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De notario a acaparador de tierras
- Fernando Vales Tenreiro, titular de la Notaría 19 de Yucatán, forma parte de la élite inmobiliaria que decide el futuro de la entidad
- El fedatario cuenta con una fortuna en propiedades de más de 100 millones de pesos en los municipios de Muxupip, Tixkuncheil, Progreso y Kanasín
- Pertenece a una élite silenciosa integrada por notarios, exfuncionarios, desarrolladores y operadores legales
Redacción/Sol Yucatán
En Yucatán ya no solo los desarrolladores acaparan tierra. Tampoco los consorcios que construyen privadas, parques solares o fraccionamientos de lujo. Hoy, quienes certifican esas operaciones, los notarios, también forman parte del pequeño círculo que decide qué tierra se valora, qué tierra se urbaniza y qué tierra se compra antes de que los demás sepan siquiera que existe.
Entre ellos destaca un nombre que, lejos de la discreción que suele rodear al notariado, aparece una y otra vez en compras estratégicas: Fernando Vales Tenreiro, titular de la Notaría 19.
Durante más de una década, Vales Tenreiro ha consolidado un portafolio patrimonial que supera los 100 millones de pesos, construido no desde la exhibición empresarial, sino a partir de la información privilegiada que cruza su escritorio cada día: subdivisiones, mensuras catastrales, compra de ejidos, avisos preventivos, ampliaciones urbanas, litigios por posesión y precontratos de venta de tierra. Esa información, a la que el ciudadano común nunca tiene acceso, funciona para algunos notarios como brújula inmobiliaria. Y Vales Tenreiro, según los registros públicos, ha sabido usarla con precisión quirúrgica.
Los folios del Registro Público de la Propiedad siguen un patrón claro: primero certifica operaciones de terceros, luego aparece como comprador en zonas que apenas empiezan a calentarse. No es coincidencia: es un comportamiento repetido en Muxupip, Tixkuncheil, Progreso y Kanasín.

Mientras miles de yucatecos ven cómo la tierra se les escapa de las manos, el notario adquiere hectáreas completas a precios impensables en el mercado actual. No son compras aisladas, sino paquetes estratégicos, realizados el mismo día, al mismo vendedor o en el mismo corredor territorial.
En Muxupip, hoy uno de los destinos predilectos para desarrolladores solares y privadas campestres, Vales Tenreiro adquirió 10 hectáreas (100,000 m²) en 2018 por $4.35 millones, cuando esa misma superficie hoy supera fácilmente los 35 millones. En Tixkuncheil, una de las zonas más codiciadas por inversionistas, compró tres tablajes rústicos en un solo día por $250,000, $150,000 y $150,000, montos absurdamente bajos para superficies de más de 10 mil metros cuadrados.
En el corredor Progreso–Chicxulub, donde los lotes ejidales se han convertido en oro para fraccionadores y proyectos turísticos, pagó $100,000 pesos por una hectárea, cuando hoy incluso la tierra sin servicios ya se ofrece en millones. Y cuando no aparece solo, aparece como copropietario: como en Kanasín, donde figura con el 10% de un predio de 2.4 hectáreas con valor declarado de $132.5 millones de pesos, una cifra que pocos inversionistas podrían siquiera imaginar.

El mapa de sus propiedades no deja lugar a dudas: Vales Tenreiro sabe exactamente dónde comprar, cuándo comprar y a quién comprarle. Yucatán vive una moda silenciosa: los notarios ya no solo certifican las operaciones inmobiliarias; hoy también son parte activa de la élite patrimonial que se adelanta a los desarrolladores, a los inversionistas tradicionales e incluso a las propias autoridades urbanísticas. Forman una sociedad inmobiliaria privilegiada que compra antes de que llegue la luz, antes de que se abra la carretera, antes de que el ejido se regularice, antes de que la zona se vuelva tendencia. En esa lógica, Fernando Vales Tenreiro es uno de los jugadores más visibles.
Los registros revelan que su portafolio incluye tierra rústica de gran extensión en Muxupip, Baca, Tixkuncheil y Kanasín; predios urbanos en Fraccionamiento Campestre, una de las zonas más caras de Mérida; un lote profundo en Progreso que llega hasta la zona colindante con el Golfo de México; y más de 23 hectáreas documentadas únicamente en la muestra de folios revisados.
La narrativa oficial insiste en que los notarios son simples certificadores de actos. Sin embargo, la realidad documentada demuestra que algunos se han convertido en magnates inmobiliarios discretos, con acceso a información que les permite anticiparse a las olas de plusvalía.
Un notario es la puerta de acceso a compraventas ejidales que están por regularizarse, a terrenos con potencial urbano, a cambios de uso de suelo, a proyectos millonarios aún no públicos, a familias deseosas de vender antes de que el precio explote y a conflictos de propiedad que liberan grandes superficies a precios de oportunidad.
Esa información es oro puro. Y quien la tiene primero, decide antes. En los folios del RPP, Vales Tenreiro aparece comprando justo antes de que el valor llegue, antes de que el metro cuadrado se dispare y antes de que la zona entre en el radar de las inmobiliarias.





Su caso no es único, pero sí paradigmático. Representa la figura del notario que no solo observa la riqueza territorial de Yucatán, sino que participa activamente en su acumulación. Pertenece a una élite silenciosa integrada por notarios, exfuncionarios, desarrolladores y operadores legales que, desde escritorios privilegiados, colocan sus fichas en el tablero inmobiliario antes de que los demás puedan verlas.
La historia de Fernando Vales Tenreiro, documentada folio por folio, muestra que no solo certifica la expansión territorial de Yucatán: también la capitaliza. Y mientras la tierra se vuelve inaccesible para miles de familias, él se adelanta, compra primero y se consolida como uno de los nuevos barones inmobiliarios del estado.
