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Servil pasarela política
Grotesco espectáculo de cumpleaños de opulencia, lujo y derroche
- Aspirantes a candidaturas, funcionarios desorbitados y oportunistas de toda índole abarrotaron el lugar para rendir pleitesía al gobernador, en un vergonzoso ejercicio de besamanos donde la ambición personal pesó más que el compromiso social.
José González/Sol Yucatán
Mérida, Yucatán. — Mientras miles de familias yucatecas se enfrentan a diario con la amarga realidad de hospitales cerrados, apagones, largas filas para esperar el camión, desabasto de medicinas y calles destrozadas ahogando a los municipios, el gobernador Joaquín Díaz Mena prefirió darle la espalda al pueblo para entregarse a un grotesco espectáculo de opulencia, lujo y soberbia.
Lo que en el discurso oficial se disfraza de «austeridad republicana» quedó aplastado bajo el peso de un derroche escandaloso. La fiesta de cumpleaños del mandatario estatal, montada bajo la superficial temática “Back in time”, no fue más que un despliegue de frivolidad que confirma lo que muchos ya advertían: Morena en el poder no es más que la repetición corregida y aumentada de los viejos vicios del autoritarismo, las élites desconectadas de la realidad y la demagogia pura.
El festejo fue una descarada y servil pasarela política.
Aspirantes a candidaturas, funcionarios desorbitados y oportunistas de toda índole abarrotaron el lugar para rendir pleitesía al jefe del Ejecutivo, en un vergonzoso ejercicio de besamanos donde la ambición personal pesó más que el compromiso social.




La fiesta congregó a una multitud desproporcionada, un número de invitados que superó con creces a la población total de San Felipe, el pueblo natal del gobernador, en una muestra clara de cómo la cúpula gobernante prefiere llenar fiestas para el aplauso inmediato antes que atender las verdaderas urgencias de la ciudadanía.
La velada transcurrió entre el estruendo de grupos musicales contratados a manos llenas, un deslumbrante show de luces, explosiones de pirotecnia que iluminaron la noche y una marea inagotable de comida y bebidas de lujo que corrieron a más no poder.
Mientras el cielo se encendía con pólvora costosa y las mesas del régimen desbordaban abundancia para agradar a la nueva clase privilegiada, las salas de espera de los hospitales públicos siguen a oscuras y sin insumos.
Frente a semejante exhibición de exceso, la indignación popular estalla con preguntas inevitables que retratan la crisis moral de esta administración.




¿De dónde salió semejante dineral para financiar este banquete de la élite morenista?
¿Con qué calidad moral pretende el gobierno endeudar a Yucatán solicitando un préstamo por 1,500 millones de pesos?
¿Para dónde salió semejante dineral para financiar este banquete de la élite morenista?
¿Para eso querían el dinero de los impuestos, para quemarlo en pirotecnia, música, banquetes y propaganda personalista?
El verdadero rostro del régimen ha quedado al descubierto. La tan pregonada «austeridad» de Morena no es más que una farsa mediática, un cuento de propaganda para los de abajo mientras los de arriba se gastan sin pudor el botín del “Renacimiento Maya”.
