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Mérida

El barrio de Itzimná de la Mérida que se nos fue…

Por Sergio Grosjean
Al arribar los españoles en el siglo XVI a la antigua ciudad de T´hó recorrieron los llamados pueblos de indios hasta llegar al más lejano, en el que se percataron que era una pequeña aldea o santuario dedicado al dios Itzamná, y visiblemente no formaba parte del asentamiento sobre el que se construyó la ciudad de Mérida, que en aquel momento se encontraba abandonada a excepción de unos cientos de personas que todavía vivían en lo que fue la esplendorosa ciudad como la describe Fray Diego de Landa.
Con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, el pueblo de Itzimná fue poblándose paulatinamente de casas de descanso o de campo de gente adinerada hasta tener comunicación por medio del tranvía que se instaló a finales del siglo XIX, hasta que finalmente el entretejido urbano la absorbió.
Una de las construcciones más antiguas del actual barrio son las casas de los corredores de madera, ubicada en la esquina de las calles 17 con 19, y muy curioso nos resulta que estas fueron mandadas edificar por Joaquín García Ginerés para venderlas en forma de rifa que se desarrollaría el 1 de enero de 1905, pero como la venta de los números no resultó tan atractiva como esperaba, incluyó en dicho sorteo un carruaje para motivar a los posibles inversionistas. Por fortuna, a pesar que se manufacturaron con materiales perecederos todavía existen.
Un dato interesante, es que a principios del siglo pasado, se instalaba en el antiguo terreno donde hoy se ubica el Colegio Montejo -donde por cierto cursé mi primaria y aprovecho felicitar a tod@s los maestr@s en su día-, un parque de diversiones muy adelantado para su época en la región e incluso en el país. Estas son las pocas imágenes que conozco de este emblemático sitio que existió en la Mérida que se nos fue y con ello darnos una pequeña idea de lo que significaba para aquel entonces.
Es así, que en los albores del siglo XX, el suburbio o pueblo de Itzimná causó furor en la sociedad yucateca ya que se abrió un parque de diversiones (que por cierto ni ahora tenemos) en el que había juegos mecánicos y otras áreas para el sano esparcimiento a todo tipo de personas ya sea niños, jóvenes y adultos.
El sitio se llamaba Recreos de Itzimná. Las imágenes hablan por si mismas, ya que además de las amenidades contaba con toda la elegancia que caracterizó el Porfiriato. En la foto superior izquierda se observa un tranvía que venía desde el centro de la ciudad; a la derecha e imagen inferior se ubica la montaña rusa y otras bellas edificaciones que parecen ser de madera. Obviamente al fondo no podía faltar una veleta para extraer agua que tanto caracterizó a la ciudad llamada en aquel entonces “La ciudad de las veletas”
Finalmente, no podemos cerrar este breve escrito citando sin mencionar la bella parroquia de Itzimná que se encuentra ubicada en la plaza principal del barrio, siendo que el templo está dedicado a la adoración del Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y que fue inaugurada en 1710 como parte de una promesa cumplida de Don Andrés Chan como se puede leer en la placa que se encuentra en el templo.
El interior del templo es muy sencillo de una sola nave de muros blancos y lisos, el techo es en forma de bóveda de cañón y el presbiterio es sencillo solo cuenta con un nicho de piedra donde se encuentra la imagen la Virgen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro traída de París en 1907 por la familia Martínez Campos, misma que la dono definitivamente al templo en 1927.
Finalmente, luego de recorrer la colonia sin número de veces desde mi infancia y revisar cientos de documentos y archivos, hasta el presente no he ubicado el cementerio que sin duda hubo en la zona. Si algún antiguo poblador de este maravilloso barrio tiene alguna pista mucho le agradeceré comentarlo. Feliz semana. Sergio Grosjean Abimerhi 15 de mayo de 2023.
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