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Inmobiliarias arrasan en municipios

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  • Documentos del Registro Público de la Propiedad revelan que la notaria María José Bolio Andrade aparece como propietaria de decenas de tablajes rústicos en Mocochá
  • Al calcular el valor actual de esos terrenos con base en precios de mercado, el patrimonio inmobiliario vinculado a estos predios podría superar los 240 millones de pesos

Redacción/Sol Yucatán

En el silencioso boom inmobiliario que avanza sobre los municipios rurales del norte de Yucatán, la tierra se ha convertido en una de las inversiones más lucrativas del sureste mexicano.

Documentos del Registro Público de la Propiedad revelan que la notaria yucateca María José Bolio Andrade aparece como propietaria de decenas de tablajes rústicos en Mocochá, que posteriormente fueron subdivididos en cientos de lotes de inversión.

Al calcular el valor actual de esos terrenos con base en precios de mercado, el patrimonio inmobiliario vinculado a estos predios podría superar los 240 millones de pesos, una fortuna construida sobre la multiplicación registral de la tierra en una región donde cada metro cuadrado gana valor conforme Mérida continúa expandiéndose hacia el norte.

En Yucatán, el valor de la tierra ha comenzado a medirse de una manera distinta. Durante décadas, municipios como Mocochá fueron territorios de actividad agrícola, parcelas dispersas y predios rústicos que apenas figuraban en el mapa económico del estado. Sin embargo, el crecimiento acelerado de Mérida y el auge del mercado inmobiliario transformaron por completo esa realidad.

Hoy, esas mismas tierras forman parte de una franja estratégica donde el suelo se compra, se fracciona y se revende como inversión.

En ese escenario emerge el nombre de María José Bolio Andrade, notaria pública del estado, cuya presencia dentro del Registro Público de la Propiedad deja ver un patrimonio territorial considerable.

La revisión de más de ochenta folios electrónicos revela que la fedataria figura como propietaria de una cadena de tablajes rústicos en el municipio de Mocochá, muchos de ellos inscritos bajo un mismo patrón registral que evidencia un proceso sistemático de subdivisión.

Los documentos muestran predios que comparten características casi idénticas: superficies cercanas a los 500 metros cuadrados, formas rectangulares y dimensiones de diez metros de frente por cincuenta metros de fondo, el formato clásico de los llamados lotes de inversión que hoy dominan el mercado inmobiliario del norte de Yucatán.

Uno de esos registros corresponde al tablaje número 8884, descrito como predio rústico sin construcción ubicado en Mocochá, con quinientos metros cuadrados de superficie. Otro documento, correspondiente al tablaje 8885, presenta las mismas dimensiones y características físicas.

Lo relevante no es únicamente la dimensión de cada predio, sino el procedimiento aplicado a ellos. Los folios registrales indican que estos terrenos fueron sometidos a un proceso de división en veinte partes, autorizado mediante escritura pública número 881 otorgada el 16 de noviembre de 2023 ante la Notaría 68 de Mérida.

Ese procedimiento transforma un solo predio en veinte parcelas independientes, cada una con su propio folio registral y potencial de comercialización.

Cuando el mismo esquema se repite en decenas de tablajes, el resultado es un portafolio inmobiliario de gran escala. Los registros revisados permiten estimar que Bolio Andrade aparece vinculada a alrededor de ochenta predios rústicos dentro de ese mismo bloque territorial.

Si cada uno tiene aproximadamente quinientos metros cuadrados, la superficie acumulada alcanza cerca de 40,000 metros cuadrados, equivalentes a unas cuatro hectáreas de tierra en el corredor de expansión inmobiliaria de Mérida.

El valor real de esos terrenos no se explica por su tamaño, sino por la dinámica del mercado. En municipios cercanos a Mérida, como Conkal, Ixil o el propio Mocochá, los llamados lotes de inversión de quinientos metros cuadrados suelen comercializarse hoy entre 120,000 y 180,000 pesos, dependiendo de su ubicación y cercanía con carreteras o desarrollos urbanos.

Si se toma un precio promedio de 150,000 pesos por lote, la proyección económica resulta contundente. Un predio subdividido en veinte partes genera veinte lotes comercializables. Aplicado a ochenta tablajes, el resultado potencial es de 1,600 lotes dentro de un mismo bloque territorial.

Multiplicado por el valor medio del mercado regional, ese volumen de lotes alcanza aproximadamente 240 millones de pesos en valor inmobiliario potencial. Incluso bajo un cálculo más conservador, utilizando un precio de 120,000 pesos por lote, el patrimonio resultante se ubicaría cerca de 192 millones de pesos.

La diferencia entre el valor catastral y el valor comercial ilustra el fenómeno inmobiliario que vive el norte de Yucatán. Mientras los registros fiscales suelen asignar a los predios rústicos valores modestos, el mercado inmobiliario multiplica su precio una vez que la tierra es fraccionada y vendida como inversión.

Ese proceso ha convertido a municipios rurales en escenarios de una nueva economía del suelo. Lo que antes era tierra agrícola ahora se comercializa como activo financiero. Empresas inmobiliarias compran grandes extensiones a bajo costo y posteriormente las subdividen en parcelas pequeñas que se venden a compradores atraídos por la promesa de plusvalía.

En ese contexto, Mocochá se ha convertido en una pieza clave dentro del mapa de expansión urbana de Mérida. Su cercanía con la capital yucateca y su conexión con carreteras hacia la costa han incrementado el interés de inversionistas que buscan anticiparse al crecimiento de la ciudad.

Los registros del Registro Público de la Propiedad sugieren que el patrimonio territorial de María José Bolio Andrade se inserta dentro de ese mismo fenómeno. La repetición de tablajes consecutivos, las dimensiones uniformes de los predios y el procedimiento de subdivisión aplicado a ellos reflejan una lógica inmobiliaria que coincide con el modelo dominante en la región.

El valor de esa tierra continuará creciendo en la medida en que Mérida siga expandiéndose hacia el norte. Cada nueva carretera, cada desarrollo habitacional y cada proyecto turístico incrementan la presión sobre el suelo rural, transformándolo en un recurso cada vez más valioso.

Los documentos revisados no prueban irregularidades ni delitos. Sin embargo, sí dejan ver la dimensión territorial de las propiedades registradas a nombre de la notaria yucateca. En medio del auge inmobiliario que transforma el norte del estado, los registros oficiales muestran que una parte significativa de esa tierra ya tiene propietaria.

Y que, a precios actuales de mercado, ese patrimonio inmobiliario podría acercarse a un cuarto de billón de pesos en valor potencial.

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