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Extorsión institucionalizada

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  • La exalcaldesa de Conkal, Hiselle Díaz, convirtió el ayuntamiento en el escritorio de una inmobiliaria privada donde el desarrollo urbano no se planeaba… se negociaba como botín de guerra.

Por Carlos Rodríguez

Fíjese bien en esto, porque es el retrato hablado de cómo el poder municipal en México —y particularmente en Yucatán— puede pudrirse desde la cabeza.

Hablemos de Conkal. Pero no del Conkal de la gente trabajadora, sino del Conkal que se administró bajo Hiselle Díaz. Lo que ocurrió ahí no fue mala planeación ni simples errores administrativos. No, no nos confundamos.

Fue un esquema que, según señalamientos del sector inmobiliario, terminó convirtiendo al Ayuntamiento en una especie de inmobiliaria privada, donde el desarrollo urbano dejó de ser una política pública y pasó a manejarse como un botín de poder.

El “peaje” de la corrupción

Fuentes del sector inmobiliario lo comentan en voz baja, pero con evidente preocupación: durante esa administración, el derecho a construir dejó de depender únicamente de la ley.

Se habla de un sistema de “peajes” informales, de licencias con costos extraoficiales y de presiones a desarrolladores para ceder terrenos o aceptar condiciones que nada tenían que ver con la normatividad.

Como lo resumió uno de los empresarios del sector:

“No eras un desarrollador buscando invertir; eras una vaca que el Ayuntamiento estaba listo para ordeñar”.

La traición al crecimiento

El problema de fondo no es solamente la sospecha de corrupción. Es el daño estructural que deja este tipo de prácticas.

Cuando los permisos de construcción se utilizan como herramienta de presión o beneficio personal, lo que se está haciendo es dinamitar el futuro del propio municipio.

Un Ayuntamiento no está para servirse de la tierra de su gente, sino para ordenar su crecimiento y garantizar que el desarrollo beneficie a toda la comunidad.

Sin embargo, para muchos actores del sector inmobiliario, la administración de Hiselle Díaz terminó rompiendo esa confianza básica entre autoridad y ciudadanos.

El costo político

Hoy, ese episodio ha dejado una marca difícil de borrar.

Incluso en los círculos políticos de Yucatán, donde las polémicas suelen diluirse con rapidez, el nombre de Hiselle Díaz continúa generando resistencias.

Muchos prefieren guardar distancia. Otros simplemente optaron por el silencio.

El resultado es un aislamiento político que refleja el costo de gobernar con excesos.

Una advertencia necesaria

El caso de Conkal queda como una advertencia que no debería ignorarse.

El poder municipal no puede convertirse en una caja chica ni en una plataforma para negocios privados. Cuando eso ocurre, no solo se afecta la confianza ciudadana, también se frena el desarrollo de toda una comunidad.

Conkal seguirá creciendo, porque su gente y su ubicación lo empujan a ello.

Pero ese crecimiento no será gracias a quienes usaron el poder para su beneficio, sino a pesar de ellos.

Conviene no olvidar el nombre de Hiselle Díaz, porque representa una lección incómoda: cómo la ambición personal puede terminar secuestrando el futuro de un municipio.

Así las cosas.

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