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Inah: nepotismo y corrupción
- Entre las irregularidades destaca la desaparición de 16 millones de pesos, como parte del programa de rescate de zonas arqueológicas firmado por el Gobierno del Estado y el INAH.
- La dependencia convertida en un centro de corrupción, de favoritismo, incluso de protección de presuntos delincuentes, haciendo a un lado las labores académicas.
- Entre los más beneficiados del director, Víctor Arturo Martínez Rojas, está su nuera, de nombre Karina, demostrando el nepotismo que prevalece en la dependencia.
Redacción/Sol Yucatán
Justo a ocho meses de estar al frente del Centro INAH-Yucatán, Víctor Arturo Martínez Rojas ha convertido esta dependencia en un centro de corrupción, de favoritismo, incluso, de protección de presuntos delincuentes, haciendo a un lado las labores académicas, científicas y de protección al patrimonio, y lo peor de todo, sin dar una solución a los 20 problemas urgentes que requieren una inmediata atención.

La situación se complica al estar rodeado de malos asesores, tal es el caso de Paulina Sámano, quien sueña con ser la titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y aconseja a Martínez Rojas mantenerse alejado de los medios de comunicación, además de negar todo tipo de información para los comunicadores.
Caso similar ocurre con Teresa Argáez, quien pretende fungir como la “subdirectora” y en todo momento bloquea cualquier posible reunión con el titular del Centro INAH-Yucatán, y a todo el personal les pide su número de teléfono celular, con el compromiso de hablarles apenas se desocupe, pero nunca lo hace.
Entre los más beneficiados está su nuera, de nombre Karina, demostrando el nepotismo que prevalece en la dependencia.

Recientemente se reveló que un trabajador del Centro INAH, identificado como Luis Ramón C.G., fue señalado por una madre de familia de presuntamente fotografiar a su hija, menor de edad, sin su consentimiento, en un club de precios, ubicado enfrente de dicha dependencia, hecho que fue turnado al Ministerio Público.
Ante la polémica generada, Martínez Rojas firmó un “comunicado” que ordenó fuera pegado en el área de avisos de la dependencia, hoja no membretada y carente de folio, en la cual, prácticamente, salió a favor del implicado.
«El Instituto precisa que, hasta el momento, no ha recibido notificación formal por parte de autoridad competente ni denuncia oficial alguna que permita acreditar los hechos referidos o iniciar los procedimientos administrativos correspondientes. En ese sentido, la información de la que se tiene conocimiento deriva exclusivamente de una nota periodística, la cual por sí misma no constituye un elemento probatorio suficiente para determinar responsabilidades”, se establece en uno de los párrafos.


Martínez Rojas tomó posesión del Centro INAH Yucatán el 19 de agosto de 2025, en el Museo del Ateneo Peninsular, evento que se efectuó a puertas cerradas, mostrando un total repudio hacia los medios de comunicación y, de hecho, hasta hoy no ha convocado a una conferencia de prensa, para evitar cualquier cuestionamiento.
Actualmente, hay 20 asuntos de carácter urgente a los que se niega dar una pronta solución, por lo que la mayoría de las actividades están detenidas.
Entre las irregularidades destaca la desaparición de 16 millones de pesos, como parte del programa de rescate de zonas arqueológicas firmados por el gobierno del Estado y el INAH, durante el traslape de la administración de Rolando Zapata Bello y Mauricio Vila Dosal.

La protesta y cierre de la zona arqueológica de Mayapán, por parte de los ejidatarios de Telchaquillo, comisaría de Tecoh, lleva más de dos años, y no hay una pronta solución.
Hasta el momento no hay una fecha para la reapertura de la zona arqueológica de Balamcanché y Loltún, a pesar de que ya cuentan con las condiciones adecuadas para su aprovechamiento turístico, las cuales fueron cerradas como medida preventiva para evitar la propagación del Covid-19, en septiembre de 2020.
Asimismo, prevalece el abandono del Museo de Dzibilchaltún, el cual, supuestamente, está concluido, pero el Instituto se niega a dar información sobre el avance de la obra.

La Pinacoteca del Estado “Juan Gamboa Guzmán” también permanece cerrada desde 2020, como parte de las medidas establecidas para la prevención del Covid-19.
Tampoco hay una fecha para la continuidad de las obras de rescate del Teatro José Peón Contreras, a raíz de su incendio registrado el 1 de noviembre de 2022.
Martínez Rojas se niega a autorizar la detención de las ilegales obras que se realizan en el Centro Histórico de Mérida y de Valladolid, cuya labor está a cargo de empresarios y de la comuna de la capital yucateca.
El INAH se niega a pagar a los ejidatarios de Chablekal, comisaría de Mérida, el restante de la expropiación de Dzibilchaltún.
De igual forma, la dependencia se niega a rescatar la iglesia de San Mateo, en Mopilá, comisaría de Yaxcabá, la cual es saqueada y las paredes están a punto de colapsar.
También se niega a frenar la zona arqueológica de Ticimul, comisaría de Chankom, donde los ejidatarios desean contar con un museo comunitario, para exhibir un par de milenarios dinteles, además de efectuar una actividad turística con la pirámide principal.
El Centro INAH Yucatán favorece a los propietarios de haciendas en cuyo interior hay sitios arqueológicos, para que puedan rentar el lugar para eventos sociales, pasarelas de moda, sesiones fotográficas con modelos y reuniones internacionales de chefs, aprovechando las lagunas legales, tal como sucede en Poxilá y Aké.
Incluso, es notable el privilegio a diversas inmobiliarias y grandes empresas, tal el caso de Crío, pues no hay avance alguno por la destrucción del patrimonio arqueológico Misné Balam y Tzemé, respectivamente.
Hasta hoy, no hay una pronta solución al traslado de los más de dos mil artesanos, vendedores, ayudantes y empleados establecidos en Chichén Itzá, de los cuales más del 90 por ciento se niega a ir al Centro de Atención al Visitante (Catvi).
A pesar de que se utilizó ácido muriático para limpiar el daño causado por el Día Internacional de la Mujer, el INAH aún no procede en contra de las autoridades responsables, a pesar del destrozo causado.
Por ende, el Centro INAH-Yucatán está en el ojo del huracán, ante la pésima labor de su titular, a quien no le interesa la preservación del patrimonio, pues el cargo le está muy grande, y lo peor de todo, teniendo asesores que lo hunden cada vez más.
Lo peor de todo, el Centro INAH-Yucatán es una bomba de tiempo, a punto de estallar, y su caso provocará una reacción en cadena, pues también es notable el clima de tensión entre los trabajadores e investigadores.
