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Ciencia

En 10 años no será ciencia ficción hablar de vivir 130 o 140 años”

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Nada hacía presagiar que la madrileña Corina Amor iba a convertirse en una prestigiosa científica. Ni sus padres ni nadie de su entorno más cercano se había dedicado a la investigación, ni siquiera ella misma se decantó por ella a la hora de escoger carrera.

Estudió Medicina en la Complutense pero esa parte que puede tener de “frustrante por la falta de tratamiento para muchas enfermedades” la llevó a decantarse por el laboratorio, porque “prefería descubrir algo”.

Y vaya si lo está haciendo. Se fue a Estados Unidos a estudiar el doctorado y hace un año fue elegida para un programa destinado a los científicos jóvenes, lo cual ya es un hito, pues “hay pocos, y en Europa ninguno”.

Lo consiguió gracias a su tesis, calificada como “revolucionaria” porque se basa en la utilización de células CAR-T para que eliminen a las causantes del cáncer y el envejecimiento. En este momento ya ha completado los ensayos en el laboratorio y prevé que en dos o tres años esta técnica comience a experimentarse con humanos, a lo que habría que sumar otros dos o tres para que empezase a aplicarse.

O sea, que Corina Amor podría hacer realidad uno de los sueños más viejos de la humanidad: alargar la vida lo más posible y, lo que es más realista según ella, “sobre todo alargarla con buena salud tanto física como metal, dado que la longevidad está determinada genéticamente”.

Pero si alguien ya está dando saltos de alegría, tendrá que saber que de momento se trata de una terapia muy cara, aunque a Corina le gustaría que en un futuro fuera accesible a todo el mundo. Y eso que hablamos de una sola inyección: “La terapia celular es muy cara, entre otras cosas porque es personalizada.

Pero estamos estudiando el uso de células universales, que sean de un paciente pero puedan ayudar a otros. Por tanto, si miramos a largo plazo, los costes serán menores. Y si se usa contra enfermedades crónicas y se suma el coste que suponen los tratamientos largos, el coste puede igualarse”.
Líder de un equipo.

Hasta aquí la Corina científica, pero queremos acercarnos a la Corina mujer, esa que a sus 29 años dirige a un equipo de seis científicos (aunque le gustaría que fueran más). “Les pido curiosidad y mucha tenacidad. La ciencia es ensayo-error, y por eso hay que estar muy motivado y no desanimarte.

Nada de ratas de laboratorio, somos personas que podemos causar mucho impacto en la sociedad, me encanta descubrir cada día algo que nadie más sabe”.

¿Cómo sin haber cumplido los 30 ejerce el mando? “Tienes que dar libertad y espacio, los recursos y el ambiente necesario para que desarrollen su creatividad, pero de vez en cuando también es necesario un golpe en la mesa”.
Si se le pregunta por esa figura de referencia a la que admira, Corina dice que nadie es perfecto y no hay que idealizar, sino buscar en cada uno determinadas cualidades. Aun con todo, nombra a la fallecida Margarita Salas como “la científica que trabajó en Nueva York con Severo Ochoa y luego volvió a España y entrenó a toda una generación de investigadores”.
De ideas firmes, como puede verse, aun así Corina ha sufrido más de lo necesario por ser mujer y joven: “Te toman menos en serio, tienes que demostrar tu valía continuamente. Cuando vas a congresos, siempre hay algún señor mayor que piensa que no tienes ni idea y que luego, cuando ve que no es así, cambia de actitud”.
Una situación a la que ella le quita hierro porque, dice, “sucede en todos los ámbitos y en todos los sitios, también en Estados Unidos”. Estados Unidos, su lugar de trabajo donde, dice, la ciencia está considerada de manera muy diferente que en España. “Allí falta financiación y sobra burocracia. Pero los científicos que hay son muy buenos. Se realizó un estudio para ver la productividad científica en función del dinero del que disponían en varios países, y los españoles resultaron de los más productivos, pero hacen falta más recursos”.
La vida en Estados Unidos
Ella misma dice que no podría haber desarrollado su idea de haberse quedado aquí: “Son proyectos supercaros y requieren libertad, porque era algo totalmente nuevo. Debía tener el espacio necesario para llevarlo a cabo”.
Así que vive “la dura vida del emigrante”, afirma con humor: “No eres de ningún sitio. Cuando voy a España la gente ha seguido con su vida, como es lógico, y nada es igual. Pero tampoco voy a ser nunca americana del todo”.
Se resigna con la misma fuerza que pone en su trabajo y en su actitud: “Por cada experimento que sale hay tres que no, y hay que aprender de ellos. Es tan útil un resultado negativo como uno positivo, porque te ayuda a dar forma al proyecto”.
Si Corina logra su propósito, varios temas candentes tomarán más relevancia que nunca, desde el económico por el alargamiento de la vida y por tanto de las pensiones, hasta el sociológico por quién atenderá a los mayores… “Sí”, señala Corina, “la ciencia avanza más rápido que la legislación. Tendríamos que trabajar con sociólogos y políticos para desarrollar un plan”.
Para terminar, la pregunta del millón: ¿es a día de hoy ciencia ficción hablar de vivir hasta los 130 o los 140 años? “A día de hoy sí, pero quizá en 10 años no. Aunque es más realista hablar de calidad de vida que de esperanza de vida”.
Corina Amor se ríe cuando le digo que si lo logra quizá reciba un Premio Nobel y dice con modestia: “No, no es tan importante. Se lo merecen mucho más otros por cosas más fundamentales. (EL MUNDO:COM)

 

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