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¡Niños fantasma y pornografía!
- Son menores invisibles para el sistema social, ya sea por falta de registro oficial, deserción escolar o niños utilizados en fraudes de subsidios. Sin servicios básicos, sin certeza legal y desconocidos por las autoridades, sobreviven en asentamientos irregulares.
- La marginación en Yucatán es alarmante, solo que si está oculta no incomoda, tampoco causa el sentimiento en la sociedad de querer ayudar. Los niños no pueden ser inscritos en escuelas cercanas porque les ponen trabas por falta de documentación.
- Los niños en pobreza extrema experimentan deterioro en salud física, ansiedad, depresión y menor rendimiento escolar.
Redacción/Sol Yucatán
El término «niños fantasma» en el contexto de la pobreza se refiere principalmente a menores invisibles para el sistema social, ya sea por falta de registro oficial, deserción escolar, o niños utilizados en fraudes de subsidios. Esta condición conlleva abandono, vulnerabilidad extrema, falta de acceso a salud y educación, exacerbando la pobreza.
«Niños Fantasma» y la Pobreza
● Invisibilidad Administrativa y Fraude: Se han detectado casos donde estancias infantiles registraban niños inexistentes o no verificados para cobrar subsidios gubernamentales. Por ejemplo, en México y Yucatán se detectaron miles de niños no localizables en padrones de apoyo.
● Deserción Escolar y Exclusión: Medios y autoridades denominan «niños fantasma» a aquellos que, debido a la pobreza o exclusión social, no están matriculados o faltan gravemente a la escuela, desapareciendo del sistema educativo. Existen miles en Yucatán
● Abandono y Vulnerabilidad: El abandono y la negligencia son «fantasmas» reales que atormentan a la infancia, vinculados a la pobreza, violencia intrafamiliar y falta de apoyo social.
● Consecuencias de la Pobreza Infantil: Los niños en pobreza extrema experimentan deterioro en salud física, ansiedad, depresión y menor rendimiento escolar.
● Contexto de Pobreza Extrema: En Yucatán, en 2026 unos 600 mil niños viven en primera infancia viven en pobreza, una cifra que aumenta en comunidades indígenas.
La pobreza, por tanto, actúa como el factor principal que invisibiliza y margina a estos menores, convirtiéndolos en «fantasmas» ante los ojos de las instituciones y la sociedad
Mientras Mérida presume seguridad, cultura y crecimiento ante el país, en el sur de la ciudad se esconde una realidad que pocos quieren ver: familias viviendo en invasiones, sin agua, sin luz y sin oportunidades.
La ciudad es conocida por ser un referente de la cultura del estado de Yucatán, ya sea por sus edificios coloniales, monumentos históricos o hasta por ser considerada una de las ciudades más seguras del país durante muchos años; sin embargo, la capital yucateca enfrenta una grave situación de “paracaidistas” que se han instalado en la zona sur de la ciudad.
Detrás de la imagen de ciudad ordenada y próspera, existen asentamientos irregulares donde sobrevivir es un reto diario. Colonias como Emiliano Zapata Sur, Crescencio Rejón y Roble Agrícola, así como comisarías como Dzununcán, son reflejo de una marginación que lleva años creciendo… en silencio.
Lamentablemente, esta situación no es nueva, sino que lleva años agravándose en el sur de Mérida, donde desde hace al menos una década se han consolidado diversos asentamientos irregulares. En ellos habitan familias que, ante la falta de opciones, no tienen a dónde ir y se ven obligadas a vivir en condiciones precarias.




Vivir sin lo básico
El problema principal de vivir en un asentamiento o “invasión” es que no se cuenta con los servicios básicos a los que muchas personas estamos acostumbradas. Para algunos es fácil abrir la llave de la regadera y tomar un baño fresco, mientras que, en el caso de los paracaidistas, tienen que acarrear cubetas o pagar cantidades absurdas a las casas cercanas para que les llenen sus recipientes de agua.
Lázaro Miguel Padilla tiene 60 años de edad, vive en una invasión en la colonia Roble Agrícola en Mérida. No tiene contrato de agua ni de electricidad y tampoco acceso a estos servicios por vivir en un asentamiento irregular; por lo tanto, él y su esposa, María del Carmen, de 68 años, tienen que ingeniárselas para poder abastecer de agua su hogar.
Este problema podría no parecer algo difícil o fuera de este mundo, pero en el caso de Miguel Padilla es una tarea sumamente complicada. Esto se debe a que él padece de diabetes en una etapa avanzada; sin acceso al seguro social, terminó perdiendo la pierna derecha y posteriormente sufrió una lesión en el pie izquierdo. Actualmente vive con la esperanza de que no le tengan que amputar la otra pierna.
Sin suelo firme y sin otra alternativa más que utilizar silla de ruedas para poder tener movilidad en su día, es un golpe fuerte para Lázaro Miguel, ya que durante su juventud se dedicó a la albañilería y, por ende, no ahorró para su retiro, por lo que hoy solo tiene ingresos de los apoyos del gobierno federal y de la venta de pozol y tortillas de su esposa; al vivir al día, es difícil que tengan acceso a suelo firme pronto.
Infancia y abandono en el sur
La marginación en Mérida existe, solo que si está oculta no incomoda; tampoco causa el “sentimiento” en la sociedad de querer ayudar. En la colonia Manuel Crescencio Rejón, a tan solo dos calles del aeropuerto de la ciudad, se encuentra un asentamiento con 10 familias que no tienen a dónde ir; al conocer que el terreno no tenía dueño, decidieron entrar y hacer sus vidas ahí.




Sin embargo, no contaban con que el Instituto de Vivienda del Estado de Yucatán (IVEY) retrasara su caso por más de 13 años, manteniéndose activo hasta el cierre de esta edición. Al mantenerse como una invasión y no como terrenos o predios lotificados, los habitantes de la comunidad no tienen acceso a ciertos programas sociales o apoyos de vivienda porque no tienen acceso a ningún comprobante de domicilio.
Del mismo modo, el asentamiento se encuentra en una calle cerrada, por lo que las casas donde viven no son visibles debido a que están “guardadas”. Debido a esto, su trámite se ha retrasado por años; no tienen acceso a los servicios básicos mientras tienen diversas carencias, como la falta de una cocina o acceso a agua potable.
La situación para los niños que viven en esta situación también es delicada, ya que algunos no tienen acceso a la educación; tampoco pueden ser inscritos en escuelas cercanas debido a que en ocasiones les suelen poner trabas por la falta de documentación, por lo que pueden tener severos problemas en su desarrollo estudiantil.
Veraluci Vidal vive en una pequeña vivienda hecha a base de tarimas y láminas con su hija de 4 años de edad. Originarias del estado de Tabasco, llegaron a Mérida en compañía del padre de la menor, pero el hombre las dejó a su suerte para irse a trabajar a otro estado.
Actualmente, solo le envía 600 pesos a la semana, siendo este su único ingreso.







Veraluci no trabaja, solo percibe 600 pesos a la semana para la manutención de su hija, pero en ocasiones ese pago no llega y tiene que buscar la forma de conseguir para comer. El no laborar no viene solo de no querer hacerlo, sino que también trae consigo un temor: la niña de 4 años ha sufrido fracturas en ambos brazos, por lo que su madre no quiere dejarla sola o “encargada” con alguna vecina, ya que teme por la seguridad de la pequeña.
Asimismo, la niña, a pesar de su edad, tiene problemas de comunicación, ya que no habla; solo logra comunicarse con su madre a través de gestos o sonidos. De otra forma, la niña no puede interactuar con otras personas de su entorno. Se espera que en el próximo comienzo del curso escolar la pequeña pueda entrar a segundo de kínder, pero su madre teme que la niña no logre adaptarse por la falta del habla; sin embargo, solo puede llevarla a una escuela de gobierno, ya que no cuenta con recursos para que tome clases acordes a su desempeño.
En lo que todos coinciden es en una cosa: la falta de oportunidades para superarse, ya que el poco dinero que tienen o logran conseguir tienen que utilizarlo para comer, además de que en varios casos las familias están conformadas por varios integrantes, ya sean hijos, sobrinos o hasta nietos, llegando a vivir en una pequeña vivienda de 3 por 3 hasta 5 personas.
Si bien la marginación es un tema que incomoda, la realidad es que detrás de cada persona existe una historia que los llevó a vivir en ese tipo de condiciones. Durante esta temporada de sequía, las temperaturas incrementan adentro de sus casas, ya que, al ser espacios reducidos, el aire no circula con normalidad.






En Mérida y el Estado existen decenas de asentamientos con diferentes casos cuya gravedad entre ellos se va superando entre sí; sin embargo, mientras el problema siga oculto en diversas colonias al sur de la ciudad, no incomoda a las autoridades, por lo que la situación, en lugar de reducir, solo incrementa cada día más.
