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¡A la orden patrón!

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José González/ Sol Yucatán

Hay naturalezas que nacen encadenadas no por la fuerza de los fierros, sino por la comodidad de la obediencia. Existen quienes prefieren el papel de segundones, incapaces de sostener la mirada del poder por una mezcla de incapacidad propia y pánico reverencial hacia el patrón. Es el retrato fiel de Dafne López Martínez, quien, ostentando un nombramiento formal que sugeriría autoridad, padece la debilidad congénita de no poder —ni querer— soltar la mano de su amo, Mario Millet Encalada.

Para entender esta estampa moderna hay que mirar hacia atrás, a las viejas crueldades de las haciendas henequeneras. Allá operaban los mayocoles; aquellos mestizos que fungían como capataces y segundos al mando, encargados de mantener a latigazos a sus propios hermanos de clase. Su único mérito histórico, consistía en demostrar una fidelidad ciega y servil al amo, aun cuando eso significara pisotear a los suyos.

Parece que en los tiempos del llamado «Renacimiento Maya» no solo se resucitan discursos, sino también los peores vicios de la servidumbre. Hoy renace la figura del mayocol, aquel que cambia la dignidad por la migaja del favor político o económico, rindiendo tributo incuestionable a su patrón. Dafne López y su amo Mario Millet son la postal perfecta de esta relación de subordinación anacrónica.

Un poder sin autonomía

Lo trágico del personaje no es la falta de nombramiento, sino de autoridad. Tener un cargo y carecer de autonomía es el equivalente a administrar una celda propia. El mayocol moderno sonríe desde la comodidad del cargo, creyéndose parte de la élite, pero no pasa de ser el ejecutor de las órdenes que otros dictan desde la comodidad de la sombra.

Se dice que Mario Millet dicta el ritmo; Dafne López asiente con la sumisión de quien teme el desamor del jefe más que el juicio de la historia.

Es la tragedia del subordinado voluntario; aquel que prefiere ser verdugo de sus iguales con tal de asegurar la aprobación del amo.

Entre la complicidad y el ridículo

La historia no suele perdonar a los mayocoles. Mientras el patrón protege sus intereses y mantiene el control desde arriba, el segundón absorbe el desgaste, el desprecio social y la factura moral de servir de instrumento.

Queda claro que se puede cambiar de época, de gobierno y de discurso, pero los viejos hábitos del vasallaje no mueren fácil. En esta obra de teatro regional, donde el libreto ya es conocido pareciera que Dafne López insiste en interpretar el papel más ingrato; el del fiel mayocol que cuida las espaldas del patrón mientras se aleja, irremediablemente, de su propia dignidad.

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