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Robo de diputado federal

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Un tabasqueño como legislador yucateco indígena

*Para arrebatarle el espacio a verdaderos líderes comunitarios mayas que han padecido históricamente la postergación, a Jorge Sánchez Reyes le bastó tramitar un papel para simular un vínculo comunitario en Motul.

José González/ Sol Yucatán

En el teatro de la Cuarta Transformación, la retórica del «pueblo sabio» y la «austeridad republicana» se topa con la realidad tan pronto como los reflectores se apagan y los cargos se reparten. El caso de Jorge Luis Sánchez Reyes, autonombrado “El Gallo”, es el retrato hablado de una clase política que concibe el servicio público no como un compromiso con la ciudadanía, sino como un botín de ambición personal e impunidad burocrática.

Diputado federal por el Distrito 2 de Yucatán. con cabecera en el histórico y postergado puerto de Progreso, Sánchez Reyes representa la quintaesencia del arribismo que el partido oficial ha exportado e impuesto en la península.

La usurpación indígena.

Para entender la voracidad política de “El Gallo”, basta con mirar los cimientos mismos de su llegada al Congreso de la Unión. Oriundo de Huimanguillo, Tabasco, Sánchez Reyes no tuvo empacho en colarse en las listas electorales utilizando una acción afirmativa indígena.

Para arrebatarle el espacio a verdaderos líderes comunitarios mayas que han padecido históricamente la postergación, al «Gallo» le bastó tramitar un papel para simular un vínculo comunitario en Motul que la propia ciudadanía local jamás ha reconocido. Aunque las instituciones electorales hayan dado por buena la carpeta en el papel, en el ámbito ético el estigma es imborrable, se sirvió de la lucha de los pueblos originarios para garantizarse un sueldo parlamentario.

Ese afán desmedido por el hueso no es nuevo. Tras años de escalar en la estructura burocrática de MORENA, Sánchez Reyes encontró en Yucatán la plataforma perfecta para materializar su proyecto personal, sin importar las contradicciones de origen ni el sentir de los habitantes del distrito.

Un congresista invisible, un legislador de adorno

¿Qué le ha dejado la curul del «Gallo” a los pescadores de Progreso, a los ganaderos o a las familias que sufren el abandono en la costa y el interior del estado? La respuesta es tan contundente como desoladora, nada tangible.

Mientras el sector pesquero yucateco atraviesa una de sus peores crisis por el furtivismo y la falta de apoyos reales, su flamante secretario de la Comisión de Pesca, se ha dedicado a cumplir con el expediente mínimo. Un par de exhortos archivados que nadie atiende y la promovida iniciativa para declarar un «Día Nacional» forman el magro inventario de quien prometió mover montañas.

La labor legislativa no puede medirse con discursos vacíos ni con simulaciones en comisiones; se mide en presupuestos reales para Yucatán, algo en lo que el diputado morenista ha sido un cero a la izquierda.

La “Ruta del Gallo” no ha sido más que una campaña permanente de autopromoción en redes sociales, donde cada recorrido genera una ola de indignación y burlas entre los mismos ciudadanos que dicen representar. El pueblo de Progreso y Motul no necesita un diputado que acuda a tomarse la foto con sonrisa ensayada; requiere gestiones reales y posturas firmes frente a la corrupción que hoy salpica a administraciones morenistas en la región, de las cuales Sánchez Reyes guarda un silencio cómplice y conveniente.

La simulación del discurso oficial

El espectáculo lamentable no termina en la parálisis legislativa. La verdadera naturaleza de la autodenominada «4T» queda al desnudo cuando la soberbia sustituye a la diplomacia.

Imposible olvidar aquel episodio en el Salón de Sesiones de San Lázaro, donde, al más puro estilo de la política de barriada, “El Gallo” se quitó el saco para encarar violentamente a legisladores de oposición. Esa es la cara sin máscara de la bancada de MORENA, intolerancia, bravuconería y desprecio por el debate democrático.

A esta conducta se suma la brecha entre la prédica y la práctica. Mientras a los ciudadanos se les pide resignación y «pobreza franciscana», las imágenes que trascienden sobre lujos, como vehículos Tesla, vinculados a su entorno exhiben la verdadera cara del régimen, la austeridad es para el pueblo, el confort y el privilegio, para la nueva nomenclatura en el poder.

Jorge Luis Sánchez Reyes es el síntoma de una patología mayor dentro de Morena. Un personaje impulsado por el oportunismo, la ambición desmedida y la desconexión total con las necesidades de Yucatán.

El Distrito 2 no tiene un representante en la Cámara de Diputados; tiene a un operador político concentrado únicamente en mantener a flote sus aspiraciones personales a costa del erario y del futuro de las familias yucatecas.

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