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¡El gobernador quedó fuera!

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  • Con la designación de Rafael Mollinedo en la Secretaría de Bienestar, el mensaje político fulminante enviado desde el centro del país: en Yucatán, las decisiones ya no pasan por el despacho del Gobernador.
  • Revelan que el nombramiento se dio sin consulta previa a Joaquín Díaz. La orden fue directa de Palacio Nacional: la Presidenta no confía en el Gobernador.

José González/Sol Yucatán

El Centro de Convenciones Siglo XXI no solo fue escenario del relevo en la Delegación del Bienestar, fue el escenario de un mensaje político fulminante enviado desde el centro del país: en Yucatán, las decisiones ya no pasan por el despacho del Gobernador.

La ausencia de Joaquín Díaz Mena en la toma de protesta de Rafael Marín Mollinedo no fue un problema de agenda, sino el síntoma de un berrinche del gobernador. Mientras la Secretaría de Bienestar, Ariadna Montiel, le entregaba las llaves de la estructura más poderosa del Estado al tabasqueño Marín Mollinedo, el Gobernador optó por el vacío, evidenciando el nulo peso político que tiene hoy ante la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Un interventor político sin aviso

La llegada de Marín Mollinedo —exdirector de Aduanas y hombre de todas las confianzas del sistema central— no es una designación administrativa cualquiera. Se trata del envío de un operador político de alto nivel a quien le han encargado la tarea que Díaz Mena, por incompetencia o falta de capacidad, no ha podido consolidar: el control real del territorio yucateco.

Fuentes cercanas revelan que el nombramiento se dio sin consulta previa al Ejecutivo estatalLa orden fue directa de Palacio Nacional: la Presidenta no confía en el Gobernador y, ante el riesgo de que Yucatán se convierta en un lastre por su falta de resultados, el centro ha decidido intervenir el estado.

El fin de la autonomía del Gobernador

Con este movimiento, queda claro que las candidaturas y el rumbo político de Morena hacia los próximos procesos electorales no se decidirán en la oficina del Gobernador. Marín Mollinedo llega con la encomienda de ser el filtro y el gran elector, desplazando a un Díaz Mena que ha sido relegado a una figura decorativa.

La lectura en los pasillos políticos es unánime:
Falta de confianza: La Presidenta ha marcado su distancia de un Gobernador que no termina de cuajar su administración.
Intervención directa: La Delegación de Bienestar, el brazo que mueve los programas y los votos, queda en manos de un foráneo que responde a México, no a Huacho.
El berrinche: Al no asistir, “Huacho” solo confirmó su debilidad, dejando el campo libre para que la cúpula federal exhibiera quién tiene realmente el mando en la entidad.

Mientras los Servidores de la Nación de la península recibían uniformes y línea política, el gran ausente mascaba su irrelevancia. En Yucatán, el poder ya cambió de manos, y no fue por las urnas, sino por decreto de una Presidenta que prefiere un operador eficaz que un aliado incompetente.

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