Haciendita, Un Nuevo Comienzo, Buscando por un Amigo, Los Elegidos, El Oasis Mérida, Arca de Noé (El Roble), Plaza Grande y Guerreros de la Luz.
“En los anexos dejamos fichas de búsqueda, en la playa a los comerciantes y a los que refieren haberlo visto también les dimos. No se han comunicado con nosotros y les pedí de favor que, si lo volvían a ver, se tentaran el corazón y nos avisen, que la llamada iba a ser anónima”, apuntó Aracely.
Deysi Blanco es madre de Fernanda Cayetana, una niña de 12 años que desapareció el 21 de julio de 2022 en la zona continental de Isla Mujeres, Quintana Roo, de donde es originaria. Desde esa fecha no ha parado de buscarla. Fundó la colectiva “Madres Buscadoras en Isla Mujeres, buscando a Fernanda Cayetana” y hoy acompaña otros procesos de búsqueda.
“Venimos hasta aquí porque un colectivo estuvo aquí antes y les dieron un indicio de que lo vieron en un centro de rehabilitación en donde le dan comida, es un lugar de jóvenes en situación de calle. Él (Cristian) estaba en la bitácora del anexo que es de Mérida, pero también lo vieron en Progreso”, expuso en entrevista.
La mamá de Fernanda no ha parado con la búsqueda de su hija. Al igual que en el caso de Aracely, existen indicios de que han visto a la menor en diferentes municipios de la Península de Yucatán. Algunas personas dijeron que sus captores le pintaron el cabello de rojo. Las fichas de búsqueda se han ido modificando de acuerdo a lo señalado.
Por la desaparición de la adolescente, están en prisión Marco Antonio y su esposa Angélica. Ambos se rehúsan a revelar qué le hicieron o dónde está ella, y las autoridades dicen que no pueden obligarlos. La menor empezó a trabajar lavando platos para la pareja tres días antes de su desaparición.
Ese mismo día, cuando la pequeña no regresó a casa, su mamá fue a denunciar a la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo. Era de noche y las autoridades hicieron la prueba de luminol en presencia de la pareja. Deysi esperó afuera y cree que se pudo perder evidencia valiosa. Tampoco se explica por qué tenían que estar ellos presentes.
Ante la ausencia de apoyo para buscar a su hija, Deysi emprendió la ruta sola. Primero se movilizó a Yucatán, ya que la familia de Marco Antonio es de los municipios de Buctzotz y Tizimín. Luego viajó a San Cristóbal, Chiapas. Llegó a ese estado porque la ciudadanía le avisó de su paradero.
Los encontró y descubrió que se cambiaron el nombre y que llegaron a Chiapas como pastores a brindar “la palabra de Dios”, pero fue la propia congregación quien los denunció. Las autoridades los arrestaron y enviaron a Quintana Roo.
“Estamos esperando la sentencia de estos señores que se llevaron a mi hija. Yo seguiré levantando la voz en el nombre de ella y seguiré apoyando a las madres y sus padres en las búsquedas de sus hijas e hijos”, sentenció.
Durante el primer año de su búsqueda, dos hombres encapuchados la quisieron subir a una camioneta y la amenazaron con un arma de fuego. “Nos manda el patrón”, recordó que le advirtieron.
De Quintana Roo a Campeche, la búsqueda por Juan de Dios
Juan de Dios Huerta Cambranis, de 24 años de edad y originario de Cancún, desapareció el 18 de mayo de 2024. Trabajaba operando maquinaria pesada para la empresa Crisol, una de las subcontratadas por compañías de mayor envergadura para la construcción del Tren Maya. Aunque él no estaba asignado directamente a dicha obra, lo enviaron a comunidades en zonas limítrofes para la construcción de jagüeyes.

“De la empresa lo metieron de Bacalar al ejido de Sinaí, de ahí a Otilio Montaña, en donde pernoctaban, hacían jagüeyes y cruces de puente, aplanado de calles. La empresa trabajaba para el gobierno, poblados y en el Tren Maya. El día 5 de mayo que cumplí años me dijo que se quería casar, que estaba pagando el anillo en Bacalar, que le faltaban mil pesos para liquidar el anillo”, recordó el papá de Juan de Dios.
Los compañeros de trabajo de Juan de Dios refirieron que lo dejaron en una gasolinera en Felipe Carrillo Puerto, la que se ubica a la entrada, pero no existen grabaciones de video que prueben sus declaraciones.
Ante la desesperación de no tener noticias de su hijo, un joven con planes de boda que pronto se mudaría para formar una familia junto a su novia, su padre, Juan José Huerta Alcocer, inició la búsqueda por cuenta propia. Las autoridades les advirtieron a él y a la prometida de Juan de Dios que no podrían ayudarlos, argumentando que desapareció en «tierra caliente», controlada por el crimen organizado.
“Empecé a buscar por mi cuenta porque las autoridades decían que es zona de narcos, zona roja, y seguimos por nuestra cuenta. Entré en moto a Otilio Montaño, hice toda la investigación porque la fiscalía no se quiso mover porque otra excusa es que no tenían dinero para gasolina y que no siga buscando porque me van a pasar cosas”, detalló.
Durante dicha búsqueda recibió amenazas y le exigieron abandonar el caso.
“Me acompañó mi consuegro y, donde paré a comprar gasolina clandestina, le marcaron a la señora que atendía y me pasó el celular y me dijeron que tenía a las 4 de la tarde para salir del terreno o que me atenga a las consecuencias. Salí a las 4 en punto y atrás venía una camioneta blanca. La señora me dijo que haga caso, que a su hijo lo llevaron a hacer una palapa y desapareció”, pronunció con enojo.
Juan José Huerta fundó el colectivo “Buscando por Amor a Juan de Dios Huerta”, integrado actualmente por 25 personas que buscan a 15 desaparecidos. No se ha detenido en la misión de hallar a su hijo. El área donde ocurrió la desaparición es cercana a la comunidad de El Gallito, un poblado capturado por el Cártel de Caborca en el año 2020.

En 2026, recibió información de que su hijo, junto con aproximadamente 40 personas, se encontraba en condiciones de esclavitud moderna o trabajo forzado en un rancho del municipio de Lázaro Cárdenas. Juan emprendió el camino y localizó prendas que pertenecían a Juan de Dios, pero no halló a ninguna persona en el sitio.
La búsqueda se ha extendido hasta Campeche, pues diversos testimonios indicaron que a ese estado llegó un maquinista lesionado; una versión que, aunque continúa recorriendo la zona, no ha podido confirmar hasta la fecha.
