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Paciente termina con amputación en el O’HORÁN
¿Esto también pasa en Dinamarca?
Redacción/Sol Yucatán
Una mujer ingresó al Hospital General Dr. Agustín O’Horán con un problema vascular que requería atención especializada. El propio expediente médico documentó la necesidad de valoración por Angiología y Cirugía Vascular, además de Cardiología. Se solicitó su traslado a una unidad de alta especialidad.
La paciente tenía trombosis, problemas graves de circulación, insuficiencia mitral severa e hipertensión arterial pulmonar severa. La situación era delicada desde su ingreso.
Sin embargo, el tiempo pasó.
El expediente señala que se solicitó valoración por Angiología/Cirugía Vascular ante los hallazgos de trombosis y afectación arterial. Incluso se contemplaba la posibilidad de una intervención para atender el problema circulatorio.
La solicitud de traslado al Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán está fechada el 15 de septiembre de 2026, después de que la paciente había ingresado al O’Horán desde el 26 de agosto, inicialmente por un cuadro compatible con trombosis arterial.

Es decir, pasaron semanas entre el ingreso y la solicitud de atención especializada documentada en el expediente.
La historia clínica muestra la gravedad del caso. La paciente presentó disminución de pulsos y llenado capilar retardado, además de dolor en la extremidad. Posteriormente sufrió complicaciones cardiovasculares y respiratorias que obligaron a su ingreso a terapia intensiva, intubación y otros procedimientos.

Con el paso de los días, los estudios continuaron mostrando problemas vasculares. Un ultrasonido Doppler del 30 de agosto reportó trombosis venosa profunda parcial de la vena femoral derecha, mientras que estudios posteriores detectaron alteraciones en arterias de la pelvis y las extremidades.
El 10 de septiembre, una angiotomografía reportó, entre otros hallazgos, trombosis crónica en la arteria ilíaca común y externa izquierda, enfermedad ateromatosa y estenosis arterial, además de disminución de calibre en arterias de la pierna.
Ante ese escenario, el propio documento médico establece: “Se solicita envío para traslado a valorarse por Angiología/Cirugía Vascular así como Cardiología”.
Pero el especialista no llegó de inmediato.
De acuerdo con la información proporcionada a este medio, después de insistencias finalmente se logró contratar al angiólogo, quien valoró a la paciente y solicitó el material quirúrgico necesario para realizar la intervención.
Y aquí surge uno de los puntos centrales del caso: ¿cuánto tiempo pasó entre la necesidad de valoración vascular, la llegada del especialista y la disponibilidad del material necesario para operar?
Porque mientras se esperaba, el problema vascular continuaba.
La paciente, de 64 años de acuerdo con los datos proporcionados por la familia y el documento de referencia, terminó enfrentando una amputación.
Eso no permite concluir, únicamente con el expediente disponible, que la amputación haya sido provocada por una negligencia médica o exclusivamente por la falta de un especialista. La propia paciente presentaba un cuadro vascular y cardiopulmonar complejo y de gravedad, con trombosis y enfermedad arterial documentadas.
Pero tampoco permite pasar por alto el otro elemento: el hospital sí documentó la necesidad de atención por Angiología y Cirugía Vascular y posteriormente se requirió gestionar la llegada del especialista y el material quirúrgico.
La diferencia entre una complicación inevitable y una consecuencia relacionada con una atención tardía requiere una valoración médica especializada que no corresponde hacer a partir de estos documentos.
Lo que sí corresponde preguntar a las autoridades de los Servicios de Salud de Yucatán es qué atención recibió la paciente desde su ingreso, cuándo fue solicitada formalmente la valoración vascular, cuándo fue valorada por el angiólogo, cuándo estuvo disponible el material quirúrgico y qué condiciones presentaba la extremidad en cada una de esas etapas.
Porque una cosa es que una amputación sea médicamente necesaria cuando una extremidad ya no puede salvarse.
Y otra es determinar si existió una ventana de tiempo en la que todavía era posible intentar preservar la extremidad y qué ocurrió durante ese periodo.
El expediente deja constancia de una paciente con un cuadro vascular grave, de la solicitud de valoración especializada y de la posterior necesidad de gestionar un angiólogo y material quirúrgico.
Al final, la paciente perdió la extremidad.
La familia ahora busca saber si se hizo todo lo posible, y a tiempo, para evitarlo.
Y esa respuesta no debería quedar en los pasillos del O’Horán ni en una explicación informal: requiere una revisión médica detallada de la atención que recibió la paciente desde el momento en que ingresó al hospital hasta que finalmente se tomó la decisión de amputar.
