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Hospital del terror
- “Historias del O’Horán …. Estoy desvelado, agotado, cuidando heridas que no son mías. Llego sin energía y aun así me obligo a doblar turnos porque no hay personal suficiente. Dejo mi propio cansancio de lado todos los días para estar al lado de personas que tienen miedo, que alguien les diga: “Tranquilo, aquí estoy”
- “Ser enfermero no es solo usar un uniforme. Es fingir que todo está bien cuando el cuerpo ya no da más, es sostener manos mientras otros luchan por su vida, es limpiar heridas, contener familias y cargar con historias que nadie ve ni valora”.
- “No somos héroes, aunque nos lo repitan como si eso pagara las cuentas. Somos trabajadores agotados, con problemas, con familias, con necesidades reales”.
Redacción/Sol Yucatán
Para decenas de familias yucatecas, la espera no termina en las puertas del Hospital Agustín O’Horán, pues la preocupación por la salud de sus seres queridos sigue aún más al exterior del nosocomio, donde pueden permanecer días e incluso semanas.
Durante un nuevo recorrido por los alrededores del hospital realizado por Sol Yucatán, se encontraron personas que han convertido las inmediaciones del hospital en una sala de espera, esto debido a que algunos llegan desde otros municipios e incluso de otros estados y, al no tener un lugar donde permanecer, se quedan a dormir por la zona.


Como es el caso de dos jóvenes que viajaron desde Quintana Roo hasta Mérida para acompañar a un paciente. Al ser entrevistados, señalaron que llevan aproximadamente un mes esperando.
Explicaron que su familiar ingresó debido a un tumor que posteriormente se complicó, por lo que la solución médica fue la amputación total de una pierna.
En la entrevista, declararon que el reto más difícil ha sido la espera, ya que permanecer afuera del hospital durante semanas, lejos de su lugar de origen y con el temor por la salud de su familiar, no es fácil.
A todo ello, también se suman los gastos a cubrir durante su día a día, donde declararon que se gastan un aproximado de 250 pesos por día, únicamente en gastos básicos como comida, a estos se suman otros gastos más como el transporte público.
Además de los gastos y la espera, se enfrentan a las extremas condiciones del clima que se registran en el estado, al permanecer en el exterior, están expuestos al sol y a las fuertes lluvias registradas en los últimos días, donde no existen espacios para resguardarse.
Los jóvenes también señalaron que buscaron la posibilidad de permanecer en el albergue destinado a familiares de pacientes hospitalizados, pero aseguraron que no pudieron ingresar debido a que son originarios de Quintana Roo, por lo que fueron obligados a permanecer en el exterior del hospital.


Este testimonio se suma a otros más donde decenas de familias han tenido que enfrentar dificultades para encontrar un espacio digno para la espera, donde en muchas ocasiones también se encuentran menores de edad.
Asimismo, señalaron las limitantes con las que cuenta el albergue, donde solo se permite un familiar por paciente y no se aceptan menores de edad.
Otra de las familias entrevistadas por Sol Yucatán señaló que lleva cerca de un mes esperando a su familiar, por un caso relacionado con hemodiálisis.
Ellos llegaron desde Valladolid y, al igual que los demás familiares, permanecen en el exterior del hospital mientras esperan información sobre el estado de salud de su paciente.
El problema es que el principal espacio donde pueden permanecer, ubicado frente al hospital, no cuenta con techo suficiente para protegerlos del sol o de la lluvia.
Durante el recorrido también se encontró a un adulto mayor mayahablante, originario de Ticul, quien señaló que lleva dos semanas esperando.
Este caso llamó la atención debido a que el hombre permanece solo y la barrera del idioma complica la comunicación, debido a que se limita a la hora de pedir información, comunicarse con el personal médico, conseguir medicamentos e incluso alimentos.


La situación también deja abierta la pregunta sobre qué apoyo reciben las personas mayahablantes que llegan desde otros municipios y necesitan realizar trámites o solicitar información dentro de un hospital donde la mayoría de las comunicaciones se realizan en español.
Durante el recorrido, algunas personas prefirieron no responder a las preguntas por razones desconocidas, sin embargo, hay quienes llevan días, otros semanas y algunos más llegan desde otros municipios o estados para permanecer cerca de sus familiares.
Mientras tanto, deben resolver dónde dormir, qué comer, cómo trasladarse y cómo mantenerse en las inmediaciones del hospital.

A estos testimonios se suman otros señalamientos realizados anteriormente por familiares de pacientes, quienes han denunciado maltrato por parte de personal médico, problemas con los alimentos y falta de atención a sus solicitudes.
También se han presentado señalamientos relacionados con la falta de medicamentos y, recientemente, manifestaciones de trabajadores por la falta de personal.
Personal médico asegura enfrentar una carga cada vez mayor ante la falta de personal y el aumento de las jornadas, como es el caso de un enfermero del propio Hospital Agustín O’Horan, quien compartió su experiencia sobre las condiciones en las que realiza su trabajo a través de sus redes:
“Historias…. Estoy desvelado, agotado, cuidando heridas que no son mías. Llego sin energía y aun así me obligo a doblar turnos porque no hay personal suficiente. Dejo mi propio cansancio de lado todos los días para estar al lado de personas que tienen miedo, dolor o simplemente necesitan que alguien les diga: “Tranquilo, aquí estoy”.







“Ser enfermero no es solo usar un uniforme. Es fingir que todo está bien cuando el cuerpo ya no da más, es sostener manos mientras otros luchan por su vida, es limpiar heridas, contener familias y cargar con historias que nadie ve ni valora”.
“Y lo más frustrante es que no somos héroes, aunque nos lo repitan como si eso pagara las cuentas. Somos trabajadores agotados, con problemas, con familias, con necesidades reales. Pero parece que eso no importa, porque siempre se espera más: más vocación, más entrega, más sacrificio… sin condiciones dignas a cambio”.
“Estamos cansados de los discursos vacíos sobre “vocación” mientras faltan manos, sobran turnos y los salarios no reflejan ni de lejos la responsabilidad que cargamos. Exigimos lo básico: respeto, personal suficiente y un sueldo justo”.
