Connect with us

Portada

Auditor multiplica su fortuna

Published

on

  • Jesús Arjona Ortiz, titular de la ASEY, es el administrador único de la empresa Natiz Desarrollos Inmobiliarios, y en apenas tres años pasó de un capital de 50 mil a 22.7 millones de pesos.
  • La empresa multiplicó su capital más de 450 veces, cuando su principal accionista, Arjona Ortiz, ya ocupaba el cargo de Auditor Superior del Estado, designado en diciembre de 2023 por el Congreso.
  • Su objeto social abarca casi todo el espectro del desarrollo inmobiliario: construcción de obra civil, urbanización, compraventa de inmuebles, participación en licitaciones públicas, financiamiento, arrendamiento y hasta la posibilidad de otorgar garantías y créditos.

Redacción/Sol Yucatán

En apenas tres años, una empresa vinculada al titular de la Auditoría Superior del Estado de Yucatán multiplicó su capital más de 400 veces, en un crecimiento que coincide con su llegada al cargo encargado de vigilar el uso del dinero público.

En el papel, todo parece legal. Actas protocolizadas, aumentos de capital aprobados por asamblea y registros en el sistema mercantil. Pero cuando se colocan los documentos en una línea de tiempo, la historia deja de ser rutinaria y comienza a adquirir un tono mucho más incómodo.

Porque no es común, ni en el mundo empresarial más dinámico, que una empresa pase de tener un capital de 50 mil pesos a más de 22 millones en apenas tres años. Y menos aún cuando uno de sus principales accionistas y administrador es, al mismo tiempo, el funcionario encargado de fiscalizar el uso de los recursos públicos en Yucatán.

El protagonista de esta historia es Rubén de Jesús Arjona Ortiz, actual titular de la Auditoría Superior del Estado de Yucatán (ASEY), quien aparece como socio mayoritario y administrador único de la empresa Natiz Desarrollos Inmobiliarios S.A. de C.V., constituida en julio de 2021 con un capital social mínimo de apenas 50 mil pesos. Desde su origen, la firma no fue diseñada como un negocio menor.

Su objeto social abarca prácticamente todo el espectro del desarrollo inmobiliario: construcción de obra civil, urbanización, compraventa de inmuebles, participación en licitaciones públicas, financiamiento, arrendamiento y hasta la posibilidad de otorgar garantías y créditos.

Es decir, se trata de una empresa con capacidad legal para insertarse en uno de los sectores más lucrativos y sensibles: el de la construcción y el desarrollo urbano, un ámbito estrechamente ligado al ejercicio del gasto público.

En su constitución, Arjona Ortiz no aparece como un socio más. Posee el 70 por ciento del capital social y asume el control absoluto de la empresa al ser designado administrador único, con facultades amplísimas para representar, operar y decidir sobre todos los actos de la sociedad.

Lo acompaña en la estructura accionaria Roberto Emmanuel Arjona Ortiz, con quien comparte no solo la empresa, sino un vínculo familiar directo. Desde el inicio, la firma queda configurada como un vehículo empresarial de control cerrado.

Durante sus primeros años, la empresa no muestra movimientos extraordinarios en el registro público. Pero todo cambia en 2024. A través de una asamblea extraordinaria, los socios aprueban un aumento de capital que rompe cualquier parámetro de crecimiento habitual: 22 millones 684 mil pesos adicionales que elevan el capital total de la empresa a 22 millones 734 mil pesos.

El salto no es marginal. Es exponencial. En términos simples, la empresa multiplicó su capital más de 450 veces en un lapso de tres años. Y lo hizo en un momento particularmente sensible: cuando su principal accionista ya ocupaba el cargo de Auditor Superior del Estado, designado en diciembre de 2023 por el Congreso local para un periodo de ocho años.

La coincidencia temporal no es un detalle menor. La Auditoría Superior del Estado es el órgano encargado de revisar cómo se ejerce el presupuesto público en Yucatán. Es, en teoría, uno de los principales mecanismos de control del poder, responsable de auditar obras, contratos, programas sociales y el uso de recursos en dependencias estatales y municipales.

Su titular no es un funcionario cualquiera: tiene acceso a información privilegiada sobre el flujo del dinero público y la capacidad de emitir observaciones que pueden derivar en sanciones administrativas o responsabilidades legales.

En ese contexto, el crecimiento financiero de una empresa inmobiliaria bajo su control abre preguntas inevitables. ¿De dónde provienen los más de 22 millones de pesos que ingresaron a la empresa? ¿Se trata de capital propio, financiamiento externo, aportaciones de terceros? ¿Existen proyectos, terrenos o contratos que respalden ese incremento? Y, sobre todo, ¿puede un auditor, cuya función es vigilar el uso del dinero público, mantener al mismo tiempo una empresa con capacidad para participar en sectores que dependen precisamente de ese gasto?

Los documentos no responden a esas preguntas. Se limitan a registrar el aumento de capital, sin detallar el origen de los recursos. Pero el silencio documental es, en sí mismo, un dato relevante. En el mundo empresarial, los incrementos de esta magnitud suelen estar asociados a operaciones concretas: adquisición de activos, entrada de inversionistas, financiamiento bancario o desarrollo de proyectos de alto valor. Sin embargo, en este caso, la información disponible no permite identificar con claridad cuál fue el detonante de ese crecimiento.

La naturaleza de la empresa añade otra capa de complejidad. Natiz Desarrollos Inmobiliarios no es una firma limitada a actividades menores. Su objeto social le permite participar en licitaciones públicas, desarrollar infraestructura, comercializar inmuebles y acceder a financiamiento. En otras palabras, está diseñada para operar en un entorno donde el dinero público y privado se cruzan constantemente.

Esto coloca a su principal accionista en una zona delicada. No se trata de una incompatibilidad automática, la ley permite a los funcionarios tener actividades empresariales bajo ciertas condiciones, pero sí de un escenario que exige transparencia absoluta. La posibilidad de un conflicto de interés no se define únicamente por la existencia de una empresa, sino por la interacción entre esa empresa y las decisiones públicas que el funcionario puede influir o supervisar.

En Yucatán, donde el discurso institucional ha enfatizado la transparencia y el combate a la corrupción, casos como este ponen a prueba la coherencia entre narrativa y realidad. La figura del Auditor Superior debería ser, por definición, un referente de imparcialidad y rigor técnico. Su credibilidad no depende solo de su actuación formal, sino de la percepción de independencia frente a los intereses económicos que rodean al poder público.

El crecimiento de Natiz no es, por sí mismo, una irregularidad. Las empresas pueden expandirse, atraer capital y multiplicar su valor. Pero cuando ese crecimiento ocurre en paralelo al ejercicio de una función pública de alto nivel, la exigencia de explicación se vuelve mayor. No basta con que sea legal, debe ser transparente, comprensible y plenamente justificado.

Por ahora, los documentos solo cuentan una parte de la historia. Una empresa que nace con 50 mil pesos y en tres años se convierte en una sociedad con más de 22 millones de capital. Un funcionario que, al mismo tiempo, asume la responsabilidad de vigilar el uso de los recursos públicos. Y una coincidencia temporal que, más que cerrar el caso, abre una serie de interrogantes que no pueden ser ignorados.

Porque en la fiscalización del dinero público hay una regla no escrita pero fundamental: quien vigila, no puede dejar dudas sobre su propia conducta financiera. Y en este caso, las dudas ya están sobre la mesa.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2023 Diario Por Qué! Manda tu denuncia a: gonzalezcamarajose@gmail.com