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Huacho se apoderó de 235 hectáreas
- Sol Yucatán lo publicó en exclusiva en su momento, el 18 de enero del 2026. Poco después de asumir el cargo como gobernador, Joaquín Díaz Mena adquirió un nuevo rancho en el municipio ganadero de Panabá, donde ya contaba con otros dos predios ganaderos. Ahora ya es dueño de más de 235 hectáreas de tierra de engorda.
- La operación de compra-venta del exdelegado federal de los programas del Bienestar, inscrita en el folio real 1740873 del Registro Público de la Propiedad, se declaró en apenas 1 millón 400 mil pesos, aunque su valor comercial real en la región puede rebasar los 10 millones de pesos.
- En diez años, la tierra de Huacho pasó de ser casi regalada a acercarse a valores de mercado, multiplicando por 34 el costo declarado por hectárea. La curva muestra tanto la revalorización del oriente yucateco como la vieja práctica de subdeclarar operaciones para pagar menos impuestos
Redacción /Grupo Sol Corporativo
Sol Yucatán publicó desde hace dos meses, en exclusiva y con documentos oficiales contundentes que lo comprueban, que el gobernador de Yucatán, Joaquín Díaz Mena alias “Huacho” se apoderó de 235 hectáreas de tierras que adquirió a precios irrisorios y que hoy tienen un costo superior a los 10 millones de pesos.
Dicha investigación, publicada el 18 de enero, fue dada a conocer por este medio de comunicación, fue replicada por Opinión de México perteneciente al Corporativo Grupo Sol en la capital del país y hoy es retomada por otros medios nacionales.
A continuación, replicamos la nota:
Al más puro estilo de la clase pudiente de la Cuarta Transformación, el gobernador de Yucatán, Joaquín Jesús Díaz Mena, amplió su huella ganadera apenas ocho meses después de haber tomado protesta.
El campo, para Díaz Mena, funciona como funcionó para la vieja élite priísta: un refugio patrimonial que legitima poder y acumula riqueza.
No se trata de viajes al extranjero ni de banquetes de lujo, sino de la compra de un predio rústico en Panabá que revela mucho más que simples linderos. El 2 de abril de 2025, ante el notario Carlos Alim Briceño Ramírez, titular de la Notaría 52 en Mérida, “Huacho” adquirió el rancho San Manuel Número Uno, con una superficie de 75.55 hectáreas.
La operación, inscrita en el folio real 1740873 del Registro Público de la Propiedad, se declaró en apenas 1 millón 400 mil pesos, aunque su valor comercial real en la región puede rebasar con facilidad los 10 millones.
Los colindantes dan cuenta del entramado rural en el que se inserta el predio del también exdelegado del Bienestar en Yucatán. Al norte, con Luis Gutiérrez y Jorge Puigserver; al oriente, con Babcu Esquivel y David Rivero Arceo; al sur, con Elías Caamal Dzul; y al poniente, con Claudio Dzib.





El gobernador de Yucatán, Joaquín Jesús Díaz Mena, amplió su huella ganadera apenas ocho meses después de haber tomado protesta.
El vendedor, precisamente, fue uno de esos vecinos, Elías Caamal Dzul, miembro de una familia con tradición en la ganadería local. Así, el rancho San Manuel Número Uno se sumó a un mapa que Díaz Mena ha ido trazando con paciencia durante una década.
La historia de este bloque territorial comenzó en enero de 2015, cuando el político repudiado por Palacio Nacional todavía no imaginaba que sería gobernador. Ante el abogado Sergio Chan Lugo, de la Notaría 79 en Mérida, compró un predio de 91 hectáreas y 87 áreas conocido como San Ramón.
El vendedor fue Jacinto Pool Caamal, productor local de la zona. La escritura se firmó el 27 de enero de ese año y se inscribió en el Registro Público de la Propiedad el 12 de julio de 2017, bajo el folio real 1298776. En aquella escritura, Díaz Mena ya aparecía con la actividad de “ganadero”, una primera confesión en papel de su interés por el negocio pecuario. El precio declarado fue casi simbólico: 50 mil pesos, lo que arrojaba un valor de apenas 544 pesos por hectárea.
Cinco años después, en julio de 2020, Huacho regresó a Panabá para ampliar su patrimonio. Esta vez, ante el notario Juan Pablo Rosado Solís de la Notaría 86 en Progreso, adquirió el rancho Cocoyol, un terreno rústico de 68 hectáreas y 12 áreas ubicado a 11 kilómetros al sur de la cabecera municipal y a 2.5 kilómetros de la carretera Panabá–San Felipe, con coordenadas precisas: 21°24’00” N, 88°18’00” O.
Los linderos de Cocoyol dibujan un paisaje clásico del oriente yucateco: Santa Clara al norte, San Andrés al sur, Dzonot Uicab al oriente y terrenos nacionales al poniente. La operación, asentada en el folio real 1523419, quedó registrada por 500 mil pesos. La vendedora fue Rosa María Dzul, junto con sus hermanos, pequeños ganaderos que decidieron desprenderse de la propiedad.
En 2025, con San Manuel Número Uno, se cerró el triángulo. Tres ranchos —San Ramón, Cocoyol y San Manuel— forman ya un bloque de 235.54 hectáreas en Panabá, un corredor de tierra rústica donde las vacas pastan y los papeles registrales acreditan un ascenso silencioso.
La evolución de los precios declarados en estas escrituras es un relato en sí mismo. En 2015, San Ramón se compró a razón de 544 pesos por hectárea. En 2020, Cocoyol elevó la vara a 7,340 pesos por hectárea. Y en 2025, San Manuel Número Uno alcanzó los 18,531 pesos por hectárea.
En diez años, la tierra de Huacho pasó de ser casi regalada a acercarse a valores de mercado, multiplicando por 34 el costo declarado por hectárea. La curva muestra tanto la revalorización del oriente yucateco como la vieja práctica de subdeclarar operaciones para pagar menos impuestos y mantener bajo perfil en los registros.
Más allá de los números, lo que se configura en Panabá es la identidad de un gobernador que no solo administra la política, sino también la carne. Con tres ranchos rústicos en la misma demarcación, Díaz Mena se ha consolidado como un ganadero con más de 235 hectáreas a su nombre.
En esta región, una res requiere entre 18 y 24 meses para estar lista para sacrificio en rastro, un ciclo que exige inversiones en potreros, forraje y suplementos, pero que asegura retornos constantes. La carne producida en Panabá abastece rastros en Tizimín, Valladolid y Mérida, y conecta al gobernador con una cadena de valor que va más allá del simple discurso campesino: se trata de negocio, de producción y de mercado.
Las escrituras exhiben algo más que linderos. Revelan anotaciones deliberadas con fines fiscales. El precio declarado en 2015 por San Ramón —apenas 50 mil pesos— fue claramente irrisorio frente al valor real de casi 92 hectáreas de agostadero. Lo mismo ocurre con Cocoyol en 2020 y San Manuel en 2025, cuyos precios, aunque crecientes, siguen por debajo de los comparables de mercado.
El despreciado político se aferra a un modelo clásico de engaño por medio de la adquisición de tierra a precios bajos o subdeclarados, la inscripción diferida en el registro público y la omisión de estas propiedades en declaraciones patrimoniales.
El campo, para Díaz Mena, funciona como funcionó para la vieja élite priísta: un refugio patrimonial que legitima poder y acumula riqueza. A los ojos de la opinión pública, el gobernador puede presentarse como un hombre del pueblo; en los papeles notariales, sin embargo, aparece como un empresario ganadero con un cuarto de milenio de hectáreas bajo control.
Lo que asoma en Panabá no es un capricho rural ni una inversión aislada. Es la consolidación de un gobernador que ha convertido la política en palanca para expandir su patrimonio ganadero. Con San Ramón, Cocoyol y San Manuel, Joaquín Díaz Mena se proyecta no solo como político de la Cuarta Transformación, sino como ganadero prominente, heredero de una tradición en la que el poder político siempre termina engordando reses y cuentas bancarias.
