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Lujos que indignan al pueblo

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Repudio en Yucatán por los millonarios gastos de la esposa del gobernador

  • Mientras miles de familias enfrentan el frío sin casa digna ni abrigo, los yucatecos criticaron con dureza el guardarropa de marca, los gastos personales y el estilo de vida de la presidenta del DIF Estatal, Wendy Méndez Naal.
  • “Ese dinero podría servir para refugios, cobertores, medicamentos o apoyo real a la gente”, señalaron ciudadanos.

Redacción/Sol Yucatán

La indignación se desbordó entre los yucatecos luego de que saliera a la luz el excesivo gasto en imagen, vestimenta y uso personal de la presidenta del DIF Estatal, Wendy Méndez Naal, esposa del gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena, en una institución cuya razón de ser es atender a la población más vulnerable.

En redes sociales, ciudadanos no dudaron en cuestionar que la titular del DIF, un organismo destinado a combatir la pobreza, el abandono y la vulnerabilidad, presuma un guardarropa de lujo, con vestidos de marca cuyo costo ronda los 30 mil pesos por prenda, además de un esquema de gastos que contrasta de manera brutal con la realidad que viven miles de yucatecos.

De acuerdo con la información expuesta, tan solo el año pasado se destinaron 10 millones de pesos para gastos relacionados con la imagen y uso personal de la esposa del gobernador, recursos que fueron disfrazados como “gastos generales” dentro del presupuesto del DIF Estatal, dependencia encabezada por Shirley Castillo Sánchez, cercana al mandatario.

Lejos de corregirse, la situación se agrava para este 2026, ya que el presupuesto personal asignado a Wendy Méndez Naal aumentó a 15 millones de pesos, un incremento del 50 por ciento, pese a que su cargo es de carácter honorario y no debería representar un costo oneroso para las finanzas públicas.

El gasto no se limita a vestimenta. Incluye el pago de dos asistentes personales, un coach de imagen, una maquillista y un fotógrafo, así como el arrendamiento de una camioneta blindada, además de dos guardaespaldas y un chofer, un esquema de seguridad que también generó cuestionamientos entre los ciudadanos.

¿Para qué tanta escolta y camioneta blindada, si el propio gobierno asegura que Yucatán es seguro?”, cuestionaron yucatecos en redes sociales, evidenciando la contradicción entre el discurso oficial y el estilo de vida de la llamada primera dama.

El repudio social se intensificó al contrastar estos gastos con la crisis que enfrentan miles de familias por las bajas temperaturas, especialmente personas adultas mayores, gente en situación de calle y quienes viven en casas de madera o cartón. A pesar de las heladas, el DIF Estatal no habilitó refugios temporales, lo que derivó en que hospitales como el O’Horán y el Infantil México-Corea reportaran más de 40 ingresos por hipotermia.

“Ese dinero podría servir para refugios, cobertores, medicamentos o apoyo real a la gente”, señalaron ciudadanos, recordando que uno de cada cuatro yucatecos vive en pobreza alimentaria, mientras la institución encargada de la asistencia social prioriza la imagen de su presidenta.

Los comentarios reflejaron un sentir generalizado: molestia, decepción y sensación de traición. Algunos recordaron que ni la esposa del exgobernador Mauricio Vila mostraba un nivel de ostentación similar, mientras otros señalaron que “la austeridad solo aplica para el pueblo, no para quienes gobiernan”.

Usuarios de redes sociales coincidieron en que no se cuestiona el derecho a vestir bien, sino el hecho de que esos lujos no salen del bolsillo personal, sino del presupuesto público, en un estado donde hospitales carecen de medicamentos, hay recortes en apoyos sociales y familias enteras enfrentan el frío sin protección.

Otros comentarios apuntaron directamente a la falta de resultados: que la presidenta del DIF aparece solo para eventos protocolarios, discursos y fotografías, sin involucrarse en las verdaderas necesidades de niñas, niños, personas con discapacidad y sectores marginados.

Incluso hubo llamados abiertos a que se realice una auditoría al DIF Estatal y al gobierno, para esclarecer el uso de los recursos públicos y determinar si los gastos personales de la esposa del gobernador se justifican dentro de una institución creada para servir a los más pobres.

“La asistencia social no puede ser un escaparate de lujo”, resumió una usuaria, citando la frase: “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, en clara referencia a la incongruencia entre el discurso de la llamada austeridad y la realidad que hoy indigna a Yucatán.

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