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Chichén Itzá se vacía
- Guías, artesanos y comerciantes aseguran que la zona arqueológica vive su peor temporada de afluencia en 22 años.
- El cierre del Parador Turístico y la imposición del Catvi, agravaron la crisis.
Redacción/Sol Yucatán
Chichén Itzá luce prácticamente desolado. Guías de turistas, artesanos y comerciantes aseguran que la zona arqueológica atraviesa la peor temporada de afluencia turística que hayan visto en 22 años, una situación que ya golpea directamente los ingresos de cientos de familias que dependen de la llegada de visitantes.
Quienes durante décadas han trabajado en torno a una de las zonas arqueológicas más importantes de México aseguran que nunca habían enfrentado una temporada baja como la actual. Hoy, dicen, los artesanos pasan horas sin concretar ventas, los guías permanecen sin trabajo y las familias apenas consiguen recursos para subsistir.
La situación, advierten, se agravó con el cierre del Parador Turístico de Chichén Itzá y la puesta en funcionamiento del Centro de Atención al Visitante (Catvi), una decisión que, aseguran, modificó las condiciones bajo las cuales durante años desarrollaron sus actividades.
Ante este escenario, los trabajadores y habitantes que se consideran afectados permanecen a la espera de la resolución del amparo promovido ante el Poder Judicial Federal, mediante el cual buscan impugnar las condiciones derivadas de la operación del nuevo esquema de atención al visitante.

La asociación Tu’umben K’iin, integrada por personas vinculadas con las actividades que se desarrollan en Chichén Itzá, sostuvo que quienes llevan más de dos décadas trabajando en el sitio conocen perfectamente los periodos de baja afluencia, pero lo que ocurre actualmente rebasa cualquier antecedente que recuerden.
“Después de 22 años trabajando dentro de Chichén Itzá, sabemos perfectamente lo que es una temporada baja, pero esto que estamos viviendo nunca lo habíamos visto”, señalaron.
El diagnóstico que hacen es directo: “Chichén Itzá está prácticamente desolado, artesanos sin ventas, guías de turistas sin trabajo y familias sin poder llevar el sustento a sus hogares”.
Para los trabajadores, no se trata solamente de una caída en las ventas o de una mala temporada turística. Detrás de cada puesto, recorrido o actividad existe una familia que depende de los ingresos generados diariamente en torno a la zona arqueológica.
Además, rechazan que se les considere como personas ajenas al sitio o como trabajadores temporales que pueden ser desplazados de un día para otro.
“Somos generaciones de generaciones trabajando en Chichén Itzá, somos gente maya, aquí están nuestras raíces y el sustento de nuestras familias. No somos gente de paso”, manifestaron.
Los inconformes también cuestionaron el proceso mediante el cual comenzó a operar el Catvi. Aseguran que la comunidad maya no fue consultada antes de la puesta en funcionamiento del nuevo centro y que las decisiones tomadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) terminaron afectando directamente a habitantes de Pisté y de otras poblaciones cercanas.
Los trabajadores cuestionan que el argumento para justificar las modificaciones haya sido que “todo se hizo pensando en el turista”, cuando, desde su perspectiva, las medidas también tienen consecuencias para quienes durante décadas han construido su fuente de ingresos alrededor de Chichén Itzá.
La inconformidad permanece ahora en los tribunales, mientras guías, artesanos y comerciantes esperan que el Poder Judicial Federal resuelva el amparo promovido.
Mientras tanto, el escenario que describen es el de un Chichén Itzá con menos visitantes, menos ventas y menos oportunidades para quienes dependen directamente del turismo.
Después de 22 años de conocer temporadas altas y bajas, quienes trabajan en el sitio aseguran que esta vez la diferencia es evidente: Chichén Itzá no solamente está viviendo una mala temporada; para ellos, nunca había estado tan vacío.
