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Mérida

El «Shoefiti» en Yucatán, señalética del narcomenudeo

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Redacción/Sol Yucatán

​Lo que para muchos podría parecer una travesura juvenil o una simple curiosidad visual, para los habitantes de diversas colonias del Estado representa una advertencia silenciosa.

El fenómeno de los zapatos colgando de los cables de alta tensión, conocido globalmente como «shoefiti», ha cobrado una interpretación específica y alarmante en el contexto yucateco: el marcaje de puntos de venta de droga.

En Yucatán, la interpretación más alarmante es la vinculada a la venta de sustancias ilícitas. En zonas como el municipio de Kanasín y colonias meridanas como Vergel y Juan Pablo II, los tenis suspendidos funcionan como una «señalética clandestina».

​Según informes de seguridad y testimonios de vecinos, estos zapatos marcan la cercanía de una «tiendita» o punto de distribución. El tipo de calzado o el color de las cintas enviaría un mensaje a los consumidores sobre el producto disponible en la zona, atrayendo el tránsito de personas ajenas a la comunidad y actividades sospechosas durante la madrugada.

Más allá del comercio ilícito, el «shoefiti» tiene un lado violento vinculado a la delincuencia juvenil. En muchos casos, colgar los zapatos es el «trofeo» de un asalto. Los delincuentes lanzan el calzado de la víctima a los cables tras el atraco, no solo para dejarla descalza y dificultar su huida, sino como una forma de marcar territorio y humillar públicamente al afectado.

​No obstante, el fenómeno también guarda matices de respeto y celebración, como homenaje póstumo. En ocasiones, los zapatos pertenecen a alguien que falleció en esa calle, sirviendo como un memorial para que su espíritu permanezca cerca.

Esta práctica se suma a la de colocar una bicicleta blanca en los postes de alumbrado cuando un ciclista muere atropellado.

​Para algunos jóvenes, significa el fin de un ciclo, como una graduación, el término del Servicio Militar o incluso ritos antiguos sobre la primera experiencia sexual.

​Independientemente del motivo, autoridades de Protección Civil advierten que esta práctica es una bomba de tiempo. El peso del calzado debilita la tensión de los cables y, especialmente durante la temporada de «nortes» o lluvias, el material puede provocar cortocircuitos, fricción y la caída de líneas activas, poniendo en riesgo la vida de peatones y automovilistas.

​Mientras para unos es arte o memoria, para los habitantes de las colonias más vulnerables de Yucatán ver unos tenis colgados sigue siendo sinónimo de una sola cosa: «venta de drogas».

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