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¡Renuncia o remoción!

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Fuerte pronunciamiento público de trabajadores de salud

No como acto de venganza.

Como consecuencia de la pérdida de confianza.

Solicitamos una investigación que determine:

Quién conoció las necesidades de personal

Cuándo fueron informadas

Qué medidas fueron tomadas

No queremos explicaciones políticas

Queremos datos.

¿Cuál era la plantilla necesaria para operar el hospital?

¿Cuántas plazas estaban autorizadas y cuántas ocupadas?

¿Cuántas permanecieron vacantes?

¿Cuántos trabajadores renunciaron y cuáles fueron las causas?

¿Cuántos pacientes atiende cada enfermera por turno?

¿Cuál es la plantilla necesaria para cada servicio?

¿Cómo se distribuye el personal entre turnos matutinos, vespertinos, nocturnos y fines de semana?

¿Qué medidas se tomaron cuando el personal advirtió la sobrecarga?

¿Quién decidió que las condiciones existentes eran suficientes para mantener la operación?

Redacción / Sol Yucatán

En un fuerte pronunciamiento, personal de salud exigen la renuncia o la remoción de la actual administración del Hospital O’Horán, una investigación para determinar responsabilidades y garantizar una atención segura en el hospital. Y sentencian: LA SALUD PÚBLICA NO PUEDE ADMINISTRARSE A BASE DE “ECHARLE GANAS” O «PONERSE LA CAMISETA».

Quienes trabajamos en salud conocemos una verdad que ningún discurso puede ocultar: un hospital puede tener edificios modernos, tecnología, quirófanos y cientos de camas, pero si no tiene el personal suficiente para atenderlos, no puede ofrecer la atención que promete. 

Se denunció una realidad concreta: enfermeras y enfermeros atendiendo 12, 14 o más pacientes, servicios de terapia que llegaron a operar con apenas tres o cuatro trabajadores y una plantilla que, ya habían mencionado los propios trabajadores, se había disminuido por la renuncia de más de una centena de personas.

Hasta que los trabajadores tuvieron que salir públicamente a denunciarlo.

Nos preguntamos:

¿Por qué tuvo que llegar el problema a las calles para que apareciera la solución?

Ningún trabajador puede ser obligado moralmente a convertir el sacrificio personal en una política permanente de salud pública.

POR TODO LO ANTERIOR, EXIGIMOS:

PRIMERO. — LA RENUNCIA O REMOCIÓN DE LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN DEL HOSPITAL.

No como acto de venganza.

Como consecuencia de la pérdida de confianza y de la necesidad de determinar si existieron omisiones en la administración y planeación de los recursos humanos.

Solicitamos una investigación que determine:

Quién conoció las necesidades de personal

Cuándo fueron informadas

Qué medidas fueron tomadas

Qué decisiones permitieron mantener la operación bajo esas condiciones, y si existieron omisiones que pudieran haber comprometido la seguridad de pacientes y trabajadores.

Si se acredita responsabilidad, deberán aplicarse las consecuencias administrativas correspondientes, sin importar el nivel jerárquico.

SEGUNDO. — UNA INVESTIGACIÓN FORMAL, INDEPENDIENTE Y TRANSPARENTE.

No queremos explicaciones políticas.

QUEREMOS DATOS.

¿Cuál era la plantilla necesaria para operar el hospital?

¿Cuántas plazas estaban autorizadas y cuántas ocupadas?

¿Cuántas permanecieron vacantes?

¿Cuántos trabajadores renunciaron y cuáles fueron las causas?

¿Cuántos pacientes atiende cada enfermera por turno?

¿Cuál es la plantilla necesaria para cada servicio?

¿Cómo se distribuye el personal entre turnos matutinos, vespertinos, nocturnos y fines de semana?

¿Qué medidas se tomaron cuando el personal advirtió la sobrecarga?

¿Quién decidió que las condiciones existentes eran suficientes para mantener la operación?

TERCERO. — UNA RECTIFICACIÓN PÚBLICA DEL GOBERNADOR Y UN COMPROMISO CON LA SALUD PÚBLICA.

Reconocemos el llamado del Gobernador al compromiso y a defender la institución.

Sin embargo, la vocación y el compromiso del personal no pueden utilizarse para compensar una insuficiente planeación de recursos humanos.

Solicitamos una rectificación pública que deje claro que “ponerse la camiseta” no significa aceptar cargas de trabajo que puedan comprometer la seguridad del paciente ni sustituir las obligaciones de las autoridades en materia de planeación, contratación y organización de los servicios.

Los trabajadores ya demostraron su compromiso.

Ahora corresponde a las autoridades demostrar el suyo.

No pedimos solamente una disculpa.

Pedimos algo más importante: que se rectifique, se garantice y se responda.

CUARTO. — QUE EL NUEVO PERSONAL NO SEA SOLAMENTE UN ANUNCIO: RESULTADOS REALES.

Celebramos cualquier contratación que permita mejorar la atención.

Pero exigimos transparencia:

¿Cuántos trabajadores ya se incorporaron?

¿Cuántos faltan?

¿A qué servicios serán asignados?

¿Qué turnos cubrirán?

¿Cuántos serán destinados a Urgencias?

¿Cuántos a hospitalización?

¿Cuántos cubrirán noches y fines de semana?

Porque los trabajadores anunciados no significan automáticamente trabajadores disponibles junto al paciente en cada turno.

El resultado debe medirse en indicadores concretos.

QUINTO. — GARANTÍAS REALES PARA LA SEGURIDAD DEL PACIENTE Y DEL TRABAJADOR.

Exigimos:

Dotación suficiente de personal

Medicamentos e insumos necesarios

Equipo funcional

Distribución adecuada de cargas de trabajo

Respeto a las funciones profesionales

Mecanismos efectivos para reportar riesgos

Y medidas inmediatas cuando la capacidad operativa de un servicio sea insuficiente.

Porque cuando una persona tiene que atender simultáneamente más pacientes de los que puede vigilar adecuadamente:

EL RIESGO NO TERMINA EN EL TRABAJADOR.

LLEGA AL PACIENTE.

SEXTO. — RESPUESTA POR ESCRITO, CON FECHAS, RESPONSABLES Y ACCIONES CONCRETAS.

Basta de promesas.

Exigimos una respuesta institucional que establezca:

Qué se va a hacer

Quién lo hará

Cuándo se hará y cómo se comprobará que funcionó.

La solución no puede ser únicamente contratar.

Debe ser corregir la causa del problema, prevenir que vuelva a ocurrir y demostrar que la atención es segura.

SÉPTIMO. — GARANTÍAS PARA QUIENES DENUNCIARON.

Ningún trabajador debe ser hostigado, intimidado, señalado o sancionado por advertir, de buena fe, condiciones que puedan representar un riesgo para los pacientes o para el propio personal.

La denuncia de un riesgo sanitario:

NO DEBE CONVERTIRSE EN UNA FALTA LABORAL.

Debe convertirse en una oportunidad para corregirlo.

SEÑOR GOBERNADOR:

Usted nos pidió que “nos pongamos la camiseta”.

LA CAMISETA YA LA TENEMOS PUESTA:

La llevamos puesta cuando faltaron compañeros.

Cuando atendimos más pacientes.

Cuando trabajamos agotados por la carencia de personal e insumos.

Cuando entramos a áreas de riesgo con promesa de base

Cuando dejamos a nuestras familias para que el hospital pudiera seguir funcionando.

Ahora le pedimos a su gobierno que se ponga la camiseta de:

LOS PACIENTES.

LOS TRABAJADORES.

LA SALUD PÚBLICA DE YUCATÁN.

Usted se comprometió públicamente a desempeñar el cargo que el pueblo le confirió y a mirar por el bien y la prosperidad del Estado.

Y esa misma protesta concluye con una frase que hoy adquiere especial significado:

“Y si así no lo hiciere, que la Nación y el Estado me lo demanden.”

Por eso hoy no le pedimos únicamente que nos escuche.

LE PEDIMOS QUE CUMPLA LA QUE SE PUSO AL ASUMIR EL CARGO.

Que garantice personal suficiente.

Que garantice seguridad para los pacientes.

Que garantice condiciones dignas para los trabajadores.

Y que se investigue, sin importar cargos o jerarquías, si existieron omisiones y quién debe responder por ellas.

Porque gobernar no significa pedirle al trabajador que aguante más.

SIGNIFICA EVITAR QUE TENGA QUE HACERLO.

LA CAMISETA YA LA TENEMOS PUESTA.

AHORA QUEREMOS VER LA CAMISETA DE LA SALUD PÚBLICA

.Y si así no se hiciere:

QUE EL PUEBLO SE LO DEMANDE.

Atentamente:

PERSONAL DE SALUD DEL HOSPITAL GENERAL DR. AGUSTÍN O’HORÁN

Por la seguridad del paciente, la dignidad del trabajador y la salud pública de Yucatán

A la Administración del Hospital General Dr. Agustín O’Horán

Al Gobierno del Estado de Yucatán

A las autoridades del IMSS-Bienestar

A la sociedad yucateca

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