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“Solo estoy buscando a mi hermano”

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Wendy Hidalgo y el nacimiento de las madres buscadoras en Escárcega

  • Ante la indolencia institucional y un expediente plagado de irregularidades en Campeche, Wendy Hidalgo fundó la colectiva tras la desaparición de su hermano. Hoy enfrenta la burocracia, la falta de apoyo estatal y el temor en una región marcada por el avance de la violencia.

Por Claudia V. Arriaga Durán

“Somos dos hermanos, solo somos él y yo”, pronunció Wendy Hidalgo, fundadora de la colectiva Madres Buscadoras de Escárcega, en Campeche.

Jesús Manuel Hidalgo Flores, de 41 años, está desaparecido desde hace nueve meses. El 11 de diciembre de 2025 fue la última vez que lo vieron en el municipio de Escárcega. Ante su ausencia y la indiferencia de la Fiscalía General del Estado de Campeche (FGECAM) y de otras autoridades para hallarlo, su hermana Wendy emprendió la creación de la colectiva.

“El 11 de diciembre de 2025, mi hermano salió a la parcela La Chiquita. Se fue como a las 4:30 de la tarde y la persona con la que vivía nunca reportó que no llegó a su casa. Nos dimos cuenta el viernes, a las 7 de la mañana, cuando no fue a buscar a sus hijos a la casa en la que vivían”, recordó Wendy.

Al principio la familia no se preocupó porque a Jesús le gustaba convivir con sus amigos y pensaron que se habría quedado con alguno. Así transcurrieron cuatro días. El domingo, Wendy y su madre fueron a dejar flores a la tumba de su padre y aprovecharon el trayecto para pasar a la casa de Fernando, uno de los amigos de su hermano. Él les comentó que se suponía que ese fin de semana harían un trabajo de herrería juntos, pero Jesús nunca le confirmó. Preocupada, Wendy le pidió que las acompañara a La Chiquita.

En el rancho encontraron la reja abierta, la motocicleta de Jesús y su desbrozadora. No había más pistas. Solo ausencia.

“Mi mamá se puso a gritar y a llorar. Fernando y ella subieron al cerro del ranchito y empezaron a gritar su nombre”, rememoró con tristeza.

Jesús vestía una playera polo azul, pantalón camuflado verde militar y botas amarillas. Laboraba en Protección Civil del municipio de Escárcega, por lo que Wendy solicitó de inmediato el apoyo de la brigada, cuyos integrantes acudieron sin dudarlo a sumarse a las labores de rastreo.

Ella no tiene dudas de que su hermano desapareció en su rancho, en la comunidad rural de La Chiquita, donde quedaron sus herramientas de trabajo. Don Lupe, la persona que lo ayudaba con la limpieza, relató que el jueves pasó a verlo para preguntar si aún tenían gasolina. Silvio, director de Protección Civil y jefe de su hermano, confirmó que tras ese día no se presentó a trabajar y que tenían planeado ir a la zona de Chumpán, colindante con Aguacatal, a cazar armadillos.

Como Jesús ya no vivía con la madre de sus hijos, la FGECAM le impidió a ella interponer la denuncia argumentando que ya no estaban juntos. Ante el rechazo institucional, Wendy tuvo que acudir personalmente a reportar la desaparición. Ese día se convirtió en una buscadora con una carpeta de investigación de más de 300 hojas que no conducen a nada.

Desaparecidas y desaparecidos, el dolor que articula de Quintana Roo a Campeche

Al igual que miles de personas en México que enfrentan la desaparición de un familiar, Wendy ignoraba qué camino seguir o a qué puertas llamar. Tras meses de búsqueda y tratos desplicentes por parte de Esteban, el agente de la FGECAM a cargo del caso se enteró de que colectivos de Quintana Roo acudirían a Campeche.

“Dejé el caso por la paz por muchas cosas. La Fiscalía te hace dar vueltas como no tienes idea: que ven mañana, que ven pasado, que no tenemos nada. ¿A quién le preguntas y pides?”, cuestionó.

Sin nada más que perder, consiguió el teléfono de Deysi Blanco, de la colectiva Madres Buscadoras de Isla Mujeres, que busca a Fernanda Cayetano, y la contactó. Tras acordar una reunión, conoció también a Juan José Huerta, fundador de Buscando por Amor tras la desaparición de su hijo en Bacalar en 2024. De la mano de ambos, Wendy comenzó a conocer sus derechos como víctima e investigadora.

Wendy había solicitado en reiteradas ocasiones la sábana de llamadas del teléfono de su hermano, además del apoyo de las Fuerzas Armadas y de los binomios caninos K9 de búsqueda y rescate para peinar los montes. Todo le fue negado.

“El señor Huerta me explicó qué pedir y qué necesito. Me envió las peticiones fundamentadas en la ley, el derecho a exigir y cómo hacerlo. Yo desconocía todo eso. Me daba pánico subir una ficha de búsqueda a redes sociales, las palabras duelen, la gente cuestiona en qué andaba o cómo andaba. Yo solo sé que mi hermano trabaja en Protección Civil, en su rancho y, en su tiempo libre, en la herrería con su amigo Fernando”, reiteró con firmeza.

Ambos activistas la acompañaron a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Campeche, donde interpuso una queja para exigir que las autoridades mantengan activa la investigación. A la fecha, solo la han llamado una vez.

En el proceso, Wendy descubrió una carpeta repleta de inconsistencias. Con un marcatextos amarillo fue subrayando los yerros: oficios repetidos, pasajes copiados e impresos una y otra vez, e incluso documentos fechados en noviembre, cuando la desaparición ocurrió en diciembre.

“Solicité al Ejército, a la Marina y a los perros y me los negaron. Eso duele porque somos pobres y no tenemos nada. Nosotros, los humildes, no somos nada… Yo voy a seguir buscando a mi hermano como sea. El colectivo del señor Huerta no me va a abandonar”, advirtió.

Campeche no reconoce las desapariciones: Escárcega, un foco rojo

El fiscal de Campeche, Jackson Villacis Rosado, reconoció que durante años no se iniciaban carpetas de investigación por la desaparición de personas. Cuando las familias acudían a denunciar, las autoridades asentaban el hecho en un acta circunstanciada, maniobra con la que contenían las cifras oficiales e invisibilizaban la crisis.

En junio, durante la emisión del programa Martes del Jaguar, junto a la gobernadora Layda Sansores, el fiscal admitió que a partir de ese mes, tras la reforma a la Ley General en Materia de Desaparición Forzada, se abrirían carpetas por cada caso. Justificó las omisiones previas bajo la premisa de que muchas personas se ausentan de sus hogares por conflictos personales y no por haber sido víctimas de un delito.

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, Campeche acumula 175 casos.

La situación en Escárcega destaca en el panorama estatal. En julio de 2026, a menos de un mes de las declaraciones del fiscal, las hijas de Edith Ortega Bilbao, de 42 años, y Francisco Rocha Suárez, de 45, solicitaron la intervención de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. La pareja fue privada de la libertad el 29 de junio por un grupo del crimen organizado.

Ante la falta de avances en las investigaciones, una de sus hijas detalló que Edith y Francisco fueron interceptados y amagados con armas de fuego cuando se dirigían a su rancho en la colonia rural La Chiquita. Cinco días después de hacer pública la denuncia y pedir el auxilio del Gobierno Federal, sus cuerpos fueron hallados durante un cateo en un inmueble del municipio.

Para localizar a Edith y a Francisco, se desplegaron operativos con la participación de las Fuerzas Armadas y binomios caninos. En cambio, por Jesús, a pesar de que su hermana lo ha solicitado en reiteradas ocasiones, las autoridades han mantenido el silencio. Las pocas diligencias en campo solo se han concretado mediante la presión de colectivos como Buscando por Amor.

“Sí me da miedo por mi seguridad, pero si vamos con Dios, vamos bien. No estamos haciendo nada malo, solo estamos buscando a nuestros familiares… Solo estoy buscando a mi hermano”, enfatizó Wendy.

La fundadora de Madres Buscadoras de Escárcega continúa sin contar con el respaldo de un defensor de oficio, a pesar de haberlo requerido formalmente. Se vio en la necesidad de contratar un abogado particular, enfocado únicamente en tramitar la pensión alimenticia de sus dos sobrinos.

Entre sus gestiones, solicitó la emisión de una ficha de búsqueda con recompensa, mecanismo habitual en Quintana Roo, pero la FGECAM se la rechazó. Wendy pidió que le entregaran la negativa por escrito y, hasta el día de hoy, sigue esperando respuesta.

“El 26 de agosto metí una solicitud pidiendo una ficha de búsqueda con recompensa como en Quintana Roo. Se usa porque, si la gente sabe que hay dinero, quien tenga información la da. Recibieron la solicitud, pero dijeron que en Campeche no hay recompensas”, afirmó.

En un país que supera las 100 mil personas desaparecidas, cruzado por el temor y la soledad, Wendy continúa el rastreo de su hermano Jesús, con la promesa firme de no parar hasta encontrarlo.

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