Connect with us

Portada

El drama de las familias olvidadas

Published

on

HOSPITALES DEL TERROR

  • Campamentos en las banquetas: Decenas de familiares provenientes de municipios del interior del estado o de entidades vecinas pasan semanas viviendo en las afueras del nuevo Hospital O’Horán.
  • Duermen sobre cartones bajo el sol y la lluvia debido a que no se les permite el acceso a las salas de espera ni cuentan con albergues dignos
  • En el Hospital de Alta Especialidad  una mujer con cáncer ha visto cancelada tres veces una operación por falta de una malla.

Redacción/Sol Yucatán

La nueva infraestructura hospitalaria no sirve de mucho cuando los pacientes siguen esperando, cuando una cirugía se cancela porque falta un insumo básico o cuando una familia tiene que pasar semanas enteras en una banqueta para recibir noticias de su enfermo.

Esa es la otra cara de la salud pública en Yucatán.

Mientras los discursos oficiales hablan de hospitales modernos, equipamiento y atención médica, los testimonios recabados por Sol Yucatán exhiben un sistema que obliga a pacientes y familiares a enfrentar esperas prolongadas, carencias, falta de personal y decisiones médicas que terminan convirtiendo la enfermedad en un segundo calvario.

El problema no se limita a un caso.

En las inmediaciones del nuevo Hospital General Agustín O’Horán, familiares provenientes de distintos municipios y hasta de otros estados permanecen durante días y semanas esperando información sobre sus pacientes. Algunos duermen, comen y pasan el tiempo prácticamente a la intemperie.

En el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán (HRAE), una mujer de 52 años, Bertha Canto, ha enfrentado la suspensión de una intervención quirúrgica que necesita mientras su enfermedad avanza.

Y en otro caso, una familia de Kanasín denuncia que un joven con múltiples fracturas terminó nuevamente en su domicilio porque no existe una fecha definida para realizarle una cirugía.

Tres historias distintas.

Un mismo problema: la espera para recibir atención médica.

Sol Yucatán realizó un recorrido por las inmediaciones del O’Horán y encontró una realidad que difícilmente aparece en los informes oficiales: familiares convertidos en pacientes indirectos de un sistema que los obliga a permanecer durante largos periodos en condiciones precarias.

Una de las familias entrevistadas llegó desde Quintana Roo.

Su paciente ingresó al hospital después de presentar un tumor que se complicó. La respuesta médica que recibieron, según el testimonio, terminó siendo una de las más dolorosas: la amputación total de una pierna.

Pero la tragedia no terminó con la operación.

Los familiares llevaban alrededor de un mes esperando.

Durante ese tiempo, permanecían en el exterior del hospital, enfrentando las condiciones climáticas y los gastos diarios que implica permanecer en Mérida lejos de su lugar de origen.

La familia calculó un gasto aproximado de 250 pesos diarios solamente en comida, sin incluir transporte público y otras necesidades.

El dinero se acaba.

El cansancio aumenta.

Y mientras tanto, la respuesta que esperan puede llegar en cualquier momento.

O puede tardar días.

La situación resulta todavía más complicada porque, según su testimonio, no pudieron acceder al albergue para familiares de pacientes debido a que provenían de Quintana Roo.

Una situación que, aseguran, no les fue explicada públicamente antes de enfrentar el problema.

SEMANAS A LA INTEMPERIE

Otro grupo de familiares entrevistado por este medio aseguró llevar aproximadamente un mes esperando a un paciente proveniente de Valladolid, quien enfrenta un tratamiento relacionado con hemodiálisis.

La escena vuelve a repetirse.

Familiares sentados en la zona exterior del hospital, esperando información, sin un espacio adecuado para protegerse del sol o de la lluvia.

No se trata únicamente de esperar.

Se trata de vivir durante semanas en un lugar que no fue diseñado para que una persona habite ahí.

Entre los testimonios apareció además el caso de un adulto mayor mayahablante proveniente de Ticul, quien llevaba alrededor de dos semanas esperando.

El hombre, aparentemente solo, enfrenta una dificultad adicional: el idioma.

La pregunta resulta inevitable: ¿qué ocurre cuando un adulto mayor que habla principalmente maya necesita pedir información médica, explicar una situación o solicitar ayuda y no tiene a alguien que traduzca o lo acompañe?

La barrera lingüística se convierte entonces en otra forma de exclusión dentro de un sistema que debería garantizar atención para todos.

Porque el paciente no es el único que enferma.

También se enferman quienes esperan.

Los familiares pierden horas de sueño, dinero, alimentación adecuada y condiciones mínimas de descanso.

Y en muchos casos ni siquiera saben cuánto tiempo más tendrán que permanecer ahí.

EL CASO DE BERTHA

En el HRAE, la historia es diferente, pero el fondo vuelve a ser el mismo.

Bertha Canto tiene 52 años, dos hijos y cáncer.

En julio pasado sufrió la amputación de su seno derecho como consecuencia de un padecimiento relacionado con cáncer de mama. Posteriormente desarrolló un filodes maligno ulcerado, una lesión que requiere atención quirúrgica.

Su intervención estaba programada inicialmente para el 17 de agosto de 2026.

Pero minutos antes de la cirugía recibió una noticia que para cualquier paciente resulta difícil de comprender: no podían operarla porque faltaba una malla que debía colocarse durante el procedimiento.

La intervención fue suspendida.

Bertha continuó internada.

El problema no terminó ahí.

Su cirugía fue nuevamente programada, pero volvió a ser suspendida. El 19 de agosto, tenía previsto ingresar a quirófano alrededor de las tres de la tarde. Desde la noche anterior debía permanecer en ayuno.

Esperó.

Se preparó.

Pero la operación volvió a cancelarse.

Era la tercera suspensión.

Mientras tanto, la paciente permanece con una lesión que requiere atención y con curaciones que, según su denuncia, no se realizan con la frecuencia que necesita.

Las gasas que utiliza para contener las secreciones de la herida pueden endurecerse, generar mal olor y provocarle ardor cuando no son cambiadas oportunamente.

A ello se suma el dolor físico derivado de permanecer internada durante tanto tiempo.

Dolor en la cintura.

Dolor en la espalda baja.

Y, sobre todo, incertidumbre.

Quiero vivir”, expresó Bertha al describir su desesperación.

No está pidiendo una operación estética.

No está esperando una consulta de rutina.

Está esperando que el hospital encuentre la manera de realizar una cirugía que ya había sido programada en tres ocasiones.

QUE TOME PARACETAMOL

El tercer caso permite dimensionar otro de los problemas: cuando no existe fecha para una cirugía, el paciente puede terminar esperando en su propia casa.

El 12 de agosto, alrededor de las 10:30 de la mañana, un camión de helados habría derribado postes y cables en una zona entre Mulchechén y Granjas, en Kanasín.

Una familia que viajaba en motocicleta resultó afectada.

El padre sufrió múltiples fracturas.

Su hija, de apenas dos años, presentó una fractura expuesta.

La madre también resultó lesionada.

El joven fue trasladado al O’Horán.

Después de la atención inicial, según denuncia de sus familiares, llegó otro problema: no había una fecha definida para su cirugía.

La familia asegura que necesitaba valoración de ortopedia y posteriormente ingreso a quirófano.

Pero no había programación disponible.

El hombre terminó en su domicilio, incapacitado para trabajar y dependiendo de su familia.

La recomendación que, según sus familiares, recibió fue prácticamente reducir el problema al dolor: paracetamol mientras espera.

Un hombre con múltiples fracturas.

Una niña de dos años lesionada.

Una familia sin ingresos suficientes.

Y una cirugía sin fecha.

El joven lesionado no está en condiciones de trabajar.

Sus padres, Don Noé y Doña Leidy, explican que se dedica a vender tortas cerca de un Oxxo y que ahora no saben cuánto tiempo permanecerá incapacitado.

Así, la familia tiene dos problemas simultáneos: conseguir la atención médica y sobrevivir económicamente mientras llega.

Los testimonios publicados por Sol Yucatán también han recogido denuncias sobre falta de medicamentos, escasez de personal, maltrato y alimentos en malas condiciones dentro del sistema hospitalario.

Ahora se suma una constante todavía más preocupante: la espera.

Esperar afuera del hospital.

Esperar una cama.

Esperar al especialista.

Esperar un medicamento.

Esperar una cirugía.

Esperar que llegue un insumo.

Esperar que alguien responda.

El nuevo O’Horán puede tener instalaciones modernas, pero la infraestructura por sí sola no resuelve una crisis de personal, insumos y atención.

El HRAE puede contar con especialistas y equipos de alta especialidad, pero una paciente con cáncer no puede permanecer indefinidamente esperando una operación porque falta una pieza indispensable para realizarla.

Y un hospital no puede hablar de atención integral si una familia tiene que pasar semanas bajo el sol y la lluvia porque no tiene dónde esperar.

La salud pública no se mide solamente por el tamaño de un edificio ni por la fotografía de una inauguración. Se mide por lo que ocurre cuando una persona llega enferma y necesita ser atendida.

Ahí es donde los discursos pierden fuerza.

Porque afuera de los hospitales están las familias, Los que llegaron desde Quintana Roo, los que viajaron desde Valladolid, el adulto mayor mayahablante que espera desde Ticul, la mujer de 52 años que sólo quiere seguir viviendo, el joven de Kanasín que espera una cirugía mientras permanece en casa.

Y detrás de todos ellos hay hijos, padres, esposas y familias enteras que también están pagando el costo de un sistema que, según sus testimonios, los obliga a esperar demasiado cuando la enfermedad no espera.

Ya no se trata de cuántos hospitales se inauguran, sino de cuántos pacientes están siendo atendidos realmente, cuánto tiempo tienen que esperar y qué ocurre con quienes no pueden darse ese lujo.

Para una persona enferma, una semana puede ser demasiado, y para quien enfrenta cáncer, fracturas o una enfermedad renal, esperar no es una molestia administrativa: puede convertirse en una cuestión de vida o muerte.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2023 Diario Por Qué! Manda tu denuncia a: gonzalezcamarajose@gmail.com