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El notario terrateniente
- En apenas tres años, Mario Humberto Cámara Seba no solo ha firmado escrituras, también ha acumulado más de 4.4 hectáreas de tierra y propiedades en zonas de alta plusvalía de Yucatán.
- Terrenos costeros en Celestún, hasta un departamento en el exclusivo complejo Vía Montejo. El retrato de un notario que parece haber encontrado en la tierra un negocio tan rentable como las escrituras que certifica.
- El Registro Público revela compras de predios rurales a precios mínimos que, con la plusvalía actual, elevan su patrimonio inmobiliario a entre 23 y 36 millones de pesos.
Redacción/Sol Yucatán
Apenas han transcurrido tres años desde que obtuvo su patente como notario público en Yucatán y el nombre de Mario Humberto Cámara Seba ya aparece ligado a una colección de propiedades que, por su extensión y localización, dibujan el retrato de un patrimonio inmobiliario en expansión.
Los registros del Registro Público de la Propiedad del Estado de Yucatán revelan que el fedatario ha adquirido terrenos rurales, predios urbanos y hasta unidades residenciales de alto valor en Mérida, conformando un portafolio de bienes que, al precio del mercado actual, podría superar entre 23 y 36 millones de pesos.
Más allá de la cifra, lo que llama la atención es el patrón de adquisición: terrenos rústicos comprados a bajo costo en zonas rurales o costeras, combinados con propiedades en colonias consolidadas de Mérida y desarrollos de alta plusvalía. Este mosaico de inversiones permite dimensionar la rapidez con la que el notario ha consolidado un patrimonio inmobiliario relevante en apenas unos años de actividad profesional.

Terrenos rurales a precio mínimo. Uno de los focos del portafolio de Cámara Seba se ubica en la comisaría de Poxilá, municipio de Umán, donde adquirió al menos dos terrenos rústicos en 2024. El primero corresponde al folio electrónico 1297143, un solar rústico de 2,086.06 metros cuadrados que compró mediante escritura pública otorgada ante la Notaría 31 de Mérida por 80 mil pesos.
En el mismo poblado aparece otra operación casi idéntica: el folio 1553122, que ampara un predio rústico de 1,773.23 metros cuadrados, adquirido también en 2024 por apenas 70 mil pesos.

En ambos casos, los vendedores eran campesinos locales y los precios pagados equivalen a poco más de 35 a 40 pesos por metro cuadrado, una cifra extremadamente baja incluso para terrenos rurales de la zona.
Al valor actual del mercado, donde terrenos similares en los alrededores de Umán se ofertan entre 250 y 350 pesos por metro cuadrado, estos predios podrían valer entre 440 mil y 700 mil pesos cada uno. Esto significa que, en cuestión de meses, la plusvalía potencial de estas tierras se habría multiplicado varias veces.
Aunque individualmente parecen operaciones modestas, estas adquisiciones revelan una estrategia recurrente: la compra de terrenos baratos en zonas rurales con posibilidades de urbanización o especulación inmobiliaria.
Sin embargo, la joya territorial del portafolio inmobiliario del notario se encuentra en la costa poniente de Yucatán. El folio 125016 del Registro Público documenta la compra de un terreno rústico en Celestún, con una extensión de 39,064 metros cuadrados, es decir, 3.9 hectáreas.





La operación se concretó en 2015 mediante escritura pública otorgada ante la Notaría 26 de Mérida, con un precio de 380 mil pesos. El predio colinda al norte con la zona marítima del Golfo de México y al sur con áreas de ciénega, una ubicación que lo coloca dentro de una de las zonas ecológicas y turísticas más valiosas de la costa yucateca.
A precios actuales del mercado inmobiliario costero, donde terrenos cercanos a la playa pueden superar fácilmente los 200 o incluso 300 pesos por metro cuadrado, ese terreno podría alcanzar un valor estimado de entre 6 y 10 millones de pesos.
En otras palabras, una compra realizada por menos de medio millón de pesos podría hoy multiplicar su valor varias veces, impulsada por la creciente demanda de terrenos frente al mar en la península de Yucatán.
Pero el portafolio de Cámara Seba no se limita a predios rurales. También incluye propiedades urbanas dentro de la capital yucateca.
Una de ellas se encuentra en el fraccionamiento Ampliación Tixcacal Opichén, al poniente de Mérida. De acuerdo con el folio 623143, el notario adquirió en 2015 un solar urbano de 283.41 metros cuadrados por 120 mil 500 pesos.
En el mercado actual, terrenos de ese tamaño en esa zona pueden cotizar entre 1.1 y 1.8 millones de pesos, dependiendo del nivel de urbanización y servicios.
Otra propiedad urbana aparece en la colonia Petkanché, donde el notario compró en copropiedad un predio de 360 metros cuadrados por 500 mil pesos en 2014.
Actualmente, casas o terrenos de esa dimensión en esa colonia pueden superar los 4 o incluso 5 millones de pesos, lo que sugiere un incremento sustancial de su valor con el paso del tiempo.
Quizá la inversión más visible del notario se encuentra dentro del complejo Vía Montejo, uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos de Mérida.
El folio 1513237 documenta la adquisición de un departamento en el condominio Indico Residencial, ubicado sobre la prolongación de Paseo de Montejo.
La propiedad corresponde al departamento 602, con una superficie de 110 metros cuadrados, además de dos cajones de estacionamiento. La transacción se realizó en 2024 por 3 millones 394 mil pesos.
En el mercado inmobiliario actual, departamentos de ese complejo pueden cotizar entre 4.8 y 5.6 millones de pesos, dependiendo del nivel y amenidades.
Esta propiedad confirma que las inversiones del notario no se concentran únicamente en tierra rural o especulación territorial, sino también en proyectos residenciales de alto valor.
Otra adquisición registrada corresponde a un terreno en el municipio de Progreso, cerca de la carretera Mérida-Progreso.
El folio 742309 indica que Cámara Seba compró en 2021 un terreno rústico de 524.60 metros cuadrados por 300 mil pesos.
El predio se ubica cerca de la hacienda San Ignacio y de la carretera principal que conecta Mérida con el puerto de Progreso, una de las zonas con mayor presión inmobiliaria en la última década.
Con el crecimiento urbano y turístico de la zona costera, terrenos similares hoy pueden alcanzar entre 800 mil y 1.2 millones de pesos.
Más de cuatro hectáreas de tierra. Si se suman únicamente las superficies identificadas en los registros revisados, el patrimonio territorial del notario alcanza al menos: 39,064 m² en Celestún; 2,086 m² en Poxilá; 1,773 m² en Poxilá; 524 m² en Progreso; 360 m² en Petkanché; 283 m² en Tixcacal Opichén
En total, esto equivale a aproximadamente 44,090 metros cuadrados, es decir, 4.4 hectáreas de tierra.
Este cálculo ni siquiera considera otras propiedades que pudieran existir en registros no revisados o en sociedades mercantiles.
Una fortuna inmobiliaria en expansión. El valor de compra documentado en las operaciones revisadas suma aproximadamente 4.4 millones de pesos. Sin embargo, al estimar su valor comercial actual, el patrimonio inmobiliario del notario podría ubicarse entre 23 y 36 millones de pesos.
Esta cifra se explica principalmente por la plusvalía de terrenos costeros, predios rurales cerca de zonas urbanizables, propiedades residenciales en Mérida y desarrollos inmobiliarios de alto nivel.
En un estado donde el mercado inmobiliario ha experimentado un crecimiento acelerado durante la última década, quienes han adquirido tierra con anticipación han visto multiplicarse su patrimonio.
La revisión de los folios del Registro Público muestra un patrón común en el sector inmobiliario: comprar tierra barata en zonas rurales o costeras y mantenerla en espera de plusvalía.
La diferencia, en este caso, es que el propietario de esas tierras no es un desarrollador inmobiliario, sino un notario público.
La función del notario en México implica actuar como fedatario en operaciones jurídicas, incluidas las compraventas inmobiliarias. En Yucatán, el acceso a una patente notarial suele abrir la puerta a una intensa actividad en el mercado de bienes raíces.
En ese contexto, el crecimiento patrimonial de Cámara Seba en apenas tres años de actividad como notario plantea interrogantes sobre la rapidez con la que ha logrado consolidar una cartera inmobiliaria de millones de pesos.
Un fenómeno que se repite. El caso de Cámara Seba no es aislado. En distintas entidades del país, notarios, abogados y operadores inmobiliarios han sido señalados por aprovechar el acceso privilegiado a información del mercado para adquirir predios antes de que aumente su valor.
En Yucatán, donde el auge inmobiliario ha sido impulsado por la llegada de inversionistas nacionales y extranjeros, el acaparamiento de tierra se ha convertido en una práctica cada vez más común.
Mientras la expansión urbana continúa avanzando hacia municipios como Umán, Progreso y Celestún, la tierra que hoy parece barata puede convertirse mañana en una mina de oro.
En ese escenario, los registros públicos revelan cómo, en apenas unos años, un notario ha reunido más de cuatro hectáreas de tierra y propiedades de alto valor, consolidando un patrimonio que podría valer decenas de millones de pesos.
Y lo más llamativo es que la historia apenas comienza.
