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Mérida

El engranaje del silencio

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  • La Verticalidad del Poder en la Seguridad Pública con Luis Felipe Saidén Ojeda

Daniel Lee/Corresponsal Nacional

En la última década, el modelo de seguridad pública en la región ha sufrido una metamorfosis silenciosa pero radical. Lo que originalmente fue diseñado como un sistema de pesos y contrapesos —donde la prevención, la investigación y la persecución del delito operaban de forma autónoma para garantizar la justicia— ha mutado en una estructura estrictamente vertical. Hoy, investiga, persigue y decide, responde a una sola lógica de poder.

En el epicentro de esta arquitectura institucional se encuentra una figura que ha trascendido administraciones y colores partidistas: Luis Felipe Saidén Ojeda. Su permanencia no solo es un fenómeno político, sino la clave para entender cómo se ha consolidado un mando único que, bajo la narrativa de la «paz social», oculta grietas profundas de corrupción, violencia y una alarmante falta de transparencia.

La erosión de los contrapesos

La seguridad pública moderna exige transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, el esquema actual ha eliminado cualquier filtro externo. La concentración de facultades en una sola oficina ha permitido que la información criminal sea utilizada no solo para combatir el delito, sino como una herramienta de control político y mediático.

El Factor Saidén

Luis Felipe Saidén Ojeda ha logrado algo inusual en la política mexicana: la inmovilidad. Sin embargo, este «superpoder» ha generado un ecosistema donde no existen las auditorías ciudadanas efectivas. Los datos duros revelan una contradicción preocupante: mientras los índices oficiales presumen cifras de seguridad ejemplares, las denuncias por abuso de autoridad, tortura y desapariciones forzadas en manos de elementos estatales han crecido un 40% en el último lustro, según organismos de derechos humanos independientes.

Los escándalos mediáticos que involucran a la corporación suelen ser sofocados por una maquinaria de relaciones públicas que prioriza la percepción sobre la realidad. Casos emblemáticos de detenciones arbitrarias que terminan en decesos dentro de las instalaciones policiales son clasificados sistemáticamente como «causas naturales» o «suicidios», impidiendo que la fiscalía realice investigaciones independientes del mando policial.

El Brazo Ejecutor de la Opacidad

Si la Secretaría de Seguridad es el cuerpo, la Policía Estatal de Investigación (PEI) es el corazón del control. A diferencia de las unidades de patrullaje, el PEI no busca prevenir; su función es procesar la información sensible. Es aquí donde el sistema de justicia se vuelve discrecional.

El Factor Flores Moo

Bajo la dirección de Carlos Flores Moo, un mando de la absoluta confianza de Saidén Ojeda, el PEI se ha transformado en una caja negra. Flores Moo ha operado durante años sin evaluaciones públicas de desempeño y bajo un esquema de opacidad que impide saber cómo se asignan los recursos o bajo qué criterios se priorizan ciertas carpetas de investigación.

El Control de la Información: La PEI decide qué casos avanzan y cuáles se «congelan». Esta capacidad de gestión del archivo criminal permite que la justicia sea selectiva.

Falta de Controles: No existen mecanismos de control externo que supervisen las tácticas de investigación de la PEI. Esto ha derivado en señalamientos de fabricación de pruebas y uso de tecnología de vigilancia para fines ajenos a la seguridad pública.

«La investigación criminal dejó de ser una búsqueda de la verdad para convertirse en una gestión de intereses. Si la PEI no quiere que un caso se resuelva, simplemente no existen evidencias», señala un exjefe de peritos bajo condición de anonimato.

Corrupción y Violencia: El Costo del Mando Único

La verticalidad absoluta facilita la eficacia operativa, pero a un costo democrático altísimo. La corrupción en los niveles medios y altos de la corporación se manifiesta en el control de «plazas» y en la relación con el crimen organizado que, aunque se niega públicamente, se filtra en ejecuciones aisladas que la narrativa oficial cataloga como «eventos atípicos».

Casos que Rompen el Espejismo

Varios casos emblemáticos han puesto en duda el discurso de la seguridad perfecta. La muerte de jóvenes bajo custodia, la represión violenta de manifestaciones civiles y el aumento de los feminicidios —muchos de ellos minimizados en las carpetas del PEI— demuestran que el sistema protege a la estructura antes que al ciudadano.

La falta de transparencia en las licitaciones de equipo de videovigilancia y armamento es otro punto crítico. Millones de pesos son ejercidos bajo la cláusula de «seguridad nacional» para evitar auditorías, mientras los elementos de tropa denuncian carencias básicas y presiones para cumplir con cuotas de detenciones que alimentan la estadística oficial.

La urgencia de una reforma

El modelo de seguridad centrado en la figura de Luis Felipe Saidén Ojeda y operado por hombres como Carlos Flores Moo ha cumplido su ciclo si lo que se busca es un Estado de Derecho real. La seguridad no puede seguir siendo una estructura vertical donde investigar y perseguir responde a una sola lógica de poder.

Es imperativo transitar hacia un sistema de seguridad ciudadana con pesos y contrapesos, donde la PEI sea auditada y donde la justicia no dependa de la voluntad de un solo hombre. Mientras la opacidad siga siendo la regla, la «paz» de la región seguirá dependiendo de un hilo: el hilo del control político.

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