Portada

Secretario de salud posee 600 hectáreas

Published

on

  • Miguel Alberto Alcocer Gamboa consolidó un patrimonio que hoy alcanza hasta 48 millones de pesos, marcado por donaciones familiares, transferencias estratégicas y una expansión territorial acelerada
  • En conjunto, estas propiedades en Yaxcabá suman cerca de 600 hectáreas de tierra, una dimensión que coloca a su propietario en la categoría de gran terrateniente dentro del contexto regional
  • La historia de Alcocer Gamboa no se construye en discursos, sino en escrituras. En folios, en donaciones, en hectáreas que cambian de manos sin pasar por el mercado

Redacción/Sol Yucatán

En los registros del Registro Público de la Propiedad de Yucatán, el nombre de Miguel Alberto Alcocer Gamboa aparece de forma constante a lo largo de distintas décadas. Primero como estudiante, después como profesionista y finalmente como propietario de una extensa red de bienes inmuebles que combinan tierra rural y propiedades urbanas en zonas estratégicas. Lo que en apariencia es una trayectoria patrimonial discreta, en realidad revela un crecimiento sostenido basado no tanto en adquisiciones de mercado, sino en transferencias familiares de alto valor.

Hoy, Miguel Alberto Alcocer Gamboa no es un particular más. Es el actual titular de la Secretaría de Salud de Yucatán, dentro del gobierno encabezado por Joaquín Díaz Mena. Desde esa posición, forma parte del círculo de decisión en uno de los sectores más sensibles del estado: el sistema de salud pública. Sin embargo, su historia patrimonial se construyó mucho antes de su llegada al gabinete.

Sus primeros registros datan de 1993, cuando aún figuraba como estudiante y aparece como copropietario de un predio en la Unidad Morelos de Mérida, adquirido junto a su padre, Miguel Ángel Alcocer Selem, médico cirujano. El valor declarado en ese entonces fue de apenas 14 mil 943 pesos, una cifra que hoy resulta marginal frente al valor actual del suelo en esa zona.

Una década más tarde, en 2003, el patrón se repite bajo otra figura: la donación. Ese año, Alcocer Gamboa y una familiar reciben un predio en la colonia Nuevo Yucatán, una zona urbana consolidada. Paralelamente, se establece un esquema de usufructo vitalicio en otro inmueble de la colonia Morelos, en el que la nuda propiedad queda en manos del propio funcionario y su entorno familiar, mientras que el usufructo permanece en la generación anterior. Este tipo de estructura legal permite transferir activos sin perder el control total sobre ellos, una práctica común en la planificación patrimonial.

Durante varios años, el crecimiento se mantiene dentro de este circuito familiar, hasta que en 2019 ocurre un punto de quiebre. En un solo año, Miguel Alberto Alcocer Gamboa incorpora a su patrimonio extensiones significativas de tierra que cambian por completo la escala de sus activos. A través de donaciones provenientes de un entorno empresarial, se suman a su nombre propiedades en el municipio de Yaxcabá, en el interior del estado.

Uno de estos predios es la finca rústica conocida como Tiholop, con una extensión de más de 353 hectáreas. A esta se añade otro terreno en la misma región, con más de 246 hectáreas adicionales. En conjunto, estas propiedades suman cerca de 600 hectáreas de tierra, una dimensión que coloca a su propietario en la categoría de gran terrateniente dentro del contexto regional.

Ambas propiedades tienen un origen común: fueron transferidas por Uldárico Gamboa Navarrete, identificado como empresario en los documentos oficiales. No se trata de operaciones abiertas de mercado, sino de una transferencia directa de activos de gran escala, lo que sugiere una reorganización patrimonial interna más que una adquisición tradicional.

Ese mismo año, Alcocer Gamboa también refuerza su presencia en Mérida con la adquisición de propiedades urbanas de gran tamaño. Entre ellas destaca un predio de más de mil 100 metros cuadrados y otro en el centro de la ciudad que supera los mil 400 metros cuadrados. Este último, por su ubicación, representa uno de los activos más valiosos de su portafolio, al situarse en una zona donde la plusvalía inmobiliaria ha crecido de forma sostenida en los últimos años.

A diferencia de las tierras rurales, estas propiedades urbanas sí implican operaciones de compraventa, aunque no están desvinculadas de estructuras previas de crédito e hipoteca, lo que revela que los inmuebles ya formaban parte de un circuito financiero antes de su incorporación al patrimonio del actual funcionario.

El valor total de sus propiedades, calculado a partir de precios actuales de mercado, oscila entre los 30 y los 48 millones de pesos. La mayor parte de esta cifra proviene de las tierras en Yaxcabá, cuya extensión y potencial productivo elevan significativamente su valor. A ello se suman los inmuebles urbanos en Mérida, especialmente aquellos ubicados en zonas de alta demanda.

Lo que distingue este caso no es únicamente la magnitud del patrimonio, sino su forma de construcción. A diferencia de otros perfiles donde la acumulación de bienes se da mediante compras sucesivas, aquí el eje central es la transferencia familiar. Donaciones, usufructos y cesiones que permiten consolidar activos sin necesidad de competir en el mercado abierto.

No hay en los documentos evidencia directa de ilegalidad. Las operaciones están debidamente inscritas y formalizadas. Sin embargo, el volumen de activos transferidos en un corto periodo, así como la concentración de tierra en pocas manos, plantea cuestionamientos inevitables sobre los mecanismos que permiten este tipo de acumulación.

En un estado donde la tierra sigue siendo uno de los activos más valiosos, poseer más de 600 hectáreas no es un dato menor. Es una posición de poder territorial. Y cuando esa posición coincide con un cargo público de alto nivel, como la titularidad de la Secretaría de Salud, el análisis deja de ser únicamente patrimonial para abrir la puerta a una discusión más amplia sobre la relación entre poder político y acumulación de riqueza.

La historia de Miguel Alberto Alcocer Gamboa no se construye en discursos, sino en escrituras. En folios, en donaciones, en hectáreas que cambian de manos sin pasar por el mercado. Una historia donde el patrimonio no crece paso a paso, sino que se multiplica de forma abrupta.

Una historia donde la tierra no se compra: se hereda. Y donde el poder no solo se ejerce desde un escritorio, sino también desde el control del territorio.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Salir de la versión móvil