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¿Qué se haría con 15 MDP?

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Despilfarro en la opulencia del convoy y la imagen personal

*¿Cuántas vidas no se habrían transformado de verdad?

* Se habrían pagado cientos de cirugías rezagadas

* Se financiarían tratamientos completos de diálisis y hemodiálisis

* Se surtirían recetas de medicamentos oncológicos

Redacción/ Sol Yucatán

La promesa de la llamada «Cuarta Transformación» en Yucatán se pregonaba bajo el estandarte de la austeridad republicana, la humildad institucional y el fin de los privilegios faraónicos. Sin embargo, a ras de suelo —allá donde la realidad no se maquilla con discursos oficiales— el autodenominado “Renacimiento Maya» parece haber quedado reducido a un eslogan hueco, eclipsado por los dispendios de una nueva clase dorada en el poder.

El ejemplo más escandaloso de esta desconexión gubernamental se concentra en un solo dato que lacera la dignidad de cualquier yucateco: los 15 millones de pesos anuales que cuesta a las finanzas públicas el convoy, la logística y los caprichos del gobernador Joaquín Díaz Mena y su esposa, Wendy Méndez Naal.

Mientras las familias humildes de nuestros municipios caminan kilómetros o batallan con un transporte público deficiente, el Ejecutivo estatal y su corte se desplazan en una caravana de vehículos de lujo, protegidos por escoltas, choferes y un séquito cuyo mantenimiento palidece frente a las necesidades reales del estado.

Pero la coronación del exceso recae en el presupuesto personal asignado a la primera dama. Resulta un insulto mayúsculo para la ciudadanía que se destinen millones no solo a camionetas blindadas, sino a sufragar un aparato de vanidad que incluye asistentes personales, coach de imagen, maquillistas, fotógrafos exclusivos y un guardarropa digno de pasarela internacional. ¿De qué transformación hablamos cuando se gobierna con pose de realeza?

La contradicción duele y ofende cuando se contrasta ese dispendio con la precaria realidad de los hospitales públicos en Yucatán.

Con esos 15 millones de pesos despilfarrados en la opulencia del convoy y la imagen personal, ¿Cuántas vidas no se habrían transformado de verdad?

 Se habrían pagado cientos de cirugías rezagadas en listas de espera interminables donde los pacientes pierden la esperanza.

Se financiarían tratamientos completos de diálisis y hemodiálisis para enfermos renales que hoy subastan su patrimonio o claman caridad en la calle porque el sector salud carece de insumos básicos.

Se surtirían recetas de medicamentos oncológicos para niños y adultos que el Estado insiste en ignorar bajo la excusa de la escasez presupuestal.

El «Renacimiento Maya» prometía justicia social, pero en los hechos se ha convertido en el renacimiento de los privilegios de siempre, con otros rostros y otros colores. La frivolidad de gastar millones en la lente perfecta, el vestuario y el lucimiento personal mientras el pueblo paga los platos rotos demuestra que la austeridad en este gobierno solo aplica para el ciudadano de a pie.

Yucatán no necesita gobernantes convertidos en estrellas de alfombra roja que circulan blindados ante la miseria ajena; Yucatán exige sensibilidad, congruencia y recursos públicos volcados en la salud y el bienestar, no en la vanidad del poder.

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