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Mérida

Trata de personas en Yucatán: la realidad detrás de los datos en cero

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A pesar de las cifras oficiales en ceros, el rescate de archivos periodísticos y solicitudes de información revelan una realidad persistente de explotación infantil y redes criminales que operan en la impunidad desde hace más de una década. Un recorrido por los casos más crudos de explotación sexual en el estado.

Por Claudia V. Arriaga Durán.

En Yucatán, hace 15 años, operaban tres grupos delictivos dedicados a la trata de personas en la modalidad de explotación sexual. En todos los casos, las víctimas eran adolescentes y niñas, es decir, menores de edad. Dichos hechos son un recordatorio de que el Estado no está exento de las redes criminales que comercializan con la niñez.

Las infancias de Yucatán continúan en riesgo. Al día de hoy, aunque según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en 2025 no se registró ninguna denuncia por el delito de trata de personas, existen mujeres, menores y adultas, que siguen siendo explotadas sexualmente en internet por una red de trata denominada «Packs de México».

Rescate de memoria: la trata de personas en Yucatán

Esta investigación presenta cifras obtenidas vía solicitudes de información de 2018 a 2024. Sin embargo, los casos expuestos a continuación corresponden a años anteriores. Se trata de un ejercicio de rescate de memoria con datos recuperados de archivos de periódicos de circulación local.

Los Warriors

En 2009, una pandilla de cuatro jóvenes que se autonombraban los “Warriors” recorría las calles del sur de la ciudad de Mérida para buscar a sus víctimas: adolescentes de entre 12 y 15 años de edad. Las drogaban, violaban y difundían los videos de las agresiones.

Según lo publicado en notas de medios de comunicación, los presuntos delincuentes vivían en el rumbo de la colonia Santa Rosa y tenían edades de entre 17 y 23 años.

Los “Warriors” drogaban a las adolescentes y las grababan sosteniendo encuentros sexuales para después distribuir el material. En otras palabras, era una pandilla de violadores y generadores de pornografía infantil que resultaron impunes. Las menores que fueron víctimas pertenecían a las escuelas secundarias de Santa Rosa, San Luis Sur, San José Tecoh y San Antonio Xluch.

En entrevista para medios locales, el entonces director de Averiguaciones Previas de la Procuraduría de Justicia del Estado, Friedman Peniche Rivero, dijo que estaban al tanto de las actividades de esa pandilla, pero que no había ninguna denuncia en su contra.

El modus operandi de los «Warriors», según lo declarado por las autoridades, era el siguiente:

“Embaucan a jovencitas de escasos recursos, a quienes ofrecen dinero, las llevan a lotes baldíos y las obligan a tomar una sustancia, al parecer con droga. Primero uno de los pandilleros sostiene relaciones con la menor y los otros los graban con un celular, se alternan”, se lee en el texto publicado hace 17 años.

Contrario a 2025, año en el que, según datos proporcionados por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Yucatán al Gobierno Federal, no existieron denuncias por el delito de trata de personas en sus distintas modalidades, en 2023 se registraron 39 denuncias y 13 más hasta septiembre de 2024.

Las denuncias por el delito de trata de personas en cualquiera de sus modalidades no garantizan el acceso a la justicia. Por ejemplo, en respuesta a una solicitud de información, la FGE de Yucatán reveló que, de 2018 a 2025, ninguna carpeta de investigación por este delito fue judicializada.

Dos yucatecos formaban parte de una red nacional de pederastas

Los hermanos Edmundo y Sergio fueron arrestados en 2009 en un operativo conjunto entre elementos de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y policías judiciales de Yucatán, en los fraccionamientos Pacabtún y la Unidad Morelos en Mérida. Ambos estaban involucrados en una red de pornografía infantil que almacenaba y vendía contenido en el centro de la capital yucateca.

Edmundo y Sergio no eran los únicos integrantes, a la par de ellos arrestaron a ocho personas más, incluido Francisco, un sacerdote de la iglesia San Pedro Apóstol de Xalapa, Veracruz. La red de pornografía infantil tenía alcance en varios países.

Las averiguaciones revelaron que Edmundo, originario de Yucatán, era el “cerebro” del grupo criminal. Él diseñaba y comercializaba los videos en internet. Tras sus arrestos, los hermanos fueron trasladados a la Ciudad de México.

El caso de los hermanos Edmundo y Sergio no es el único en el estado. En 2024, Juan Carlos T. R., un maestro de danza que tenía una academia llamada “TDS Tenorio Dance Studio”, fue aprehendido por su probable responsabilidad en el delito de abuso sexual equiparado agravado. Además, la empresa Google alertó a la Asociación para Niños Desaparecidos y Explotados de Estados Unidos sobre la cantidad de pornografía infantil que este sujeto generó, acumuló y distribuyó en internet.

Desde 2022, un elemento de la Guardia Nacional interpuso una denuncia contra Juan Carlos, la cual se sumó a las de las madres de las niñas víctimas. El proceso legal contra el profesor de danza continúa su curso y aún no se dicta sentencia.

El Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado de Yucatán informó, vía solicitud de transparencia, que de 2018 a 2024 cuatro personas fueron sentenciadas por el delito de trata de personas en la modalidad de explotación sexual y/o trata de menores.

La información entregada detalló que en 2019 tres mujeres y un hombre fueron condenados por el delito de trata de menores. En 2020, una persona fue sentenciada y, en 2019, un menor de edad también recibió condena, aunque no tuvo una pena privativa de la libertad. Las personas responsables eran de los municipios de Ticul, Tekax y Mérida. Las sentencias oscilaban entre los 6 y los 40 años de cárcel.

Red de tratantes de personas explotaba sexualmente a adolescentes del COBAY

Ocho personas adultas formaban parte de una red de tratantes que, en 2011, explotaba a estudiantes adolescentes del Colegio de Bachilleres de Yucatán (COBAY) del plantel Chenkú. Las cuatro mujeres y cuatro hombres fueron arrestados luego de que una menor de 15 años denunciara que era prostituida.

La madre de la adolescente halló en el cajón de su hija un billete de 500 pesos y le cuestionó el origen del dinero. La menor confesó la explotación. En aquel momento, declaró que David (el tratante) la llevaba a moteles en donde la esperaban los clientes. Explicó que a ella le pagaban entre 300 y 400 pesos, pero él cobraba entre 1,000 y 1,500 pesos por encuentro.

El relato de la menor ante las autoridades inició una investigación que resultó en la desarticulación de esta red de trata en Yucatán. Al momento de los arrestos, un cliente fue aprehendido junto con la red, sin embargo, salió libre tras asegurar que no sabía que sostendría relaciones sexuales con una menor de edad.

La jueza Quinto Penal, Rubí González Alpuche, fue la encargada de sentenciar a esta red de tratantes y explotadores de menores. Durante el juicio se reveló que los clientes eran hombres adultos, descritos como comerciantes e ingenieros, entre otros, y los encuentros se pactaban en moteles como «La Toja» y «Géminis». Además, grababan a las menores teniendo sexo con adultos y las obligaban a ingerir alcohol.

Sobre la operación, se señaló que Yeni, de 27 años, y su pareja David, alias el “Acapulqueño”, eran quienes reclutaban a las adolescentes. Específicamente, él se encargaba de enganchar a las menores del COBAY.

Es importante mencionar que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública cuenta con datos de incidencia delictiva de 2011, año en que se desarticuló esta red, no obstante, en aquel entonces no se contemplaba esta categoría específica del delito, por lo que no hay cifras públicas oficiales de dicha actividad criminal.

Datos de la Secretaría General de Gobierno de Yucatán, obtenidos vía transparencia, informaron que de 2019 a 2024 una mujer estuvo encarcelada por el delito de trata de personas. En 2019, tres hombres estuvieron privados de su libertad por lenocinio y, de 2020 a 2023, un hombre permaneció encarcelado cada año por ese mismo delito.

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