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¿Qué le pasó a Fátima?
CUANDO ENCONTRAR LOS RESTOS NO SIGNIFICA ENCONTRAR LA VERDAD
Desapareció en el 2023 y hallaron sus restos en junio de 2024, en un área que sobrevoló un dron durante el operativo de búsqueda.
La Fiscalía de Yucatán se declara incapaz de determinar si fue víctima de un feminicidio.
En Yucatán, de 2018 a abril de 2026, ocho mujeres con reporte de desaparecidas fueron halladas sin vida, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
Es la segunda mujer cuyo cuerpo –osamentas– es abandonado en Maxcanú.
Por Claudia V. Arriaga Durán.
Fátima Tec Pech regresó a su hogar el 9 de abril de 2026, tras dos años de ausencia. Desapareció el 11 de agosto de 2023, que salió de casa. Entre nostalgia y tristeza, su familia pudo poner un punto final a su búsqueda. La hallaron sin vida y enterraron sus restos óseos en el cementerio de la comunidad maya de Santo Domingo del municipio de Maxcanú, Yucatán. Pudieron despedirla, pero aún queda pendiente la justicia para ella.
Para una familia que pudo tener un cierre y despedir a quien era hija, hermana y tía, inicia otra lucha y resuena otra duda: ¿Qué le pasó a Fátima?
La mamá y el papá de Fátima son mayahablantes, entienden poco español. Ambos dijeron sentirse tranquilos.
Los restos óseos de Fátima, junto con parte de la ropa que vestía el día de su desaparición, fueron hallados en junio de 2024 por unos cazadores, en un monte cercano a Santo Domingo. Un área que sobrevoló un dron durante los operativos de búsqueda.
“Un viernes que mi suegro estaba enfermo y lo llevaron a su cita al hospital, salió Fátima de casa. Nos avisaron unas personas que la vieron caminando hacia (otra comunidad maya) Kochol. Entramos a los montes para ver si la encontrábamos, preguntamos a la gente y llegamos casi a ese pueblo”, relató en entrevista la cuñada de Fátima, Neysi Cauich.
Al no encontrarla, la familia regresó a la comisaría de Santo Domingo y avisó al comisario ejidal de aquel momento. Eran apenas las 9 de la mañana del mismo día que desapareció y ya habían iniciado las acciones de búsqueda para localizarla. No habían pasado tantas horas desde que salió de casa.
La familia desconoce la causa de la muerte de Fátima. No saben si fue víctima de algún delito de tipo sexual o si la asesinaron, en pocas palabras, si fue un feminicidio.
Al no hallarla, acudieron a interponer la denuncia en la agencia de la Fiscalía General del Estado (FGE) en la cabecera municipal de Maxcanú. Inició un operativo de búsqueda que duró, según recordó la familia, poco más de una semana.
A los montes de Maxcanú, por las comisarías de Santo Domingo y Kochol, llegaron policías estatales, municipales, la familia y personas voluntarias que se sumaron. Caminaron kilómetros de maleza. Recordaron que incluso un dron sobrevoló el área en donde hallaron los 33 huesos –restos óseos– de Fátima.
“¿Por qué no la vieron? (…) No la hallaron lejos y el dron llegó hasta allá, nosotros fuimos, pero no la encontramos”, esbozó Neysi.
La búsqueda de la joven fue a medias. Reclamaron que no participó la Guardia Nacional (GN), ni llevaron K9, es decir, perros rastreadores para seguir la pista de Fátima. Los restos óseos de la joven fueron hallados 10 meses después.
Entre nostalgia y tristeza, su familia pudo poner un punto final a su búsqueda. La hallaron sin vida y enterraron sus restos óseos en el cementerio de la comunidad maya de Santo Domingo del municipio de Maxcanú, Yucatán.
Fátima fue diagnosticada con esquizofrenia desde la adolescencia. Llegó hasta el quinto grado de primaria y ya no continuó con sus estudios debido a su condición médica. Tenía tratamiento y en al menos dos ocasiones estuvo internada en el Hospital Psiquiátrico de Yucatán entre tres semanas y un mes para ser estabilizada.
La joven acostumbraba a salir a caminar, pero siempre regresaba y nunca se alejaba. En la comunidad todas las personas la conocían y también avisaban a sus familiares cuando la veían.
Siempre estuvo bajo el cuidado de su mamá, María Pech, quien hoy, vestida con un huipil y con una fotografía de Fátima entre las manos, dijo sentirse tranquila de haberla encontrado. Ya colocó un altar en memoria de su hija, lo adornan unas flores y una vela. Desde el lunes que la enterraron, a diario le reza.
Fátima Tec Pech regresó a su hogar el 9 de abril de 2026, tras dos años de ausencia.
En datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en Yucatán, de 2018 al 9 de abril de 2026, se han hallado a 70 personas sin vida con reporte de desaparición. De dicha cifra, ocho son mujeres y el resto, hombres.
Según la base de datos pública, dos de los cadáveres de mujeres fueron encontrados en Mérida. Uno en Maxcanú —el mismo municipio en el que vivía Fátima—, sin embargo, este podría corresponder al hallazgo del 2018, durante el sexenio del exgobernador de Yucatán, el priísta Rolando Zapata Bello. La mujer, según reveló la FGE, falleció por traumatismo craneoencefálico, se investigó como feminicidio y permanecía en calidad de desconocida.
Las otras mujeres que fueron encontradas sin vida en los municipios de Umán, Valladolid, Tizimín, Huhí y Timucuy.
La familia desconoce la causa de la muerte de Fátima. No saben si fue víctima de algún delito de tipo sexual o si la asesinaron, en pocas palabras, si fue un feminicidio. La FGE les respondió que con los 33 huesos que pertenecían al cuerpo de la mujer, no podían determinar la causa de muerte.
“No dijeron la causa del deceso, que no podían con los restos identificar cuándo murió y qué causas (…) No podíamos creer que eran unos restos, que eran huesos, estaba completamente seco. Se hizo el procedimiento del ADN y nos avisaron que sí era ella”, comentó Neysi.
Neysi también piensa que el tajante «no» de la FGE fue porque su suegro –padre de Fátima–, el señor Cesareo Tec, acudió solo ante las autoridades, un adulto mayor que, además, es mayahablante y entiende muy poco de español. “No puedo exigir más información”, agregó.
A María, la mamá de Fátima, la citaron dos meses después, en agosto, para las pruebas de ADN. Luego de confirmar que los restos óseos correspondían a los de su hija, la familia esperó siete meses para que se los entreguen.
Los escenarios de las causas de la muerte de la mujer, quien ahora tendría 38 años, son muchos. Priorizan recordarla con mucho cariño, cantando y bailando como solía hacer en la casa. De vez en cuando, las dudas regresan a la mente de su cuñada y de una de sus sobrinas. Se preguntan si ella sufrió o si sintió miedo. El regreso de Fátima a su hogar trajo paz para cerrar –parcialmente– un capítulo, pero detrás vinieron más preguntas.
“Ella cantaba, bailaba, era una persona muy buena con sus sobrinos por más que estuviera enojada. Nunca los maltrato. Siempre se acordaba de ellos. Que la recuerden como era, mi hija me dice que piensa que le pasó, cómo sufrió, le digo que piense cómo era antes”, lamentó.
La mamá y el papá de Fátima son mayahablantes, entienden poco español. Ambos dijeron sentirse tranquilos. Sentados en sus hamacas en el interior de su hogar: una casa maya tradicional con techo de guano, se mostraban satisfechos con tener a su hija de regreso.
Clara Gutiérrez, la fundadora de la Colectiva de Familias Buscadoras de Yucatán, fue a visitar a la familia y le entregó esta réplica en tercera dimensión, que busca ocupar la ausencia del vacío que deja una persona desaparecida.
“Aquí está la foto de su hija, se la voy a dejar para que usted la tenga de recuerdo”, pronunció entre lágrimas.
Doña María prendió la vela del altar y colocó la fotografía de su hija junto a la figura impresa con la ficha de búsqueda de ella. La Colectiva de Familias Buscadoras de Yucatán son las primeras en México en tener fichas de búsqueda en figuras de resina con un código NFC que despliega la ficha de búsqueda al contacto al celular. El objetivo es que las personas puedan comprender que las y los desaparecidos continúan ocupando un lugar en el espacio físico.
Tras el hallazgo de Fátima, la familia asumió todos los gastos de los traslados para recuperar los restos. Viajaron de Santo Domingo a la agencia de la FGE de Maxcanú y, una vez que obtuvieron los documentos para reclamar sus restos, se movilizaron hasta la sede en Mérida, una distancia de poco más de 79 kilómetros, dos horas aproximadamente de camino.
Al igual que casi todos los casos de familiares de personas desaparecidas en Yucatán, no son parte del Registro Estatal de Atención a Víctimas. Aquí, según las leyes en materia de desaparición y de víctimas, es obligación de la FGE y también de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Yucatán (CBPY), orientar a las personas de cuáles son sus derechos y a qué apoyos pueden acceder.
En este caso, a nivel local y nacional, la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) tiene los fondos económicos para asumir gastos funerarios y los traslados, además de cubrir el servicio funerario.
La CEEAV tiene que “orientar a las víctimas para facilitar su acceso a las medidas de ayuda inmediata, de asistencia, de atención y de reparación integral”, tal como suscribe el artículo 22 de la Ley de Atención a Víctimas del Estado de Yucatán. Dicho que no se cumple en la práctica.
Prevención para evitar la desaparición
El director del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD), Edgar Cortés, advirtió que las Comisiones de Búsqueda en el país pueden trabajar en estrategias de prevención frente a esta crisis. Tienen la responsabilidad de la coordinación con otras autoridades para buscar y, además, pueden empoderar a las familias en sus derechos.
“Falta que las comisiones de búsqueda se asuman como la institución que tiene que buscar a las personas, pero también como la que tiene que buscar la coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública y las fiscalías, se ha logrado con estados que han hecho planes de búsqueda, como fue el caso de Coahuila”, expresó.
Un ejemplo es el caso del estado de Coahuila –citado antes–, en donde se calendarizaron las búsquedas para el primer semestre del año en conjunto con las colectivas.
“Empezaron a planear el número de búsquedas. Se presentó un calendario de búsquedas para el primer semestre que está hecho con las peticiones de los colectivos y está bien porque ayuda a ver que uno pidió 50 y otro dos, puedes ver el desequilibrio y apoyar tanto a colectivos como a familias que piden apoyo en las búsquedas”, relató.
Además, se debe trabajar desde el análisis del contexto para cada búsqueda. A partir de la memoria histórica de áreas en las que se cree que existen indicios o pistas de personas desaparecidas. Edgar reiteró que no es necesario que sean áreas en las que ya se hayan hecho búsquedas antes.
Sin embargo, el sistema aún enfrenta el doloroso vacío de la impunidad, como lo ilustra el caso de Fátima, una mujer maya cuya localización, marcada por un cráneo fracturado, no trajo consigo el esclarecimiento de los hechos.
El regreso de una persona desaparecida a su hogar, aunque sea para un despido digno, evidencia la falla sistémica cuando el Estado no puede determinar si se trató de un feminicidio o un acto de violencia generalizada. Para muchas familias, como la de Fátima, la ausencia de respuestas claras significa que, aunque la búsqueda física termine, la justicia sigue siendo una asignatura pendiente.