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151 mil mdp de mentira

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  • Joaquín Díaz Mena presume 88 proyectos, 151,805 millones de pesos y 79,289 empleos, pero deja sin explicar de dónde saldrá el dinero, quién controla las inversiones y cuánto de ese supuesto desarrollo realmente se quedará en Yucatán

Redacción/Sol Yucatán

El gobernador Joaquín Díaz Mena pretendió presentar a Yucatán como el próximo gigante industrial del país, pero terminó exhibiendo una de las principales debilidades de la actual administración: una lluvia de cifras millonarias sin explicar con claridad cómo se financiarán, quién pondrá el dinero y cuánto de esa supuesta bonanza terminará realmente en los bolsillos de los yucatecos.

El guion preparado para el mandatario presume un portafolio de 88 proyectos con una inversión estimada de 151 mil 805 millones de pesos, además de la generación proyectada de 79 mil 289 empleos.

Sobre el papel, las cifras resultan espectaculares. El problema aparece cuando se intenta responder una pregunta elemental: ¿de dónde saldrán realmente esos 151,805 millones de pesos?

Ahí comienza el vacío.

En una entrevista concedida a El Economista, expone montos y etapas de inversión, pero no desglosa de manera clara qué porcentaje corresponde al Gobierno Federal, cuánto aportaría el Gobierno del Estado y qué cantidad provendría de capital privado.

Tampoco queda establecido si se utilizarán recursos ya presupuestados, ingresos propios del Estado o algún mecanismo de financiamiento.

Y si una parte considerable del ambicioso portafolio terminara dependiendo de empréstitos, el asunto dejaría de ser una simple presentación de proyectos para convertirse en un problema de riesgo financiero para Yucatán.

Comprometer recursos futuros bajo la expectativa de que las inversiones producirán retornos suficientes implicaría depender de variables macroeconómicas que están fuera del control del Gobierno estatal. El desarrollo no puede venderse como certeza cuando buena parte de sus condiciones financieras todavía están sujetas a factores externos.

La derrama que podría irse de Yucatán

Otro de los puntos cuestionables es la manera en que se presenta la llamada “derrama económica local”.

El Gobierno presume como piezas fundamentales la ampliación del Puerto de Altura de Progreso y el aprovechamiento de la infraestructura vinculada al Tren Maya.

Sin embargo, ambas obras involucran infraestructura federal y zonas bajo administración de instancias como la Secretaría de Marina (Semar) y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

En proyectos de esta magnitud, las licitaciones y contratos no necesariamente terminan en empresas yucatecas. La participación de grandes compañías constructoras foráneas implica que una parte importante de los recursos puede terminar fuera del estado.

Es decir, el dinero puede llegar a Yucatán para ejecutar una obra, pero no necesariamente quedarse en Yucatán.

Ese pequeño detalle resulta fundamental cuando se habla de una supuesta transformación económica de la entidad.

El Gobierno se cuelga proyectos de Vila

En el apartado de inversión privada aparece otro problema: una parte importante de los proyectos presumidos por la actual administración no nació durante el Gobierno de Joaquín Díaz Mena.

De acuerdo con la información planteada, alrededor del 80 por ciento de las inversiones multimillonarias atribuidas al actual portafolio corresponden a gestiones y cierres financieros avanzados durante la administración del exgobernador Mauricio Vila Dosal y su secretario de Economía.

Entre los proyectos que ahora forman parte de la narrativa del desarrollo industrial aparecen la planta de Heineken, con una inversión de 8 mil 700 millones de pesos; ShineGreen Energy, con 3 mil 850 millones; y el campus de la Universidad Iberoamericana, con 2 mil 500 millones de pesos.

La discusión no es únicamente quién colocó la primera piedra o quién aparece en la fotografía.

El problema es presentar como conquista propia proyectos cuya gestión venía de la administración anterior, mientras se vende el conjunto como resultado directo de la nueva política económica.

Y existe otro factor que tampoco puede ignorarse: las inversiones privadas no son recursos garantizados por decreto.

Dependen de los planes empresariales, del comportamiento de los mercados internacionales, de las condiciones financieras y hasta de los movimientos bursátiles de los grupos involucrados.

Por eso, convertir proyecciones de inversión en hechos consumados resulta, cuando menos, aventurado.

79 mil empleos, pero ¿de qué calidad?

La cifra de 79 mil 289 empleos es quizá una de las más atractivas de la entrevista.

Pero detrás del número aparece una pregunta que los asesores del gobernador tampoco parecen haber considerado: ¿qué clase de empleos serán?

Si los proyectos industriales finalmente se concretan, evidentemente habrá nuevas fuentes laborales, y eso sería positivo para la entidad.

Pero no basta con contar plazas.

La promesa de que este desarrollo industrial elevará automáticamente la calidad de vida de las familias yucatecas corre el riesgo de convertirse en una utopía si los nuevos empleos mantienen esquemas salariales precarios.

Los llamados polos industriales y corredores de alta tecnología pueden terminar reproduciendo el modelo de las maquiladoras contemporáneas: grandes inversiones, producción para conglomerados internacionales y una fuerza laboral local con remuneraciones que apenas superan el salario mínimo.

En ese escenario, Yucatán podría estar ofreciendo algo muy concreto a las grandes empresas: mano de obra barata para aumentar sus márgenes de ganancia.

Y mientras eso ocurre, las familias enfrentan una realidad distinta: inflación, aumento en el costo de la vivienda y una acelerada gentrificación que encarece vivir en el estado.

Por eso, 79 mil empleos no significan automáticamente 79 mil familias fuera de la pobreza.

35 mil mdp para electricidad pero siguen los apagones

El apartado energético tampoco escapa a la contradicción.

La administración presume 35 mil 096 millones de pesos de inversión para alcanzar una capacidad de generación de 5 mil 184 megawatts.

La cifra vuelve a sonar monumental.

Pero mientras se habla de macroproyectos energéticos, miles de familias yucatecas continúan enfrentando apagones y fallas en el suministro eléctrico, especialmente durante los periodos de calor extremo.

El problema no necesariamente está en la generación, sino también en la infraestructura de transmisión y distribución.

Por eso, una pregunta sencilla vuelve a aparecer: ¿de qué sirve presumir miles de megawatts si la energía no llega de manera confiable a los hogares?

Las grandes inversiones energéticas no necesariamente resuelven de inmediato los problemas cotidianos de municipios como Kanasín o Umán, donde los habitantes siguen padeciendo interrupciones del servicio.

El problema de fondo no es que Yucatán busque inversiones.

Tampoco que el Gobierno quiera presumir proyectos industriales.

El verdadero cuestionamiento está en vender como una transformación consumada lo que todavía son, en buena medida, proyecciones, inversiones privadas condicionadas y obras cuya ejecución y financiamiento dependen de otras instancias.

El gobernador tiene todavía cuatro años de administración por delante.

Lo que necesita no son entrevistas repletas de cifras espectaculares que después resulten difíciles de sostener, sino información precisa sobre quién pone cada peso, quién ejecuta cada proyecto, cuánto dinero se queda en Yucatán, qué empleos se crearán, cuánto pagarán y qué beneficios concretos recibirán las familias.

Porque el ciudadano no mide el crecimiento económico en una entrevista financiera ni en una tabla de inversiones.

Lo mide cuando llega al supermercado.

Lo mide con su salario.

Lo mide cuando intenta pagar una renta.

Lo mide frente al precio de una vivienda.

Y lo mide, sobre todo, cuando el transformador explota en plena madrugada y se queda sin luz en medio del calor.

Por eso, el llamado para el gobernador es directo: deje de ser rehén de las cifras que le preparan sus asesores y exija resultados verificables, transparentes y palpables.

Los 151 mil 805 millones de pesos pueden convertirse en desarrollo real o quedarse en una cifra espectacular para una entrevista.

La diferencia estará en saber de dónde saldrá el dinero, quién se beneficiará y cuánto de ese supuesto Renacimiento Maya terminará realmente en Yucatán.

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