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El Bienestar llegó… en mochila

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Redacción/Sol Yucatán

En Yucatán el bienestar llegó… en mochila.

Porque si usted pensaba que para combatir la pobreza se necesitaban mejores salarios, empleos dignos, seguridad social o condiciones laborales más justas, estaba equivocado. La solución era mucho más sencilla: ¡una mochila!

Así, mientras miles de familias hacen cuentas para comprar útiles, pagar transporte, comida y todos los gastos que representa el regreso a clases, las mochilas entregadas por el Gobierno del Estado encontraron un segundo uso mucho más “productivo”: terminaron en las obras cargando lonches, agua y herramientas.

¡Gran ayuda!

Y ahí comienza la verdadera transformación de la llamada mochila del bienestar.

Bienvenidos el lonche, la botella de agua, la cinta métrica, los guantes y, si alcanza el espacio, alguna herramienta y al terminar el día, la caguama.

Porque en Yucatán hasta las políticas sociales tienen que aprender a reciclarse.

De mochila escolar a mochila de obra.

Todo sea por el bienestar.

Claro que existe un pequeño detalle: una mochila no saca a una familia de la pobreza.

No paga la renta.

No llena el tanque de gasolina.

No compra la despensa.

No paga los recibos.

No sustituye un salario digno.

Mucho menos garantiza que un trabajador de la construcción pueda darle a sus hijos las condiciones que necesita para estudiar.

Pero eso sí: la foto queda muy bonita.

Y mientras al pueblo se le pide agradecer la mochila, el discurso oficial presume apoyos como si entregar un morral fuera la gran solución a los problemas económicos de las familias yucatecas.

El contraste resulta todavía más incómodo cuando se observa el nivel de vida que rodea al poder.

Mientras un trabajador puede terminar utilizando la mochila escolar de su hijo para llevar su comida a la obra, en las esferas del poder no parece existir la misma preocupación por estirar cada peso.

Vestidos de diseñador que superan los 50 mil pesos, como los de Carolina Herrera que luce la esposa del gobernador, y camionetas de cientos de miles de pesos para los hijos del mandatario forman parte de una realidad muy distinta a la que viven las familias que deben hacer rendir el salario hasta el último peso.

Y ahí está la verdadera fotografía del “bienestar”.

Para unos, mochilas. Para otros, lujo.

Para unos, contar monedas para el regreso a clases.

Para otros, vestidos cuyo precio equivale a meses de salario de un trabajador.

Para unos, la mochila termina en la obra porque hay que aprovechar absolutamente todo.

Para otros, el lujo parece no tener que pasar por esa clase de sacrificios.

Y no se trata de despreciar una mochila. Toda ayuda puede ser útil para una familia. El problema aparece cuando se pretende presentar una dádiva como si fuera la solución de fondo a una realidad mucho más complicada.

Porque si el Gobierno realmente quiere presumir bienestar, habría que preguntar cuánto mejoraron los ingresos de las familias, cuántos trabajadores dejaron de vivir al día, cuántos empleos dignos se generaron y qué oportunidades existen para quienes todos los días levantan las casas, edificios y obras de Yucatán.

Mientras tanto, la mochila ya encontró trabajo.

Los albañiles también.

Y el pueblo, como siempre, a poner el hombro y agradecer las migajas.

Eso sí, que nadie diga que no hay bienestar.

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