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Diputada hace ridículo del año
- La diputada de Morena Naomi Peniche dio un espectáculo lamentable en la reciente sesión del Congreso del Estado, demostrando que presidir la Mesa Directiva le queda gigantesco y que el reglamento interno le suena a chino mandarín.
Redacción/Sol Yucatán
Parece que remojar los pies en los charcos no le refrescó las neuronas, y repartir horchata no fue suficiente para ganar un gramo de sentido común. La diputada de Morena, Naomi Peniche, dio un espectáculo lamentable en la reciente sesión del periodo extraordinario del Congreso del Estado, demostrando que presidir la Mesa Directiva le queda gigantesco y que el reglamento interno le suena a chino mandarín.
La «brillante» actuación de la legisladora morenista arrancó entre carcajadas de los propios diputados cuando, al intentar darle entrada a un oficio, soltó muy campante que «ya le había dado el visto bueno la Secretaría» para que se procediera a su lectura. Las risas no se hicieron esperar: alguien tendría que avisarle a la diputada que ella es la presidenta y que la facultad del visto bueno es suya, no de la secretaría. Un tropezón digno de principiante que dejó al descubierto su completa ignorancia sobre el protocolo legislativo.
Pero el plato fuerte del circo morenista vino a la hora de la votación. En un despliegue de matemáticas avanzadas al estilo de la «Cuarta Transformación», Naomi Peniche declaró sin despeinarse que el asunto quedaba “aprobado por unanimidad» tras registrar 31 votos a favor y tres en contra.
¡Plop! Como si se tratara de una historieta de Condorito, más de dos legisladores casi se caen de sus curules ante semejante burrada. ¿Desde cuándo una votación con votos en contra es unánime? Tal parece que en la escuela de capacitación de Morena las matemáticas básicas y el diccionario son asignaturas optativas.
Lo de la diputada Peniche ya no es solo falta de preparación, es una muestra del nivel con el que la bancada guinda pretende dirigir los destinos del estado. Si así cuentan los votos y así entienden las leyes, que Dios nos agarre confesados cuando intenten legislar cosas de verdad importantes.
Por lo pronto, a la diputada le valdría más regresar a repartir su famosa horchata y a tomar clases intensivas de primaria, porque cada vez que toma el micrófono en el recinto legislativo, lo único que aprueba por unanimidad es la vergüenza ajena.
