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La federación se rinde ante Saidén

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  • Yucatán ha construido un sistema de seguridad que depende de una sola figura, eliminando los pesos y contrapesos necesarios en cualquier Estado de Derecho.
  • La justicia en Yucatán no es un derecho ciudadano, es una concesión de Felipe Saidén Ojeda. Mientras la federación y el estado aplauden esta «unificación», la sociedad yucateca queda vulnerable

Por Daniel Lee / Corresponsal Nacional

¿Puede un solo hombre concentrar policías, fiscales y flujos de inteligencia sin derivar en el abuso de poder? La historia de México dice que no. Yucatán ha construido un sistema de seguridad que depende de una sola figura, eliminando los pesos y contrapesos necesarios en cualquier Estado de Derecho.

Hoy, la justicia en Yucatán no es un derecho ciudadano; es una concesión del secretario. Mientras la federación y el estado aplauden esta «unificación», la sociedad yucateca queda vulnerable ante un aparato de seguridad que no tiene a nadie que le pida cuentas. El riesgo ya no es teórico; el aparato de seguridad de Yucatán se ha convertido en un estado dentro del estado.

Sí estimado lector, Yucatán vive un espejismo. Mientras la narrativa oficial presume una «paz» inquebrantable, en las cañerías del poder se ha terminado de gestar una de las concentraciones de mando más peligrosas de la historia moderna del estado.

Alejandro Ríos Covián, hoy delegado de la Fiscalía General de la República (FGR), no fue un simple cambio de oficina, es la entrega definitiva de la última frontera de contrapeso federal a un solo hombre: Luis Felipe Saidén Ojeda.

Investigar, perseguir, detener y juzgar responde a una sola voluntad. Se ha roto el principio básico de la democracia: la división de poderes.

El alfil en la Delegación Federal es Ríos Covián.

Y pongámoslo en perspectiva. La salida de Manuel David Magdón Flores de la FGR, tras señalamientos de corrupción, parecía la oportunidad perfecta para sanear la institución. En su lugar, el gobierno de Joaquín Díaz Mena ha avalado la llegada de Alejandro Ríos Covián, un personaje cuya trayectoria no se entiende sin la sombra de Saidén Ojeda.

Ríos Covián no es un externo; es un operador de larga data que compartió filas con Saidén desde el sexenio de Ivonne Ortega Pacheco. Su llegada garantiza que la Unidad de Investigación Criminal de la FGR —encargada de temas tan sensibles como el huachicol, la trata de personas y el narcomenudeo— no sea un ente fiscalizador, sino un espejo de los intereses de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

El dato duro: Con este movimiento, Saidén Ojeda logra lo que ningún jefe policial en México ha conseguido: un control del 100% de la cadena de mando. Controla la prevención (SSP), la investigación estatal (PEI con Flores Moo), la procuración de justicia local (Fiscalía con el vicefiscal Arturo Cambranis) y, ahora, la persecución de delitos federales (FGR con Ríos Covián).

El pulpo de la seguridad: 85% de control territorial

La influencia de Saidén no es solo burocrática, es geográfico y operativo. Según datos documentados, el secretario de seguridad conserva una red de mandos inamovibles en al menos el 85% de los 106 municipios del estado.

Puntos Estratégicos: En Mérida, Kanasín y Progreso —el triángulo de mayor actividad económica y criminal— los directores de las policías municipales reportan primero a la estructura de Saidén que a sus propios alcaldes.

La Vicefiscalía de Cambranis: La presencia del comandante Arturo Cambranis Herrera como vicefiscal en la Fiscalía General del Estado borra la línea entre quien detiene y quien integra la carpeta. Es un juez y parte institucionalizada.

La sombra de la costa y la impunidad selectiva

La concentración de poder es el caldo de cultivo ideal para la protección de intereses familiares y de grupo. Sobre la mesa vuelven a ponerse los señalamientos de pesca furtiva de especies protegidas (como el pepino de mar y el mero) en la costa yucateca.

Casos emblemáticos, nunca judicializados, vinculan estas redes con Juan Zacarías Dip, consuegro de Saidén Ojeda. Con la FGR ahora bajo el mando de un aliado cercano como Ríos Covián, la posibilidad de que se investiguen redes de delincuencia organizada o delitos ambientales en el litoral yucateco es, prácticamente, nula. La información sensible sobre estos delitos quedará «congelada» en el mismo escritorio que debería perseguirlos.

¿Un Gobernador o un Espectador?

El gobernador Joaquín Díaz Mena ha presentado este nombramiento como un triunfo de la coordinación. Sin embargo, para los analistas, el mensaje es de una debilidad institucional alarmante. Al entregar la FGR a la estructura de Saidén, el Ejecutivo local renuncia a su capacidad de supervisión.

En Yucatán, la pregunta ya no es si el sistema funciona, sino para quién funciona. Las estadísticas de «paz» esconden una realidad de opacidad y falta de rendición de cuentas.

No existen controles externos, no hay auditorías a la Policía Estatal de Investigación (PEI) de Carlos Flores Moo, y ahora, con la FGR capturada, no habrá ojos federales que vigilen los abusos estatales.

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